Indicadores comerciales muestran recuperación débil y dispar durante 2025 argentino
El comportamiento del consumo interno volvió a ubicarse en el centro del debate económico en Argentina tras conocerse los datos de cierre de 2025. A pesar de que durante gran parte del año se registraron señales de desaceleración inflacionaria y cierta estabilidad macroeconómica, los principales canales de comercialización mostraron resultados heterogéneos que reavivaron las dudas sobre la solidez de la recuperación del poder adquisitivo y su impacto real en la actividad económica.
Las estadísticas oficiales indican que el consumo masivo aún enfrenta dificultades estructurales para consolidar una tendencia de crecimiento sostenido. En el caso de los supermercados, las ventas medidas a precios constantes registraron caídas interanuales en algunos meses clave del último trimestre, reflejando que el alivio inflacionario no se tradujo de manera inmediata en una mejora del volumen de compras por parte de los hogares.
Si bien el acumulado anual evidenció una leve expansión real respecto a 2024, el desempeño mensual hacia el final del año encendió señales de alerta en el sector, especialmente ante el estancamiento del proceso de desinflación que había generado expectativas de recuperación en el consumo durante los meses previos.
Supermercados: consumo cotidiano bajo presión
El canal supermercadista, considerado el principal termómetro del consumo cotidiano, reflejó un escenario de márgenes ajustados y rentabilidad limitada. El aumento de costos operativos, sumado a incrementos salariales y logísticos, impactó directamente en la estructura financiera de las cadenas comerciales.
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En este contexto, el crecimiento anual cercano al 2% en términos reales observado en 2025 resulta insuficiente para compensar las pérdidas acumuladas durante períodos anteriores de contracción económica.
Además, el comportamiento del gasto mostró una marcada selectividad por parte de los consumidores. Mientras ciertos rubros vinculados a alimentos frescos registraron aumentos nominales significativos —como carnes, frutas o comidas preparadas— otros segmentos esenciales, como lácteos, bebidas y productos de almacén, crecieron por debajo del nivel general de inflación, lo que evidencia una reducción en el consumo real.
Este patrón sugiere que las familias priorizaron productos básicos y ajustaron sus hábitos de compra frente a un escenario de ingresos todavía deteriorados, reforzando la tendencia hacia decisiones de consumo más cautelosas.
Mayoristas y autoservicios: retroceso en el volumen de ventas
El impacto de la pérdida de poder adquisitivo fue aún más evidente en el canal mayorista, donde las ventas registraron una caída real superior al 6% durante el año.
Este segmento, que suele captar a consumidores en búsqueda de precios más competitivos mediante compras en volumen, no logró sostener el nivel de actividad esperado, lo que pone de manifiesto el debilitamiento de la demanda interna incluso en formatos tradicionalmente asociados al ahorro.
No obstante, el cierre del año mostró una leve mejora mensual que alimenta expectativas moderadas de recuperación para 2026, aunque analistas advierten que la evolución dependerá en gran medida del comportamiento de variables como los salarios reales, el acceso al crédito y la estabilidad de los precios.
Shoppings: desempeño más favorable pero condicionado
A diferencia de los supermercados, los centros comerciales exhibieron un desempeño relativamente más dinámico en determinados segmentos. Las ventas anuales en shoppings mostraron una mejora real superior al 3%, impulsada principalmente por rubros asociados al consumo discrecional, como indumentaria, artículos deportivos y gastronomía.
Dentro de estos complejos, el rubro de ropa y calzado concentró cerca del 43% del total de las ventas, seguido por los patios de comida y los locales de alimentos, lo que evidencia la relevancia de las actividades recreativas y estacionales en la reactivación parcial del consumo.
Sin embargo, este crecimiento estuvo fuertemente vinculado a eventos promocionales, fechas especiales y facilidades de financiamiento, más que a una recuperación estructural del ingreso disponible de los hogares.
Electrodomésticos y bienes durables: recuperación impulsada por el crédito
El mercado de electrodomésticos y artículos para el hogar también registró variaciones interanuales positivas en algunos segmentos durante el último trimestre del año. Este comportamiento estuvo parcialmente asociado a políticas comerciales orientadas a incentivar el consumo mediante promociones y planes de pago en cuotas.
Aun así, la mejora en la comercialización de bienes durables no logró compensar la debilidad persistente del consumo masivo, lo que pone en evidencia una brecha creciente entre el gasto destinado a productos esenciales y aquel orientado a bienes de mayor valor.
De hecho, la evolución reciente del consumo revela que las eventuales mejoras en el ingreso real podrían destinarse inicialmente al pago de deudas acumuladas, antes que a la adquisición de nuevos bienes, limitando así el impacto inmediato sobre la demanda agregada.
De cara al próximo año, el principal interrogante radica en la velocidad con la que la estabilización macroeconómica pueda traducirse en una mejora efectiva del poder adquisitivo. La masa salarial, considerada uno de los indicadores clave para anticipar el comportamiento del consumo, continuará siendo determinante en este proceso.
Al mismo tiempo, el incremento de los gastos fijos y el peso de las obligaciones financieras sobre los ingresos familiares podrían limitar la capacidad de expansión del gasto privado. Actualmente, el pago de cuotas de crédito representa más de una cuarta parte de la masa salarial, mientras que los gastos estructurales absorben una proporción creciente del presupuesto de los hogares.
En este escenario, el consumo de bienes durables podría perder dinamismo tras haber actuado como amortiguador de la caída económica en etapas previas, generando un panorama de crecimiento moderado y desigual entre distintos sectores comerciales.
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El cierre de 2025 dejó en evidencia un patrón de consumo fragmentado, caracterizado por mejoras puntuales en determinados canales y persistentes debilidades en otros. La coexistencia de indicadores positivos y negativos refleja una transición económica en la que la estabilidad de precios aún no logra traducirse plenamente en una recuperación del bienestar de los hogares.
El desempeño del consumo interno durante los próximos meses dependerá de factores estructurales como la evolución del empleo, la recomposición salarial y la disponibilidad de financiamiento accesible. Hasta entonces, supermercados, shoppings y comercios de electrodomésticos continuarán operando en un entorno de alta incertidumbre, donde las decisiones de compra seguirán marcadas por la prudencia.
Fuente: Cronista


