El impacto de la sequía en el agro uruguayo y las preocupaciones para 2025
La amenaza de una nueva sequía en Uruguay mantiene en alerta al sector agropecuario, que ya enfrenta serios problemas debido a la escasez de lluvias en los últimos meses. La posible llegada del fenómeno climático La Niña agrava aún más la situación, dejando al agro en una posición vulnerable justo al inicio del año.
A pesar de las lluvias esporádicas registradas en algunas regiones durante el último fin de semana, las precipitaciones han sido insuficientes para mitigar los efectos de la sequía prolongada. Según los pronósticos meteorológicos, las lluvias acumuladas en los próximos días serán limitadas, con máximos de 60 mm en zonas como Artigas, mientras que en el sur del país se esperan montos inferiores a 10 mm.
Estos niveles de precipitación están muy por debajo de los requerimientos para compensar la evaporación, que en el verano meteorológico alcanza valores promedio de 430 mm. Este déficit hídrico compromete no solo la producción agrícola, sino también la ganadera y lechera, sectores que dependen en gran medida de la disponibilidad de agua para mantener sus operaciones.
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Los productores ganaderos y lecheros son algunos de los más afectados por la falta de lluvias. Ramiro Lema, un productor lechero de Canelones, expresó su preocupación por el deterioro de las pasturas y la consecuente falta de alimento para el ganado.
“La falta de agua se ha acentuado en las últimas semanas, secando las pasturas y dificultando el rebrote. Esto afecta directamente la producción de leche que remitimos a la industria”, explicó Lema. Aunque el sector aún no se encuentra en una crisis total, las reservas de alimento comienzan a agotarse, lo que podría derivar en mayores costos operativos y menores rendimientos a corto plazo.
Además, la situación no es nueva para los productores, quienes ya vienen arrastrando problemas de déficit hídrico desde años anteriores. Según Lema, aunque la primavera pasada presentó un buen nivel de lluvias, el verano ha sido particularmente seco, complicando aún más el panorama.
Impacto en la horticultura y el mercado de alimentos
El sector hortícola también se encuentra en una posición delicada. Alejandra Pallante, ingeniera agrónoma y asistente técnica de la Unidad Agroalimentaria Metropolitana (UAM), advirtió sobre los efectos de la sequía en cultivos como la espinaca, el tomate y el morrón.
“La falta de lluvias en la zona sur del país está causando que muchos cultivos de hoja se quemen en el campo, lo que reduce tanto la calidad como la oferta de estos productos”, señaló Pallante. Además, los cultivos de frutas, como la sandía en Rivera, también están siendo afectados, con plantas que sufren por la exposición al sol y el calor extremo.
Estos problemas no solo impactan a los agricultores, sino también a los consumidores, quienes enfrentan un aumento en los precios de frutas y verduras, así como una disminución en la calidad de los productos disponibles en el mercado.
La posible llegada del fenómeno climático La Niña añade una capa de incertidumbre al ya complicado panorama. Este fenómeno, que se caracteriza por un enfriamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico, suele estar asociado con condiciones de sequía en el sur de América Latina, incluyendo Uruguay.
Si bien los efectos de La Niña no son inmediatos, su presencia podría prolongar el déficit hídrico durante los próximos meses, afectando las campañas agrícolas de verano y otoño. Cultivos como la soja, el maíz y el arroz, que dependen de un suministro constante de agua, podrían registrar pérdidas significativas si las lluvias no se normalizan en el corto plazo.
Frente a esta situación, los productores y las autoridades deben trabajar en conjunto para mitigar los efectos de la sequía y garantizar la sostenibilidad del sector agropecuario. Algunas de las medidas que se podrían implementar incluyen:
Gestión eficiente del agua: Promover el uso de sistemas de riego más eficientes y la construcción de reservorios para almacenar agua en épocas de lluvias.
Asistencia técnica y financiera: Proveer apoyo técnico y financiero a los pequeños y medianos productores para que puedan enfrentar los costos adicionales asociados con la sequía.
Diversificación de cultivos: Fomentar la diversificación de cultivos como una estrategia para reducir la dependencia de aquellos más vulnerables a la falta de agua.
Monitoreo climático: Fortalecer los sistemas de monitoreo climático para anticipar fenómenos como La Niña y planificar acciones preventivas.
La sequía actual pone de manifiesto la vulnerabilidad estructural del agro uruguayo frente a los cambios climáticos. Si bien el sector ha demostrado resiliencia en el pasado, las condiciones actuales exigen un enfoque más integral y proactivo para garantizar su sostenibilidad a largo plazo.
En este sentido, es fundamental que tanto el gobierno como los actores privados trabajen en conjunto para desarrollar políticas y estrategias que no solo aborden la crisis actual, sino que también preparen al país para enfrentar futuros desafíos climáticos.
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El agro uruguayo enfrenta uno de sus mayores desafíos con la amenaza de una nueva sequía. La falta de lluvias, combinada con la posible llegada de La Niña, pone en riesgo no solo la producción agrícola y ganadera, sino también la estabilidad económica de miles de familias que dependen de este sector.
Si bien las soluciones a corto plazo pueden mitigar algunos de los efectos más inmediatos, es crucial adoptar un enfoque a largo plazo que permita al sector adaptarse a un clima cada vez más impredecible. Solo así será posible garantizar la sostenibilidad y el desarrollo del agro uruguayo en los años venideros.

