El comercio uruguayo enfrenta señales de desaceleración y desafíos externos
El comercio y los servicios en Uruguay atraviesan una coyuntura particular: los indicadores aún muestran crecimiento, pero cada vez con menos fuerza. En el segundo trimestre del año, las ventas reales del sector aumentaron un 2,2%, alcanzando así seis trimestres consecutivos en terreno positivo. Sin embargo, detrás de este dato alentador, emergen signos de alerta que preocupan a empresarios y analistas.
La Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay (CCSU) fue la encargada de difundir este panorama. Según su último informe, el sector continúa expandiéndose, aunque con un “menor impulso” en comparación con períodos previos. La entidad advierte que el crecimiento ya no es tan generalizado, pues varía en función de los rubros, el tamaño de las empresas y las regiones del país.
Crecimiento sostenido, pero con menos fuerza
En números, el 2,2% registrado entre abril y junio refleja un avance. Sin embargo, cuando se compara con los trimestres anteriores, queda en evidencia que el dinamismo se está moderando.
La economista Ana Laura Fernández, asesora de la gremial, explicó en entrevistas recientes que el arranque de 2025 estuvo beneficiado por el empuje del turismo en temporada alta. Esa inyección inicial se diluyó con el paso de los meses, dejando al comercio en una senda más débil.
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“Estamos ante un escenario menos dinámico que condiciona las expectativas empresariales. Los comerciantes no son tan optimistas hacia adelante, lo cual es coherente con la desaceleración general de la economía”, sostuvo Fernández.
Este freno se inserta en un contexto más amplio: la economía uruguaya en su conjunto está creciendo a un ritmo más bajo, en paralelo con la incertidumbre global que golpea al comercio internacional.
Realidades diferentes según la región
El análisis por zonas muestra contrastes significativos. Mientras en Montevideo y otras regiones hubo avances moderados, en el litoral del país y en la zona centro se verificaron caídas en las ventas.
La explicación remite al llamado “Efecto Argentina”, un fenómeno que marcó con fuerza al comercio fronterizo en los últimos años.
En 2023, con un tipo de cambio muy favorable del lado argentino, miles de uruguayos cruzaban la frontera para abastecerse de productos más baratos. Eso significó un golpe durísimo para los comercios uruguayos.
En 2024, tras la devaluación impulsada por el gobierno de Javier Milei, se produjo el efecto inverso: los uruguayos dejaron de cruzar y el comercio local vivió un repunte abrupto.
En 2025, ese boom comenzó a normalizarse. Según Fernández, hoy la zona del litoral experimenta una caída, pero atribuible a un reacomodamiento tras los niveles extraordinarios del año anterior.
Este comportamiento demuestra lo vulnerable que puede resultar el comercio uruguayo ante los vaivenes cambiarios de su vecino más cercano.
El factor Temu: un nuevo desafío digital
Más allá de la coyuntura regional, el comercio uruguayo enfrenta un competidor global inesperado: la plataforma china Temu. Su irrupción en el mercado local, con precios agresivos y entregas directas al consumidor, ya está generando efectos medibles.
Según estimaciones de la CCSU, las compras en Temu implican una pérdida mensual de unos 15 millones de dólares para el comercio interno. Los rubros más golpeados son los de indumentaria, calzado, juguetes y artículos para el hogar, categorías que tradicionalmente constituyen la base de las ventas minoristas en Uruguay.
Fernández advirtió que este fenómeno no es la única causa de los problemas que atraviesa el sector, pero sí un factor adicional que agrava la situación:
“El efecto de las franquicias aduaneras que permiten compras en plataformas internacionales se suma a un escenario ya complejo. No estaba presente hace un año y hoy es un motivo real de preocupación”.
Expectativas moderadas para la segunda mitad del año
La CCSU sostiene que los próximos meses serán más desafiantes. El clima de negocios refleja una caída en la confianza empresarial, producto de la desaceleración de la economía local y de la volatilidad global.
Los comerciantes ven con incertidumbre la segunda mitad de 2025. Aunque algunos rubros pueden sostener el crecimiento, otros muestran señales de estancamiento o retroceso. El panorama incluye factores internos, como la pérdida de dinamismo en el consumo, y externos, como la competencia digital y los cambios en el comercio fronterizo.
El comercio y los servicios representan uno de los motores más importantes de la economía uruguaya, tanto por su aporte al PIB como por la cantidad de empleos que genera. Por eso, las señales de desaceleración en este rubro funcionan como un termómetro del estado general de la economía nacional.
Los datos muestran que:
El crecimiento existe, pero a un ritmo más bajo.
No todas las regiones ni rubros avanzan de igual manera.
Las expectativas empresariales son menos optimistas que en trimestres anteriores.
Nuevos competidores digitales como Temu están reconfigurando el escenario de consumo.
De mantenerse esta tendencia, el desafío será doble: sostener la competitividad del comercio local y, al mismo tiempo, adaptarse a un mercado cada vez más globalizado y digital.
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El comercio uruguayo vive un momento de contrastes: aún muestra crecimiento, pero lo hace con menos vigor. Los factores externos —como la normalización del “Efecto Argentina” y la irrupción de Temu— se suman a una economía local que pierde velocidad.
El sector no enfrenta una crisis inmediata, pero sí un contexto donde abundan las “luces amarillas”. La capacidad de adaptación de los comerciantes, la respuesta de las políticas públicas y la estrategia frente a la digitalización serán claves para definir si esta desaceleración se convierte en un bache pasajero o en un problema estructural.

