Alarmante brecha territorial en el desempleo según el último informe del INE
La realidad laboral en Uruguay exhibe una clara fragmentación territorial que deja al descubierto importantes desigualdades entre los distintos departamentos del país. Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes al trimestre móvil de febrero a abril de 2025, seis departamentos presentan tasas de desempleo superiores al 10%, lo que evidencia desafíos estructurales en el mercado de trabajo fuera de los principales centros urbanos.
El informe técnico «Mercado de trabajo por área geográfica de residencia» confirma que, si bien el promedio nacional se mantiene en cifras moderadas, determinadas zonas del interior sufren un deterioro preocupante de sus indicadores laborales. La diferencia entre la tasa de desempleo más baja y la más alta del país supera los 12 puntos porcentuales, lo que refleja una disparidad que no puede ignorarse.
Trece puntos de diferencia entre extremos: Un país con realidades laborales paralelas
El departamento con la tasa de desempleo más elevada es Treinta y Tres, que alcanza un alarmante 16,6%, más del doble del promedio nacional y casi cuatro veces más que Maldonado, que registra el desempleo más bajo con un 4,6%. Le siguen Río Negro (13,4%), Salto (13,0%), Artigas (12,0%), Durazno (11,4%) y Lavalleja (10,7%). Todos estos departamentos están por encima de los dos dígitos, lo que significa que más de una de cada diez personas económicamente activas se encuentra sin trabajo.
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En contraposición, otros seis departamentos se ubican con tasas considerablemente menores. Maldonado lidera con la cifra más baja (4,6%), seguido por Cerro Largo (5,0%), San José (5,8%), Flores (6,1%), Montevideo (7,1%) y Rocha (7,6%). Esta marcada diferencia en las tasas evidencia un mercado laboral fragmentado, donde las oportunidades no están distribuidas de manera equitativa.
Treinta y tres: Foco de alerta
El caso de Treinta y Tres merece particular atención, no solo por su alta tasa de desempleo, sino también porque registra la peor tasa de empleo (46,2%) y la más baja tasa de actividad (55,4%). Esto sugiere que una parte significativa de su población en edad de trabajar no solo se encuentra sin empleo, sino que también está fuera del mercado laboral, posiblemente desmotivada por la falta de oportunidades o migrando hacia otras zonas en busca de empleo.
La situación de Treinta y Tres puede atribuirse a múltiples factores, entre ellos una matriz productiva poco diversificada, escasa inversión privada y una conectividad limitada que dificulta la atracción de nuevas actividades económicas. Esta combinación puede generar un círculo vicioso de desempleo estructural que requiere políticas específicas de desarrollo territorial para revertirse.
Maldonado y Soriano: desempeño positivo
En el otro extremo del espectro se encuentran Maldonado y Soriano, que reflejan contextos más favorables. Maldonado lidera no solo por su baja tasa de desempleo, sino también por presentar la mejor tasa de empleo del país (66,0%). El dinamismo económico que representa el sector turístico en esta zona es probablemente uno de los factores que sostiene esta buena performance, especialmente en meses cercanos a la temporada alta.
Por su parte, Soriano encabeza el ranking de participación laboral con una tasa de actividad del 69,7%, lo que implica una población activa comprometida con el mercado de trabajo, probablemente impulsada por sectores como la agroindustria y la manufactura.
Informalidad: Un fenómeno persistente en la frontera
Más allá del desempleo, el informe del INE también arroja luz sobre otro problema estructural del mercado laboral uruguayo: la informalidad. Los datos muestran que tres departamentos fronterizos con Brasil lideran en esta materia, con niveles preocupantes: Cerro Largo (47,7%), Rivera (42,2%) y Artigas (41,2%). Este fenómeno podría estar vinculado con la volatilidad del tipo de cambio en la frontera, en este caso con un real brasileño debilitado, lo que golpea a los comercios formales y empuja a muchas personas al trabajo informal.
La informalidad no solo afecta la estabilidad del trabajador y sus ingresos, sino que también limita el acceso a derechos laborales y a la protección social, al tiempo que erosiona la base contributiva del Estado. Resolver este problema implica políticas integradas que combinen incentivos para la formalización con mejoras en el acceso al crédito, la capacitación y la tecnología.
Flores: el modelo a seguir en formalidad
En contraste, el departamento de Flores se consolida nuevamente como el más formalizado del país, con apenas un 14,8% de informalidad. Incluso supera a Montevideo, que históricamente ha sido un referente en términos de formalización laboral y que ahora presenta un nivel de informalidad del 15,3%. Esta posición de liderazgo de Flores, un departamento de escala pequeña, demuestra que es posible avanzar en la reducción del trabajo informal con políticas adecuadas de articulación entre el sector público y privado.
El mapa laboral que traza este informe del INE obliga a pensar en estrategias de desarrollo y empleo con un fuerte componente territorial. La concentración de oportunidades en determinadas zonas y la ausencia de empleo de calidad en otras refuerzan procesos migratorios internos, pérdida de capital humano y desequilibrios sociales.
Uruguay ha avanzado en políticas laborales a nivel nacional, pero estos datos sugieren la necesidad de una intervención más focalizada en los departamentos críticos. Incentivos fiscales para la radicación de empresas, fortalecimiento de la educación técnica en el interior, desarrollo de infraestructura y programas de empleo juvenil podrían ser claves para revertir la situación.
Además, la promoción de la economía social y cooperativa, especialmente en zonas con altos niveles de desempleo, podría contribuir a generar empleo sostenible, basado en el arraigo territorial y en modelos productivos adaptados a las realidades locales.
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El informe del INE refleja una fotografía clara y preocupante: la recuperación del empleo en Uruguay no se distribuye de manera homogénea. Mientras algunas regiones disfrutan de pleno empleo y baja informalidad, otras luchan con tasas que duplican o triplican esos valores. Esta asimetría evidencia la necesidad de diseñar políticas laborales más descentralizadas, con enfoque regional y articuladas con otras dimensiones del desarrollo, como la educación, el transporte y la innovación productiva.
Atender estas disparidades es urgente no solo para reducir el desempleo, sino también para construir un país más equilibrado, inclusivo y resiliente. La meta no puede ser solo bajar el promedio nacional, sino cerrar la brecha que existe entre los departamentos que avanzan y aquellos que se están quedando atrás.

