¿Por qué Perú aún no tiene un unicornio?
En un contexto global dominado por la aceleración tecnológica, la expansión de la inteligencia artificial y la profunda transformación del sistema financiero, una interrogante comienza a resonar con fuerza en el ecosistema emprendedor: ¿por qué Perú, siendo un país con una alta tasa de emprendimiento, aún no ha logrado crear un unicornio?
La pregunta no es menor. Países con economías comparables o incluso más pequeñas ya cuentan con startups valorizadas en más de mil millones de dólares. Sin embargo, el caso peruano sigue siendo una asignatura pendiente. La respuesta, según algunos referentes del ecosistema, podría no encontrarse en el camino tradicional del emprendimiento, sino en un modelo distinto: la innovación abierta desde la banca y las grandes corporaciones.
Una provocación que abre el debate
Durante el Latam Epayment Summit 2025, uno de los encuentros más relevantes del sector financiero y tecnológico en la región, esta reflexión fue puesta sobre la mesa por Juan Martín Garrido, Country Manager de Cubo Uruguay, el hub de innovación abierta impulsado por Itaú, el banco más grande de Latinoamérica.
Su planteamiento fue directo y provocador: ¿y si el primer unicornio peruano no nace desde una startup tradicional, sino desde una institución financiera que adopta la innovación abierta como parte central de su estrategia?
Esta idea invita a repensar el rol de la banca, las corporaciones y las startups en la construcción de empresas escalables y de alto impacto.
Ecosistemas de innovación: el valor está en las personas
Uno de los conceptos clave abordados por Garrido es la forma en que se entiende un ecosistema de innovación. Lejos de reducirlo a un conjunto de plataformas, aplicaciones o soluciones tecnológicas, el ejecutivo enfatizó que el verdadero motor del crecimiento está en las personas, sus relaciones y la confianza que construyen.
En un entorno donde la tecnología avanza a una velocidad sin precedentes, las herramientas cambian, los modelos se transforman y los algoritmos evolucionan, hay un elemento que permanece constante: el vínculo humano.
Según Garrido, ningún unicornio ha surgido de manera aislada. Todas las grandes historias de éxito se apoyan en comunidades sólidas, alianzas estratégicas y redes de colaboración que potencian la visión de los emprendedores.
Startups y crecimiento: nadie llega solo
La narrativa romántica del emprendedor solitario que construye una empresa millonaria desde cero no se sostiene en la práctica. “Las startups no crecen solas”, señaló Garrido durante su intervención.
Los unicornios, explicó, son el resultado de procesos colectivos donde confluyen talento, capital, corporaciones, mentores, clientes y reguladores. La escalabilidad no depende únicamente de una buena idea, sino de la capacidad de integrarse a un ecosistema que acelere su crecimiento.
Esta mirada resulta especialmente relevante para entender por qué el unicornio peruano aún no aparece en el radar global.
Tres modelos globales que explican el éxito
Para contextualizar su visión, Garrido repasó tres grandes referentes internacionales de innovación que ofrecen aprendizajes clave:
Silicon Valley: el ecosistema pionero
Silicon Valley se consolidó como el primer gran polo de innovación al articular de manera eficiente tres elementos fundamentales: capital de riesgo, universidades de primer nivel y una cultura emprendedora orientada al crecimiento exponencial.
Este modelo permitió que las startups no solo nacieran, sino que escalaran rápidamente gracias a un entorno favorable al riesgo y la experimentación.
Israel: innovación como ventaja competitiva
Israel es otro ejemplo paradigmático. A pesar de contar con recursos naturales limitados, el país transformó esta desventaja en una fortaleza mediante una estrategia basada en innovación, educación y colaboración entre el Estado, la academia y el sector privado.
El resultado ha sido un ecosistema altamente dinámico, con startups tecnológicas que compiten a nivel global.
Cubo Itaú: innovación abierta en Latinoamérica
En América Latina, Cubo Itaú representa un modelo distinto pero igualmente poderoso. Se trata de un hub de innovación abierta que conecta startups con grandes corporaciones para resolver problemas reales de negocio.
Este enfoque no busca replicar Silicon Valley, sino adaptar la innovación a las necesidades y particularidades de la región.
Innovación abierta: más acción, menos discurso
Uno de los ejes centrales del planteamiento de Garrido es la innovación abierta como alternativa a los modelos tradicionales de innovación corporativa. Tras más de 15 años de experiencia, sostiene que los esquemas cerrados suelen ser costosos, lentos y poco efectivos.
En contraste, la innovación abierta permite a las empresas enfocarse en su core business y apoyarse en startups especializadas para desarrollar soluciones ágiles, eficientes y orientadas al usuario.
Como recordó citando a Theodore Levitt, economista de Harvard Business School: “La creatividad es pensar nuevas ideas; la innovación es hacerlas realidad”. El verdadero valor no está en idear, sino en ejecutar.
Cubo Itaú: un hub de conexiones estratégicas
A diferencia de una aceleradora tradicional, Cubo Itaú no invierte capital ni actúa como incubadora. Su rol es el de conector estratégico dentro del ecosistema.
La organización funciona como una fundación sin fines de lucro que realiza una curaduría rigurosa de startups tecnológicas con productos validados, tracción comprobada y capacidad de escalar a nivel regional o global.
Actualmente, el ecosistema reúne a más de 500 startups y 70 grandes corporaciones de diversos sectores, generando espacios de vinculación como:
- Programas de innovación abierta
- Rondas de speed dating corporativo
- Plataformas digitales de conexión
- Eventos de networking y colaboración
Este modelo reduce las fricciones entre el mundo corporativo y el emprendedor.
Perú frente a una oportunidad histórica
En este escenario, el ecosistema peruano aparece como un terreno fértil. Según Garrido, el país cuenta con talento, mercado y soluciones tecnológicas que demuestran un potencial real de crecimiento.
Casos como Yape, una solución nacida desde la banca tradicional que logró una adopción masiva y una rápida expansión, evidencian que la innovación no siempre surge desde una startup clásica.
Este tipo de iniciativas refuerza la idea de que el unicornio peruano podría emerger desde una institución financiera que adopte una mentalidad abierta y colaborativa.
La brecha entre banca y fintech
Uno de los principales obstáculos identificados es la falta de entendimiento entre el mundo corporativo y el ecosistema emprendedor. Garrido fue enfático al señalar que banca y fintech suelen verse como enemigos cuando, en realidad, deberían ser aliados estratégicos.
La ausencia de diálogo genera resistencia, ralentiza la innovación y abre la puerta a disrupciones externas que pueden desplazar a los actores tradicionales.
El riesgo de no adaptarse
El ejecutivo citó el caso de Brasil como una advertencia clara. La irrupción de Nubank transformó el mercado financiero, capturando una porción significativa de clientes y dejando fuera del camino a numerosos bancos tradicionales que no supieron adaptarse a tiempo.
Para evitar que este escenario se repita en otros países, es clave que las instituciones financieras se involucren activamente en los espacios de innovación, escuchen al ecosistema y construyan alianzas tempranas.
El rol de los líderes corporativos
Otro punto crítico es la participación de los líderes corporativos. Garrido destacó que los C-level de la banca deberían estar en la primera fila de los eventos de innovación, interactuando con startups y entendiendo las tendencias que están redefiniendo el sector.
La innovación no puede delegarse únicamente a áreas aisladas; debe formar parte de la estrategia central de las organizaciones.
¿Puede la banca crear un unicornio?
La pregunta inicial vuelve a cobrar sentido: ¿puede la banca ser el origen del primer unicornio peruano? La respuesta no es definitiva, pero los indicios sugieren que sí.
Las instituciones financieras cuentan con escala, base de clientes, infraestructura y conocimiento del mercado. Si a ello se suma una estrategia de innovación abierta, colaboración con startups y una cultura orientada al cambio, el potencial es enorme.
Un llamado a la colaboración
Más que competir, el desafío para el ecosistema peruano es colaborar. Startups, banca, corporaciones, reguladores y academia deben construir puentes que permitan acelerar el crecimiento de soluciones tecnológicas con impacto regional.
Solo a través de esta articulación será posible crear las condiciones necesarias para que emerja un unicornio peruano.
El hecho de que Perú aún no tenga un unicornio no responde a la falta de talento ni de ideas, sino a la necesidad de evolucionar los modelos de colaboración e innovación. La innovación abierta, impulsada desde la banca y las grandes corporaciones, aparece como una vía concreta para destrabar este potencial.
El primer unicornio peruano podría no nacer en un garaje, sino en la convergencia entre tecnología, finanzas y colaboración estratégica. El desafío está planteado, y el momento es ahora.


