La inversión privada en Perú se prepara para experimentar su mayor aumento en los últimos 12 años, aunque las perspectivas para 2026 generan inquietudes. Este escenario, que ha llamado la atención de analistas y actores económicos, llega en un momento clave, justo a pocos días del mensaje presidencial, en medio de un contexto de incertidumbre política y económica. La inversión privada ha sido históricamente un pilar fundamental para el crecimiento del país, la generación de empleos de calidad y la reducción de la pobreza. Entre 2004 y 2013, cuando Perú logró reducir la pobreza en casi 4% anual, la inversión privada creció a un ritmo promedio de 13,8% anual, consolidando un período de auge que impulsó el desarrollo social y económico del país. Sin embargo, en los últimos cinco años, dicho crecimiento se ha desacelerado notablemente, alcanzando apenas un 1,9% anual en promedio. Esta tendencia ha sido insuficiente para mantener una reducción sostenida en los niveles de pobreza, evidenciando la necesidad de políticas que fomenten un crecimiento más robusto y sostenido en el sector privado.
Para 2025, se estima que la inversión privada en Perú experimentará un repunte significativo, en línea con las proyecciones del Instituto Peruano de Economía (IPE). En el segundo trimestre del año, la inversión privada habría crecido aproximadamente un 7,5%, logrando seis trimestres consecutivos de expansión. Con esta tendencia, la inversión en la primera mitad del 2025 habría alcanzado un incremento del 8,1%, la tasa más alta en un semestre desde 2013, excluyendo los efectos de la recuperación económica tras la pandemia. Este crecimiento es un indicio positivo de la recuperación del sector, pero también se encuentra condicionado por diversos factores, entre ellos, la incertidumbre que genera el proceso electoral en curso.
El panorama político, marcado por el entorno electoral y las posibles reformas legislativas, podría frenar este impulso. La incertidumbre en torno a decisiones legislativas que podrían afectar la actividad privada, así como la aprobación de iniciativas que desincentiven la inversión, representan una amenaza para mantener este ritmo de crecimiento. En ese sentido, expertos recomiendan aprovechar el potencial de las carteras mineras y de ProInversión, instituciones clave que pueden atraer inversión extranjera y nacional en proyectos de infraestructura y explotación de recursos naturales. Además, consideran que el gobierno, en su último año de mandato, debe centrarse en impulsar acciones que fortalezcan el clima de inversión, evitando medidas que puedan generar una percepción de inseguridad jurídica o fiscal para los inversionistas.
Por otro lado, un ejemplo de las dinámicas del sector privado en el país es la reciente venta de todos los activos en Puerto Rico por parte del Grupo Gloria a la compañía que administra la marca Coca-Cola en ese territorio. Este tipo de movimientos refleja cómo las empresas peruanas están buscando optimizar sus portafolios y aprovechar oportunidades internacionales, lo que también puede tener un impacto positivo en la economía local si se gestionan adecuadamente.
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En conclusión, Perú está en un momento crucial en cuanto a su inversión privada. El crecimiento que se espera en 2025 puede marcar una tendencia positiva, pero la atención debe estar centrada en gestionar la incertidumbre política, promover políticas que incentiven la inversión y aprovechar al máximo los recursos y programas existentes. Solo así será posible consolidar un escenario de crecimiento sostenido que permita reducir la pobreza de manera efectiva y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, especialmente en un contexto donde las perspectivas para 2026 generan dudas y desafíos importantes.
Fuente: Gestión

