Sin embargo, es importante señalar que Fitch también expresó su preocupación por el debilitamiento de la gestión fiscal en Perú, lo que podría llevar a un incumplimiento de los objetivos fiscales establecidos. A pesar de esto, la agencia proyecta que la relación entre la deuda y el Producto Bruto Interno (PBI) permanecerá en niveles relativamente estables, lo que podría ofrecer un alivio a corto plazo en la percepción de riesgo sobre la economía peruana. En este contexto, los analistas de Fitch consideran que la incertidumbre política persiste, lo que limita la posibilidad de una recuperación robusta de la inversión privada. De hecho, prevén que el crecimiento de la inversión se mantenga débil, con proyecciones en torno al 2.5% durante los próximos dos años.
La calificación de ‘BBB’ que Fitch ha otorgado a Perú también se apoya en diversos factores, como una sólida liquidez externa y un historial de estabilidad macroeconómica. Sin embargo, los analistas confirmaron que el entorno de gobernanza y los indicadores sociales son más débiles en comparación con las promedios del ‘BBB’. A pesar de la reducción en la volatilidad política, el panorama sigue siendo frágil. El Gobierno, dirigido por la presidenta Dina Boluarte, ha logrado mantenerse en el poder gracias a su alianza con algunos partidos políticos, lo que podría facilitar que el Congreso y la Presidencia cumplan con sus responsabilidades hasta julio de 2026, siempre y cuando no surjan nuevas tensiones sociales.
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Por otro lado, Fitch anticipa que este año el PBI real experimentará una recuperación del 3%, después de haber sufrido una contracción del 0.6% en 2023, impulsado por la reactivación de sectores clave como la agricultura y la pesca, así como la inclinación del consumo privado y un aumento en la producción de cobre. A pesar de esta recuperación, la inversión privada sigue en declive al inicio de 2024, lo que podría no alinearse con las expectativas de crecimiento. Los analistas proyectan que en el futuro el crecimiento se estabilizará en torno al 2.5%, con el impulso que generarán importantes proyectos de infraestructura. Sin embargo, enfrentan riesgos como la inestabilidad política, eventos climáticos adversos y una desaceleración en la economía global, que podrían alterar estas proyecciones.
Fuente: Forbes

