El cumplimiento del nuevo registro de líneas telefónicas, impulsado por la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ha colocado a los operadores móviles —Telcel, AT&T y Telefónica Movistar— frente a un desafío logístico y financiero sin precedentes. La iniciativa, orientada a erradicar el anonimato en las comunicaciones para combatir delitos como la extorsión y el fraude, traslada la responsabilidad operativa y el resguardo de datos directamente al sector privado.
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Registro de líneas telefónicas genera desafío logístico y financiero
El reto técnico es de magnitudes sistémicas. Con un parque de 160.3 millones de líneas activas al cierre de 2025 y un plazo fatal establecido para el 29 de junio de 2026, los operadores deberán procesar el registro de aproximadamente un millón de líneas diarias.
Ernesto Piedras, director de la consultoría estratégica The Competitive Intelligence Unit (The CIU), califica esta tarea como «monumental y descomunal». El experto cuestiona la decisión de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) de delegar íntegramente esta función de autoridad a las empresas:
«La autoridad delegó el trabajo en los operadores. ¿Por qué no lo hizo la CRT, si es una labor de autoridad? El regulador pudo haber instalado módulos de registro, una página propia y destinar presupuesto específico para esta labor», señaló Piedras.
Impacto financiero y técnico para las empresas
La implementación de este registro obliga a los jugadores tradicionales a realizar inversiones no previstas en:
- Infraestructura de Datos: Ampliación de centros de datos y robustecimiento de la ciberseguridad.
- Desarrollo de Software: Herramientas de validación de identidad y plataformas de registro masivo.
- Capacitación: Formación de personal en puntos de venta para la gestión de trámites.
Para Telcel, que posee una base de 85 millones de usuarios, la presión es particularmente alta, representando casi dos terceras partes del mercado nacional.
El debate sobre el Derecho a la Conectividad
Expertos y organismos civiles han expresado su preocupación sobre las consecuencias de no cumplir con el registro en los tiempos marcados. La suspensión de líneas no registradas podría interpretarse como una vulneración al derecho constitucional de acceso a las tecnologías de la información.
Jorge Bravo, presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI), advierte que «ninguna política debe arriesgar el derecho a la conectividad». Bravo señala que la suspensión masiva de líneas podría derivar en una ola de juicios de amparo. Además, subraya un punto crítico sobre la privacidad: mientras se exige la identificación plena del usuario, los organismos autónomos de protección de datos enfrentan una pérdida de autonomía, dejando la responsabilidad de la privacidad en manos de las propias empresas.
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Durante sus conferencias matutinas, la presidenta Sheinbaum ha enfatizado que las empresas telefónicas son las responsables directas de resguardar la información de sus clientes. No obstante, este modelo de «autorregulación» genera dudas tras las recientes versiones sobre presuntas vulnerabilidades en los portales de registro de algunos operadores.
A medida que se acerca la fecha límite, la industria se mantiene expectante ante una posible ampliación del plazo, mientras los operadores intentan equilibrar la eficiencia del registro con la protección de la privacidad en un entorno de alta fiscalización estatal.
Fuente: EL CEO


