El sector de las telecomunicaciones en México está viviendo uno de sus momentos más determinantes en la última década. Tras años de competir en un entorno de alta concentración de mercado y costos regulatorios elevados, Telefónica ha decidido concretar su salida operativa de México, vendiendo su filial por una cifra cercana a los 450 millones de dólares.
Este movimiento, lejos de ser una retirada abrupta, es la culminación de un plan de reestructuración global que busca priorizar mercados más rentables y menos complejos para la firma española. Sin embargo, para los millones de usuarios que hoy portan una línea de Movistar, surgen interrogantes fundamentales: ¿Quién es el nuevo dueño? ¿Se perderá la señal? ¿Qué pasará con los planes contratados?
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¿Quién compró Movistar México?
La venta de la filial de Telefónica en México ha sido acordada con el gigante de las telecomunicaciones Millicom, que opera bajo la reconocida marca Tigo. Aunque para muchos mexicanos este nombre es nuevo, Millicom tiene una presencia dominante en gran parte de Latinoamérica y África, siendo un actor clave en mercados como Colombia, Guatemala, Honduras y Paraguay.
La adquisición por 450 millones de dólares representa para Millicom la oportunidad de entrar por la puerta grande a la segunda economía más importante de la región. Su estrategia no parece ser la de un operador tradicional, sino la de una empresa que busca la convergencia digital, integrando servicios móviles con soluciones de banda ancha fija y televisión por cable, áreas donde Telefónica tenía una presencia limitada en México.
Para entender la salida de Telefónica, es necesario analizar las barreras estructurales que enfrentó durante sus más de 20 años en el país. A pesar de contar con una base de clientes leales, tres factores fueron determinantes para esta decisión:
El costo excesivo del espectro: México es conocido por tener uno de los costos de derechos por uso de espectro radioeléctrico más caros del mundo. Para un operador que no es el dominante, estos pagos anuales hacían que la rentabilidad fuera casi inexistente.
La hegemonía de América Móvil: A pesar de las leyes de preponderancia, el control de mercado de Telcel sigue superando el 60% de los usuarios. Competir contra esta escala requiere inversiones en infraestructura que Telefónica prefirió redireccionar hacia sus mercados «core» (Brasil, España, Alemania y Reino Unido).
Transición a Operador Virtual (OMV): Años antes de la venta, Telefónica ya había devuelto sus frecuencias al Estado y migrado todo su tráfico a la red de AT&T. Este modelo de «compartición de red» la convirtió técnicamente en un operador móvil virtual gigante, facilitando la transición y venta final de la base de clientes.
La mayor preocupación de los consumidores es la continuidad del servicio. La respuesta corta es: no habrá interrupciones. El proceso de transición está diseñado para ser invisible para el usuario final.
Continuidad de contratos y tarifas
Los contratos vigentes, tanto en planes de renta (pospago) como en prepago, mantienen su validez legal. El nuevo propietario, Millicom, hereda las obligaciones contractuales de Telefónica. Esto significa que los usuarios no verán cambios en sus rentas mensuales, gigas de navegación o minutos incluidos, al menos durante la vigencia de sus contratos actuales.
Dado que Movistar ya operaba bajo la infraestructura de AT&T mediante un acuerdo de compartición de red firmado en 2019, la calidad de la señal no debería verse afectada. Millicom mantendrá estos acuerdos operativos, asegurando que los usuarios sigan disfrutando de la cobertura nacional y la red 4G/5G que han utilizado hasta ahora.
Es altamente probable que, tras un periodo de transición de marca (co-branding), la marca Movistar desaparezca gradualmente para dar paso a Tigo. Este proceso suele ser paulatino para no generar confusión en el consumidor y permitir que el nuevo operador establezca su identidad corporativa en el país.
Impacto en la competitividad del sector
La llegada de Millicom/Tigo podría inyectar una dosis de competitividad necesaria al mercado mexicano. A diferencia de Telefónica, que se encontraba en una fase de «mantenimiento» y reducción de deuda, Millicom entra con una mentalidad de crecimiento.
Perspectiva regulatoria: El papel del IFT
La operación aún debe pasar por el escrutinio del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). El organismo regulador deberá garantizar que la venta no represente un riesgo para la competencia. No obstante, al tratarse de la entrada de un nuevo jugador (Millicom) que sustituye a uno que se retira (Telefónica), lo más probable es que la aprobación se otorgue sin mayores contratiempos, ya que esto evita una mayor concentración en manos de los dos operadores líderes restantes.
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La entrada de Millicom promete revitalizar una oferta comercial que se había estancado, obligando a los demás actores a mejorar sus precios y servicios. En este nuevo mapa de las telecomunicaciones mexicanas, el consumidor sigue siendo el activo más valioso, y la batalla por conservarlo apenas comienza.


