Al cierre del cuarto trimestre de 2025 (4T25), el mercado laboral en México presenta una fotografía de claroscuros. Mientras los indicadores de desempleo se mantienen en niveles históricamente bajos, la intensidad del trabajo no cede. Según las cifras más recientes, la mayoría de la población ocupada en el país sigue laborando jornadas que igualan o exceden las 40 horas por semana, lo que pone de manifiesto la resistencia de las estructuras laborales tradicionales frente a los intentos de reforma y modernización.
A pesar de las crecientes discusiones legislativas y sociales sobre la reducción de la jornada laboral en México (la famosa reforma para pasar de 48 a 40 horas con dos días de descanso), los datos del 4T25 confirman que la realidad en las fábricas, oficinas y comercios es otra. El grueso de la fuerza laboral mexicana está concentrado en el tramo de las 40 a las 48 horas semanales, un estándar que coloca a México como uno de los países con mayor carga horaria dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Mexicanos mantienen jornadas de más de 40 horas semanales
Más allá de las 40 horas legales, un porcentaje significativo de la población ocupada reporta trabajar incluso más de 48 horas semanales. Este fenómeno, conocido como sobreocupación, no necesariamente se traduce en una mayor productividad o mejores ingresos, sino que a menudo es una respuesta a la insuficiencia salarial: los trabajadores extienden sus jornadas para compensar el costo de vida en un entorno de inflación persistente en servicios y alimentos básicos.
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Empleo vs. Calidad del Empleo
Si bien la tasa de desocupación muestra cifras positivas, los analistas sugieren mirar «debajo del capó» de estos números. La estabilidad en la ocupación se ve empañada por dos factores críticos:
La Informalidad: Una parte considerable de quienes trabajan más de 40 horas lo hacen en el sector informal, careciendo de seguridad social, prestaciones y protecciones legales ante accidentes o despidos.
El Subempleo: Aunque muchos trabajan largas jornadas, todavía existe un sector que, aun laborando tiempo completo, tiene la necesidad y disponibilidad de trabajar más horas porque sus ingresos actuales no cubren sus necesidades mínimas.
Distribución por sectores y género
La carga de trabajo de más de 40 horas no es uniforme. El sector secundario (manufactura y construcción) y el sector servicios (comercio y turismo) son los que mayor demanda de tiempo exigen.
En cuanto al género, persiste una brecha invisible: aunque los hombres suelen registrar más horas en el mercado laboral remunerado, las mujeres enfrentan la «doble jornada», sumando a sus horas de oficina el trabajo de cuidados y del hogar no remunerado, lo que eleva su fatiga estructural y limita su crecimiento profesional.
El reto de la productividad y la reforma pendiente
El dato de las 40 horas semanales reaviva el debate sobre la eficiencia. En la economía moderna, la evidencia sugiere que trabajar más horas no equivale a producir más valor. México enfrenta el desafío de transitar de un modelo basado en la presencialidad y cantidad de horas, a uno enfocado en la productividad y el bienestar.
La resistencia empresarial a la reducción de la jornada se basa en el temor a un aumento en los costos operativos, mientras que los defensores de la reforma argumentan que trabajadores más descansados son más eficientes, reducen errores y presentan menores tasas de ausentismo por salud mental o agotamiento (burnout).
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Los datos al cierre de 2025 confirman que México sigue siendo una nación de manos trabajadoras y jornadas extensas. Sin embargo, el estancamiento en el rango de las 40-48 horas semanales sin una mejora proporcional en la calidad de vida plantea una pregunta urgente para el 2026: ¿Hasta cuándo podrá sostenerse el crecimiento económico sobre la base del agotamiento de su capital humano?
La meta para el futuro cercano no debería ser solo que todos tengan un empleo, sino que ese empleo permita vivir mejor, con tiempo suficiente para el descanso, la familia y el desarrollo personal.



