Lo que comenzó como un respiro para el bolsillo de las familias mexicanas se está convirtiendo en una camisa de fuerza financiera. El consumo interno, el motor que tradicionalmente mantiene a flote la economía del país, se encuentra hoy en una encrucijada peligrosa: el aumento de la morosidad en los créditos al consumo.
Tras meses de tasas de interés elevadas y una inflación que, aunque cede, ha dejado los precios en niveles récord, el historial crediticio de miles de usuarios ha comenzado a mostrar grietas. El fantasma del impago ya no es una advertencia lejana, sino una realidad que amenaza con frenar el dinamismo comercial del cierre de trimestre.
La morosidad enciende las alarmas del consumo en México
El diagnóstico de los analistas es claro: el uso intensivo de tarjetas de crédito y préstamos personales para cubrir gastos básicos —y no solo bienes duraderos— ha llevado a los hogares a un nivel de apalancamiento delicado.
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Cuando el pago mínimo se convierte en la única opción y los intereses se capitalizan, el margen para el consumo futuro desaparece. Esta situación ha generado un «efecto dominó» que preocupa a las instituciones financieras:
- Restricción del crédito: Los bancos, ante el riesgo de impago, han comenzado a endurecer sus requisitos para otorgar nuevos financiamientos.
- Frenazo en ventas minoristas: Con menos dinero disponible tras pagar deudas, el sector retail experimenta una desaceleración en sus proyecciones de crecimiento.
- Aumento en carteras vencidas: Las instituciones bancarias reportan un incremento porcentual en sus índices de morosidad, obligándolas a robustecer sus reservas de capital.
¿Un ajuste necesario o una crisis en puerta?
A pesar de la seriedad del panorama, expertos del sector financiero sugieren que este «jaque» al consumo podría forzar un saneamiento necesario en las finanzas de los hogares. Sin embargo, el riesgo radica en que la falta de liquidez se traduzca en una caída prolongada de la demanda interna, lo que impactaría directamente en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).
El reto para las autoridades monetarias y la banca comercial será encontrar el equilibrio entre mantener el flujo de crédito y evitar un sobreendeudamiento sistémico que asfixie a la clase media mexicana.
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En este escenario, la educación financiera se vuelve la mejor herramienta de defensa. Priorizar el pago de deudas con mayores tasas de interés y evitar el uso de crédito para gastos corrientes son los primeros pasos para no formar parte de la estadística de morosidad que hoy tiene en vilo a los mercados.
Fuente: La Razón


