En la más reciente conferencia de prensa anual, el ingeniero Carlos Slim Helú, una de las figuras empresariales más influyentes del panorama global, ha emitido una valoración positiva sobre la actual conducción de la política macroeconómica en México bajo la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum. El análisis del magnate, enfocado en pilares como la contención inflacionaria y el impulso a la inversión, arroja luz sobre los desafíos y oportunidades que el país enfrenta en la segunda mitad de la década.
El control inflacionario como motor de confianza
Para Carlos Slim, el eje central que garantiza la salud financiera de una nación radica en una disciplina férrea sobre la inflación. Durante su intervención, el empresario destacó que los esfuerzos gubernamentales actuales están alineados con la necesidad imperativa de proteger el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables.
La tesis de Slim es clara: cuando el Estado prioriza la estabilidad macroeconómica y evita presiones inflacionarias innecesarias, se genera un entorno de certidumbre que resulta sumamente atractivo para los inversionistas. El empresario no solo reconoció los esfuerzos por mantener los precios bajo control, sino que advirtió que cualquier política económica errática —como aquellas que intentan manipular artificialmente salarios o gastos sin fundamento— terminaría siendo contraproducente.
En este contexto, la coincidencia entre la visión del Ejecutivo y el sector privado es palpable. Slim enfatizó que la comunicación entre ambos sectores es constante y cordial, enfocada en no obstaculizar el flujo de capitales necesarios para la expansión industrial y comercial.
La inversión: el combustible indispensable para el crecimiento
Si la inflación es el termómetro, la inversión es el motor. Slim fue enfático al declarar que para que México alcance niveles de crecimiento equiparables a las grandes potencias, es indispensable que el país mantenga una tasa de inversión cercana al 25% de su Producto Interno Bruto (PIB).
El «Plan México», presentado por la administración actual, cuenta con el respaldo estratégico del dueño de Grupo Carso, quien incluso propuso que esta meta de inversión no se limite al sector público, sino que involucre un esfuerzo conjunto con el sector privado y la inversión extranjera.
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Proyectos de infraestructura y el papel de las empresas
Slim reveló que sus propias organizaciones ya están ejecutando planes de inversión robustos, mencionando bolsas de recursos significativas destinadas a infraestructura y energía. Un punto clave es la relación con Petróleos Mexicanos (Pemex), con quienes Grupo Carso ha formalizado acuerdos estratégicos para la explotación de campos terrestres con gran potencial, como Ixachi. Esta estrategia, según el ingeniero, es más eficiente y sostenible que intentar forzar proyectos en aguas profundas que resultan financieramente complejos.
El empresario argumentó que es momento de que el sector empresarial asuma su rol protagónico. La estabilidad que ofrece el control inflacionario, sumada a la baja de tasas de interés —que, según sus proyecciones, podrían continuar ajustándose a la baja—, crea el caldo de cultivo ideal para que el capital se mueva hacia proyectos productivos en lugar de quedarse estancado en instrumentos financieros de corto plazo.
Desafíos pendientes y visión de futuro
Aunque el balance general de Slim es optimista, no evitó señalar que el país aún mantiene rezagos estructurales significativos, particularmente en lo que respecta a la bancarización y el crédito productivo. Comparó la situación de México con otras economías emergentes como la brasileña, donde la penetración del crédito supera holgadamente los niveles observados en territorio mexicano.
Asimismo, rechazó categóricamente la narrativa de incertidumbre jurídica. Para el empresario, las condiciones de seguridad para las empresas están presentes y el marco legal, aunque siempre mejorable, permite el desarrollo de proyectos a gran escala.
Hacia una política económica sin reformas fiscales disruptivas
Un punto fundamental en la postura de Slim es su negativa ante la posibilidad de implementar reformas fiscales agresivas, como incrementos al Impuesto al Valor Agregado (IVA) o al Impuesto Sobre la Renta (ISR). Su argumento es contundente: si se aumenta la carga impositiva sobre las empresas, estos costos invariablemente se trasladan al precio final de los productos, lo que aviva la inflación y perjudica, en última instancia, al consumidor final.
En lugar de ello, propone un enfoque basado en la eficiencia, la inversión productiva y el fortalecimiento del mercado interno mediante la creación de empleos mejor remunerados y una capacitación tecnológica constante.
La conferencia anual de Carlos Slim no solo sirve como un termómetro de la confianza del sector privado, sino como una hoja de ruta para quienes analizan el rumbo de la nación. La alineación de objetivos entre el Gobierno de Claudia Sheinbaum y la iniciativa privada parece haber encontrado un lenguaje común: la estabilidad como base para el desarrollo.
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El futuro de México, a juicio del hombre más rico del país, depende de la constancia. Si el país logra mantenerse en la senda de la disciplina presupuestaria, el cuidado del déficit y el fomento constante de la inversión, las condiciones para un crecimiento sostenido están dadas. Es, en resumen, un llamado a la acción para que tanto el sector público como el privado aceleren el paso, aprovechen las oportunidades de relocalización de empresas y trabajen de manera coordinada hacia un México más competitivo.


