El panorama financiero global ha dado un vuelco drástico en los primeros días de marzo de 2026. Lo que comenzó como una serie de tensiones diplomáticas ha escalado a un conflicto abierto en Medio Oriente, involucrando directamente a potencias regionales y globales. Este choque geopolítico no solo ha encendido las alarmas humanitarias, sino que ha desatado una tormenta perfecta que golpea con fuerza al peso mexicano, recordándonos la vulnerabilidad de las divisas emergentes ante la incertidumbre internacional.
El «Martes Negro» y la Huida hacia la Seguridad
El pasado martes 3 de marzo de 2026 quedará marcado en los registros financieros como una jornada de alta volatilidad. El peso mexicano sufrió su peor caída diaria desde abril de 2025, perdiendo más de 40 centavos frente al dólar en cuestión de horas. El tipo de cambio, que se había mantenido en niveles relativamente estables cerca de las 17.30 unidades, se disparó hasta rozar los 17.70 y 17.80 pesos por dólar, con analistas advirtiendo que la barrera de los 18 pesos es ahora el próximo nivel de resistencia psicológica.
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Este fenómeno se explica por la aversión al riesgo. En tiempos de guerra, los inversionistas abandonan activos considerados «riesgosos» (como las monedas de países en desarrollo como México) y buscan refugio en activos seguros: el dólar estadounidense, el oro y los bonos del Tesoro de EE. UU. Como resultado, el dólar se ha coronado nuevamente como «el rey de los activos refugio», mientras que el peso se posiciona como una de las divisas emergentes más castigadas.
El peso mexicano bajo el fuego cruzado
El conflicto ha puesto en jaque el suministro energético global, especialmente tras los reportes de bloqueos parciales en el Estrecho de Ormuz, una arteria vital por donde transita una quinta parte del petróleo mundial. Los precios del crudo (WTI y Brent) se han disparado por encima de los 85 dólares por barril, y la Mezcla Mexicana de Exportación no ha sido la excepción, alcanzando niveles no vistos en siete meses.
Para México, este aumento es contradictorio. Por un lado, mayores precios del petróleo significan más ingresos para las finanzas públicas a través de Pemex. Sin embargo, el costo neto es negativo:
Inflación Importada: El alza en el precio internacional de la gasolina y el gas presiona al alza la inflación doméstica.
Tasas de Interés: Si la inflación sube globalmente debido a los costos energéticos, los bancos centrales (incluyendo la Reserva Federal de EE. UU. y el Banco de México) se verán obligados a mantener las tasas de interés altas por más tiempo, lo que frena el crecimiento económico y encarece el crédito.
La onda de choque no se limitó al mercado de divisas. El índice S&P/BMV IPC registró una caída superior al 3% en una sola sesión, arrastrado principalmente por los sectores minero e industrial. La incertidumbre sobre las cadenas de suministro globales y el temor a una desaceleración del comercio internacional han llevado a los inversionistas a liquidar posiciones en empresas mexicanas, buscando liquidez ante la posibilidad de un conflicto prolongado.
Perspectivas y Riesgos a Corto Plazo
La administración federal y la Secretaría de Hacienda mantienen un monitoreo constante. Se ha mencionado que México cuenta con esquemas de subsidios al IEPS para evitar que el precio de la gasolina en las bombas se dispare de inmediato, pero la capacidad de maniobra fiscal tiene límites si el petróleo se mantiene en niveles críticos de forma sostenida.
Gabriela Siller, directora de análisis de Banco Base, y otros especialistas coinciden en que el peso seguirá transitando por una fase de alta volatilidad. Mientras el conflicto entre la alianza de Estados Unidos e Israel contra Irán no muestre señales de desescalada, el «Superpeso» que dominó los titulares en años anteriores parece haber quedado atrás, enfrentando ahora una realidad donde la geopolítica manda sobre los fundamentos económicos internos.
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La crisis en Medio Oriente es un recordatorio de que, en un mundo interconectado, una chispa a miles de kilómetros de distancia puede encender una hoguera en los mercados financieros locales. El peso mexicano, aunque respaldado por una política monetaria prudente, sigue siendo el «termómetro» del sentimiento global. En los próximos días, la atención estará puesta no solo en los frentes de batalla, sino en los monitores de Wall Street y de la Bolsa Mexicana, esperando una señal de estabilidad que parece, por ahora, lejana.


