El mezcal, la joya ancestral de México, enfrenta su mayor desafío en 2026, y no es la competencia ni la escasez de agave, sino una estructura impositiva que los productores califican de «asfixiante». Según expertos y líderes de la industria como Ramón Isaac Pérez Castro (Almas Benditas) y Marisol Rumayor (Mundo Mezcal), el precio final del mezcal artesanal se ha disparado entre un 200% y 300% debido a una carga tributaria acumulada que castiga la tradición.
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El «Impuesto al Origen»: Una paradoja legal
El corazón del problema radica en el IEPS (Impuesto Especial sobre Producción y Servicios). Actualmente, este impuesto se calcula basándose en la graduación alcohólica:
La Trampa de la Norma: Por ley, el mezcal debe tener una graduación mínima alta para ser considerado como tal.
La Tasa Máxima: Al cumplir con su esencia, el mezcal cae automáticamente en la tasa más alta del 53% de IEPS.
Efecto Cascada: Si al 53% del IEPS le sumamos el IVA (cobrado en cada etapa de la cadena), el ISR y el impuesto sobre nómina, el costo de producción se triplica antes de llegar a la mesa del consumidor.
Artesanía vs. Industrialización
A diferencia de los destilados industriales, el mezcal, la raicilla, el sotol y el bacanora dependen del trabajo manual (tahonas, molienda y hornos de barro). Esta estructura de costos no puede automatizarse sin perder la esencia. El resultado es doloroso para el mercado interno: el consumidor mexicano está abandonando el mezcal por bebidas más baratas y menos artesanales, como la cerveza o destilados de baja calidad.
El mezcal enfrenta su mayor desafío
Pese a los retos fiscales en casa, el mezcal brilla en el extranjero:
Dominio Global: El 80% de la producción se exporta, con Estados Unidos a la cabeza, seguido de Europa y Asia.
Motor de Empleo: La industria genera 55,000 empleos directos y más de 200,000 indirectos.
Proyección 2034: Se estima que el mercado alcanzará un valor de 2,357.7 millones de dólares, con un crecimiento anual del 14%.
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Productores y organismos empresariales impulsan la iniciativa «Moderniza IEPS», que no busca eliminar el impuesto, sino rediseñarlo. La propuesta es que el gravamen no se base solo en el grado de alcohol, sino que reconozca los procesos artesanales y el valor cultural de la bebida.
Con el Mundial 2026 en puerta y eventos como el festival Mundo Mezcal (octubre 2026), la industria ve una oportunidad de oro para mostrar su valor al mundo, siempre y cuando la política fiscal no termine por «secar» a los pequeños maestros mezcaleros.
Fuente: El Economista


