El mercado de consumo en México atraviesa una de sus contradicciones más profundas. Según un análisis reciente sobre las tendencias de compra, existe una brecha creciente entre la aspiración de mantener una dieta saludable y la capacidad adquisitiva real, un fenómeno que está obligando a las marcas a replantear sus estrategias de precios y comunicación.
El dilema del consumidor mexicano: Entre el deseo de comer sano y la realidad del bolsillo
Para el consumidor mexicano, la intención de compra está claramente inclinada hacia el bienestar. Un alto porcentaje de la población manifiesta el deseo de adquirir productos orgánicos, bajos en sodio o sin sellos de advertencia. Sin embargo, al llegar al anaquel, el factor determinante sigue siendo el precio.
Esta «disonancia cognitiva» en el consumo se explica por varios factores clave:
- El «impuesto» a la salud: Los productos percibidos como saludables suelen tener un costo entre un 20% y un 50% más elevado que sus contrapartes procesadas.
- Presión inflacionaria: El aumento en el costo de la canasta básica ha reducido el margen de maniobra de las familias, quienes terminan priorizando el volumen y la saciedad sobre el valor nutricional.
- El factor conveniencia: La comida ultraprocesada no solo es más barata, sino que está más disponible en los canales de proximidad, como las tiendas de conveniencia.
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El dilema del consumidor mexicano
Ante este escenario, el consumidor ha desarrollado tácticas de adaptación que las empresas de consumo masivo (CPG) deben monitorear:
- Migración a Marcas Propias: Los consumidores buscan opciones «saludables» dentro de las marcas blancas de los supermercados para ahorrar sin sacrificar sus objetivos de dieta.
- Reducción de porciones (Shrinkflation): Se prefiere comprar una cantidad menor de un producto de calidad que una mayor de uno percibido como dañino.
- Priorización selectiva: El consumidor elige un solo rubro para «comer sano» (por ejemplo, lácteos) mientras mantiene hábitos menos saludables en otros (como snacks o bebidas).
El análisis sugiere que las marcas ya no pueden vender salud como un beneficio «premium». El reto actual para la industria alimentaria en México es la democratización del bienestar. Aquellas empresas que logren optimizar sus cadenas de suministro para ofrecer productos con mejores perfiles nutricionales a precios competitivos serán las que logren fidelizar al consumidor en este entorno de incertidumbre económica.
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La conclusión es clara: el consumidor mexicano no ha renunciado a la salud, simplemente está esperando que el mercado la haga accesible para su realidad financiera.
Fuente: Merca20.com



