A finales de 2025, el Gobierno de México, bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, tomó una decisión de calado estructural: la imposición de aranceles a productos provenientes de 11 naciones con las que no se mantiene un Tratado de Libre Comercio (TLC). El objetivo era claro y ambicioso: reducir la dependencia manufacturera de países asiáticos, equilibrar la balanza comercial y fortalecer la industria nacional.
Sin embargo, a mediados de 2026, los resultados iniciales presentan un escenario complejo. Lejos de reducirse de manera uniforme, el déficit comercial de México con potencias como China y Taiwán se ha mantenido persistente o, en algunos casos, se ha disparado. ¿Qué factores explican este fenómeno y por qué la medida proteccionista no ha surtido el efecto inmediato esperado?
La estrategia de la «anticipación» empresarial
Uno de los principales errores de cálculo, según especialistas del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), fue la subestimación de la capacidad de reacción de las empresas transnacionales. Al anunciarse la medida de manera oficial en diciembre de 2025, las compañías operando en México —especialmente las automotrices— implementaron una estrategia de stockpiling o acumulación de inventarios masiva.
Los datos del Banco de México (Banxico) confirman esta tendencia: diciembre de 2025 registró importaciones provenientes de China por 13,122 millones de dólares, la cifra más alta para un solo mes desde 1993. Esto permitió que las distribuidoras en el mercado nacional se llenaran de unidades antes de que el arancel entrara en vigor el 1 de enero de 2026. En esencia, las empresas «burlaron» el impacto arancelario inmediato mediante un adelanto de sus compras, lo que ha provocado que el efecto real de la política comercial sea imperceptible en las cifras del primer cuatrimestre del año.
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El caso crítico de China y Taiwán
La relación comercial con China sigue siendo el desafío más grande para la balanza mexicana. Aunque el déficit con la nación asiática mostró un avance marginal del 0.65% anual, el volumen absoluto sigue siendo alarmante. México importó productos de China por 42,851 millones de dólares entre enero y abril de 2026, mientras que las exportaciones nacionales hacia el gigante asiático apenas rozaron los 4,994 millones.
Los teléfonos inteligentes y el material eléctrico lideran esta demanda, representando una parte significativa del déficit. En contraste, China centra sus compras en México en minerales básicos como cobre y plomo, reflejando una relación comercial que los expertos califican como «compleja»: México exporta materias primas y recibe manufactura de alta complejidad tecnológica.
Más preocupante aún es el caso de Taiwán. En los primeros cuatro meses de 2026, el desbalance comercial con este país se expandió un 313.59% respecto al año anterior. La importación de maquinaria y unidades de proceso industrial desde Taiwán continúa absorbiendo las divisas mexicanas a un ritmo que las exportaciones nacionales no logran compensar.
Luces y sombras en la política arancelaria
No todo el panorama es negativo. De los 11 países sujetos a estas nuevas tarifas, México ha logrado reducir su déficit comercial en cinco de ellos. Sudáfrica e Indonesia, por ejemplo, han visto una contracción en sus excedentes comerciales hacia México, lo que sugiere que en mercados con menor volumen de manufactura, la medida sí está teniendo el impacto correctivo esperado.
No obstante, en naciones como Vietnam, Corea del Sur, Tailandia y Turquía, los desbalances persisten. Esto pone sobre la mesa una verdad incómoda: la interdependencia de las cadenas de suministro globales es mucho más profunda que cualquier decreto arancelario. Para muchos de estos países asiáticos, México es un mercado de consumo crítico y, ante la falta de interés por firmar tratados comerciales bilaterales, su prioridad sigue siendo la exportación masiva hacia territorio mexicano.
El verdadero examen para la política comercial de México ocurrirá conforme se agoten los inventarios acumulados a finales de 2025. Una vez que las empresas tengan que enfrentar los aranceles vigentes para reponer existencias, es probable que se observe un cambio en el comportamiento de las importaciones.
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Sin embargo, el éxito de esta medida no puede depender solo de las barreras fiscales. La competitividad de la industria nacional, la capacidad de diversificar proveedores y la creación de una infraestructura de manufactura interna son los elementos que dictarán si México logra, a largo plazo, reducir su dependencia de estas potencias. La lección del primer cuatrimestre es clara: en el mercado global, la previsión estratégica de las empresas suele moverse más rápido que los cambios en la ley fiscal.



