La miniserie Love Story: JFK Jr. & Carolyn Bessette está trayendo de vuelta algo que muchos creían olvidado: la fascinación por los looks de los 90, y por los pequeños detalles que terminan de construir un estilo reconocible. La serie de Ryan Murphy rescata una de las historias románticas más comentadas de la década, la de John John Kennedy, quien —incluso con el paso de los años— sigue funcionando como un auténtico referente de elegancia.
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Y sí: hablamos de elegancia, pero también de accesorios. Porque si hay algo que suele aparecer una y otra vez en su imagen pública (además de la bicicleta y ese aire despreocupado que se mezcla con lo sofisticado), es la presencia de un reloj capaz de elevar cualquier conjunto. En este caso, el protagonista es un Timex de esos que pasan de ser “un simple reloj” a convertirse en pieza de culto.
Lo mejor para quien está buscando comprarlo: actualmente se puede encontrar por menos de 180 euros, gracias a su reedición moderna.
El amor por el estilo también se mide en la muñeca
Cuando se repasa el imaginario visual de John John Kennedy, es fácil entender por qué su estilo sigue siendo tan relevante. No era un hombre que se limitara a un solo tipo de vestuario. Podía llevar ropa más deportiva, conjuntos con cortes relajados, trajes con personalidad y ese tipo de mezcla que parece sencilla pero que, en realidad, requiere buen gusto.
Y en una estética así, el reloj no es un accesorio decorativo: es un punto final. Un reloj bien elegido aporta carácter, ritmo visual y una sensación de coherencia. Aunque es cierto que se hablaba mucho de su gusto por marcas de gama alta, en su historia personal existía otro detalle igual de interesante: una conexión con Timex que hoy vuelve a cobrar fuerza.
La anécdota que terminó en reedición (y en colaboración)
Todo empezó con una imagen que parecía destinada a quedarse en el archivo mental de quien la vio. En abril de 2023, Brynn Wallner, responsable del perfil especializado Dimepiece, se topó con una foto de John John Kennedy llevando un reloj deportivo. Wallner estaba buscando material para publicar en Instagram y, de inmediato, pensó en algo muy concreto:
“¿Qué reloj es ese?”
La curiosidad le llevó a contactar con un comerciante vintage llamado Alan Bedwell. Según cuenta la propia Wallner, Bedwell entendió al instante el potencial: era un Timex, y no solo eso, sino uno que merecía volver a existir en el mundo real. De hecho, la recomendación fue clara: ese tipo de imagen no debía perderse en la rutina; había que guardarla.
A partir de ese momento, la historia se movió rápido. Bedwell vio una oportunidad y conectó su entusiasmo con Timex. Según el relato, enviaron la imagen al equipo de la marca, que mostró mucho interés en revivir el Timex Intrepid asociado al estilo de John John.
El resultado fue una idea redonda: rescatar aquel reloj de un universo casi “de archivo” y llevarlo a un diseño que encajara mejor con el presente.
El Timex Intrepid de 46 mm… y por qué la reedición se agotó
El primer paso fue una reedición directa del modelo. El tamaño elegido fue 46 mm, enorme si lo comparamos con los estándares actuales, pero coherente con lo que se llevaba en los 90: cajas más grandes, presencia visual clara y un estilo que no pedía permiso.
Sin embargo, esa versión terminó encontrándose con el tipo de demanda que marca tendencias. Casi apenas salió al mercado, se agotó con rapidez.
Pero no era el final. Con el rediseño que hoy interesa a muchos (y que es el que puedes comprar alrededor de 179 euros, según el momento), el enfoque cambió: se buscó mantener el espíritu original, pero ajustarlo a lo que pedían los aficionados y al lenguaje visual de los relojes contemporáneos.
La versión moderna: de 46 mm a 36 mm, y con enfoque unisex
Aquí está uno de los puntos clave de esta reedición. Wallner y Timex tomaron una decisión importante: reducir el reloj a un tamaño mucho más llevadero, de 46 mm a 36 mm.
El cambio no es solo numérico. Es una diferencia real en cómo se ve y cómo se siente un reloj en el día a día. Además, el tamaño de 36 mm recuerda a los relojes vintage que muchos buscan (especialmente de los años 60), y encaja con una tendencia que se ha consolidado en los últimos años: relojes más compactos, con estética más fina y una vibra unisex.
Y en eso, Dimepiece tiene un criterio muy marcado. Wallner defiende que el tamaño es una “batalla” real: los relojes grandes no siempre funcionan igual para todo el mundo, y ella apuesta por piezas pensadas para distintas muñecas y estilos.
Incluso se ha comentado el enfoque de la marca en la creación de relojes que puedan llevarse sin etiquetas rígidas. En el caso de este Intrepid, la colaboración se diseñó precisamente para que el reloj pudiera pertenecer a más gente, no solo a quienes encajan con el molde tradicional de lo “adecuado”.
Detalles estéticos: el guiño de Dimepiece que no lo cambia todo
Además del tamaño, la reedición trae elementos visuales que conectan el reloj con el universo de Dimepiece sin caer en el exceso. El reloj original asociaba su identidad a un componente luminiscente en un color característico: el tono Índigo neón que se activa al pulsar un botón.
En esta nueva versión, ese guiño evoluciona. Se sustituye por el morado propio de Dimepiece, manteniendo la idea del contraste y del efecto especial, pero adaptándola al lenguaje estético de la colaboración.
También aparecen grabados en el fondo de la caja con los nombres de Timex y Dimepiece, reforzando el carácter de edición compartida. Sin embargo, hay un detalle que Wallner defendió como esencial: no llenar la esfera con el logo de Dimepiece.
La explicación es simple y muy razonable: demasiadas colaboraciones fallan cuando obligan al usuario a estar “dentro” de un fandom para que el reloj tenga sentido. Aquí, la intención es que el reloj se pueda llevar sin necesidad de conocer a fondo a ninguno de los dos mundos implicados.
En otras palabras: el resultado busca ser atractivo por sí mismo.
Un reloj con historia… y con razón para estar de nuevo en circulación
Que un modelo “de archivo” vuelva al mercado no siempre es suficiente. Muchas reediciones caen en el vacío porque solo repiten el pasado. En este caso, el Timex Intrepid ligado a John John Kennedy logra algo más interesante: convierte un detalle histórico en una pieza actual, con cambios pensados para el uso real.
Además, el contexto cultural ayuda. En 2026, el interés por los 90 no es solo nostalgia: es una búsqueda de una estética más humana, menos rígida, y con el tipo de mezcla que se siente espontánea pero está calculada. Y eso, curiosamente, es exactamente lo que representaba el estilo de John John: una forma de vestir que parecía relajada, pero que tenía una lógica clara.
El reloj funciona como símbolo de esa coherencia. Tanto si lo llevas con un look casual como si lo incorporas a un conjunto más formal, mantiene esa sensación de “elegancia sin esfuerzo” que marcaba su imagen.
Entonces… ¿por qué importa que cueste menos de 180 euros?
Porque la accesibilidad cambia la conversación. Un reloj icónico tiende a convertirse en objeto de deseo, y los objetos de deseo suelen volverse caros. Pero cuando una reedición moderna aterriza cerca de los 179 euros, la historia gana un nuevo capítulo: ya no se limita a coleccionistas, sino que puede integrarse en el armario de quien solo quiere una pieza con carácter.
Y aquí hay dos factores que lo vuelven especialmente atractivo:
- Historia y reconocimiento: no es un reloj cualquiera; tiene una conexión real con un imaginario cultural y con un estilo que sigue influyendo.
- Ajuste contemporáneo: el paso a 36 mm lo hace más versátil para el día a día.
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Cómo llamaría a su versión Wallner (y por qué el nombre importa menos de lo que parece)
En Dimepiece suelen bautizar sus relojes con apodos creativos. Con esta reedición, Wallner mencionó una idea divertida para el nuevo modelo. No importa si el apodo te hace sonreír o si te da igual: lo relevante es el enfoque.
Ese enfoque consiste en acercar los relojes a la cultura popular, a la moda y a la conversación cotidiana. Sin que el usuario sienta que debe ser experto en maquinaria para disfrutar del accesorio.
Es, en cierto modo, la razón por la que esta colaboración tiene sentido ahora. Porque la televisión, la moda y el estilo de los 90 se están cruzando de nuevo… y este Timex entra como una pieza que encaja perfecto en esa narrativa.


