En conversación con EL ESPAÑOL, sus fundadores han repasado cómo nació Singularu, qué decisiones marcaron su crecimiento y hacia dónde mira la marca en los próximos años. Lo que comenzó como una apuesta clara —hacer joyas bonitas, actuales y con precios accesibles— ha terminado convirtiéndose en un referente dentro del universo de la joyería asequible en España. Y, aunque el salto ha sido enorme, su objetivo sigue siendo el mismo: que cada pieza encaje en la vida real de sus clientas.
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De la ilusión emprendedora a una marca con identidad
Singularu aterrizó con una idea sencilla, pero con ambición: crear joyas de tendencia que transmitieran alegría y que, además, pudieran comprarse sin que el precio se convirtiera en un obstáculo. Detrás del proyecto están Cristina Aristoy y Paco Tormo, dos emprendedores que en 2014 decidieron dar forma a una marca propia cuando entendieron que en el mercado faltaba algo más que “comprar accesorios”.
“Nos movía la ilusión de crear algo con sentido”, explica Aristoy. En su análisis inicial, ambos detectaron una carencia: existían joyas, sí, pero no siempre había una marca que apostara por lo actual, por la estética alegre y por una experiencia de compra que estuviera a la altura de lo que prometía el producto.
De acuerdo con sus fundadores, si tuvieran que resumir Singularu en una frase para alguien que no la conoce, lo harían así: joyas de tendencia a precios asequibles. Ese mensaje, repetido una y otra vez a lo largo del tiempo, se convirtió en el punto de partida de un crecimiento que, con los años, se volvió constante y medible.
Joyería, confianza y consistencia: el reto real
El paso de una idea a una marca sólida no fue automático. En el sector de la moda, el consumidor puede “probar” con cierta facilidad. Sin embargo, en joyería la compra está ligada a algo más emocional y, sobre todo, a un requisito clave: la confianza. Una joya no se compra solo para pasar el día; muchas veces termina siendo una pieza que acompaña situaciones importantes o que se integra en el día a día.
Por eso, para Singularu uno de los grandes retos iniciales fue ganarse esa confianza. Según señalan sus creadores, el público quiere ver calidad real, comprobar que lo que se ve y se promete encaja con el resultado y que la marca mantiene una línea coherente. “Eso se construye poco a poco, día a día”, subrayan.
Lo que se buscaba era algo concreto: una propuesta de joyería que estuviera a la última en estilo, que transmitiera un punto de optimismo y, al mismo tiempo, mantuviera precios competitivos. Pero esa ecuación solo funciona si la ejecución acompaña. Ahí es donde el trabajo de marca se vuelve decisivo.
Internet como origen, pero no como destino
Como muchas empresas de su generación, Singularu nació en internet. Esa vía resultó lógica para arrancar: permitía conectar con un público amplio, testar ideas y crecer con agilidad. No obstante, lo importante es que el crecimiento nunca fue improvisado. Los fundadores aseguran que, desde el inicio, tenían muy definido qué querían construir y cómo querían que se viviera la experiencia de compra.
Con el tiempo, lo digital se fue integrando en una visión más completa. La marca entendió que, aunque las pantallas facilitan el descubrimiento, hay un momento en la compra de joyas en el que pesa mucho la experiencia física: tocar, probar, ver el brillo, confirmar el tamaño en el cuerpo y sentir que la pieza encaja. Esa comprobación directa es especialmente relevante cuando la joya se compra para regalar.
Por eso, el salto a las tiendas físicas no se planteó como un simple “cambio de estrategia”, sino como un complemento para mejorar el recorrido del cliente. Si la marca quería estar donde está su clienta, el retail era una pieza fundamental.
Un crecimiento con cifras y con estrategia omnicanal
El avance de Singularu ha sido rápido y sostenido. De acuerdo con lo que explican sus fundadores, la empresa cerró 2025 con 40 millones de euros de facturación, más de 400 empleados y 83 tiendas distribuidas por todo el territorio español. Detrás de estos datos hay algo más que expansión: hay una forma de trabajar que combina canales y que busca mantener un mismo estándar de experiencia, tanto para quien compra online como para quien se acerca a un punto físico.
En ese sentido, la marca defiende un modelo omnicanal. La idea es clara: estar donde la clienta decide conectarse, mirar, elegir y comprar. El canal digital ofrece alcance y velocidad; las tiendas físicas aportan cercanía y un acompañamiento más completo.
Así, Singularu ha logrado que su propuesta no se quedara en el “primer clic”, sino que se convirtiera en una relación sostenida con el público. Ese enfoque encaja con la esencia de la marca: no solo vender, sino acompañar la elección.
Escalar sin perder lo que hizo especial a la marca
Uno de los puntos que más llaman la atención es que el crecimiento no elimina los desafíos; los transforma. Para los fundadores, uno de los mayores retos ha sido escalar sin renunciar a lo que hizo distinta a la empresa desde el principio: la cercanía, la agilidad y la forma de trabajar.
Porque crecer implica procesos, estructuras, equipos más grandes y decisiones más complejas. Y ahí es donde muchas marcas se arriesgan a perder parte de su identidad. Singularu, según cuentan, se enfrenta al reto de mantener su ADN incluso cuando el ritmo de expansión acelera.
A la dificultad interna se suma un factor externo que afecta a todo el sector: el aumento del coste de las materias primas. En particular, el precio de metales como la plata o el oro. Este punto obliga a ser especialmente eficientes en la gestión del producto para poder conservar calidad y, al mismo tiempo, seguir ofreciendo precios competitivos.
El golpe de la DANA y la resiliencia del equipo
Un momento especialmente complicado llegó para Singularu con la DANA que afectó a la Comunidad Valenciana. En ese episodio, la marca sufrió daños relevantes: su almacén en Picanya quedó afectado y también una de sus tiendas en el centro comercial Bonaire.
Los fundadores recuerdan que todo ocurrió justo antes de una de las campañas más importantes del año, el Black Friday. Fue, por tanto, un golpe duro. Aun así, la prioridad fue clara: comprobar que todo el equipo estaba bien y que la situación se podía encauzar con el apoyo necesario.
En ese contexto, señalan que recibieron respaldo por parte de proveedores, clientas y también de la ciudadanía. Para ellos, el episodio dejó una lección directa: que en España existe una resiliencia fuerte y una solidaridad que aparece cuando más se necesita.
Mirar al futuro sin abandonar el foco nacional
Cuando se habla del futuro, Singularu no se limita a pensar en números o en expansión por expansión. La marca reconoce que está estudiando mercados cercanos para abrir camino fuera de España, pero lo hace con cautela. Aún así, también admiten que el trabajo dentro del país sigue siendo una prioridad real.
Cada año, según comentan, aparece el impulso del “este año sí”, pero la realidad es que todavía queda mucho por hacer aquí. Esa postura refleja una forma de entender el crecimiento: consolidar antes, ampliar después, y no perder el control de la experiencia.
¿Nuevas colecciones y nuevos públicos?
Singularu, por el momento, mantiene su enfoque principal en mujeres. Aunque cada vez más hombres se animan a llevar joyas, la marca no tiene planes inmediatos de lanzar una colección masculina. La idea que transmiten sus fundadores es clara: Singularu es una marca “de chicas para chicas”.
Sin embargo, también reconocen que la sociedad cambia. Cada vez es más habitual ver hombres usando accesorios y, en ese escenario, la marca observa el movimiento con atención, aunque su catálogo principal no vaya a reajustarse de forma inmediata.
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El objetivo en cinco años: más grande, más bonita y más querida
Cuando se les pregunta cómo imaginan el negocio dentro de cinco años, la respuesta llega con una sonrisa y con una frase que resume su visión: “más grande, más bonita y más querida”. Es decir, no se trata solo de aumentar puntos de venta o volumen, sino de fortalecer el vínculo con el público.
Más que una obsesión por cifras, lo que sostiene a Singularu es una prioridad constante: cuidar a sus clientas. Y, de hecho, el consejo que comparten con quienes sueñan con emprender en el sector de la moda y el retail gira alrededor de un concepto muy concreto: entender al cliente y obsesionarse con su satisfacción.
Al final, el recorrido de Singularu parece responder a una misma lógica desde el inicio: si el producto tiene sentido, si la experiencia es buena y si la marca se mantiene fiel a su promesa, el crecimiento llega. Y cuando ese crecimiento llega, el reto es sostener lo que lo hizo posible.


