Sainsbury’s ha puesto en marcha un piloto de reconocimiento facial en dos establecimientos del Reino Unido con el objetivo de reducir el aumento de los delitos en sus tiendas. La prueba, de ocho semanas, se realiza en el hipermercado de Sydenham (Londres) y en un Sainsbury’s Local de Bath Oldfield y podría ampliarse a más puntos de venta si los resultados son positivos.
Qué se está probando y dónde
La herramienta instalada ha sido suministrada por la empresa Facewatch y busca identificar a individuos que, según los registros del minorista, hayan mostrado conductas violentas o delictivas en visitas anteriores. El proyecto se enmarca en una respuesta directa al incremento de incidentes en el comercio minorista en los últimos años y pretende ofrecer una capa adicional de prevención y protección para empleados y clientes.
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Motivos de la iniciativa
- Aumento de la delincuencia: desde la compañía señalan que los episodios de robo y comportamientos amenazantes “siguen aumentando” y afectan diariamente a sus equipos en todo el país.
- Protección del personal y del público: la medida se plantea como un mecanismo para anticipar riesgos y reducir confrontaciones dentro de las tiendas.
- Complemento a la acción policial: Sainsbury’s afirma que, pese a la colaboración con la policía y con las autoridades, necesita herramientas adicionales para gestionar la seguridad en el terreno.
Cómo funciona y garantías ofrecidas por la cadena
Sainsbury’s, que opera más de 1.400 puntos de venta en el Reino Unido, ha comunicado al personal de las tiendas involucradas los detalles del piloto. Entre las aclaraciones realizadas por la compañía destacan:
- No vigilar empleados ni clientes: la empresa asegura que el sistema no se utiliza para supervisar a su plantilla ni a compradores de manera general.
- Borrado instantáneo: si el software no detecta una coincidencia con personas previamente denunciadas, el registro se elimina de forma inmediata, según explican los responsables de la cadena.
Reacciones y polémica
El uso de reconocimiento facial en entornos comerciales ha generado críticas públicas y quejas en el pasado. Un ejemplo reciente es el caso de Asda, otra cadena británica que recibió miles de reclamaciones tras implantar una prueba similar a principios de año. Las preocupaciones habituales incluyen:
- Privacidad: temor a la recolección y uso indebido de datos biométricos.
- Falsos positivos: riesgo de identificaciones erróneas que podrían afectar a clientes inocentes.
- Discriminación y sesgo: estudios han mostrado sesgos en algunos algoritmos que afectan a minorías.
- Normalización de la vigilancia: inquietud por el creciente uso de tecnologías intrusivas en espacios públicos.
Contexto legal y ético
En el Reino Unido, la implantación de sistemas biométricos en comercios se mueve en un terreno regulado y sujeto a debate público. Las compañías que optan por estas soluciones deben considerar:
- Cumplimiento de la normativa de protección de datos (como el GDPR en la práctica europea).
- Evaluaciones de impacto sobre la privacidad y la discriminación.
- Transparencia y comunicación con empleados, clientes y autoridades locales.
- Controles y auditorías independientes para verificar el correcto funcionamiento y evitar sesgos.
Posibles escenarios de futuro
- Si el piloto muestra eficacia en la reducción de incidentes sin generar problemas legales o reputacionales, Sainsbury’s podría extender la tecnología a más tiendas a nivel nacional.
- Si el proyecto provoca un rechazo significativo por parte de la clientela o de reguladores, la cadena podría interrumpir la prueba o replantear su uso, buscando alternativas menos invasivas como mayor personal de seguridad, mejoras en la iluminación y visibilidad, o sistemas de cámaras tradicionales con análisis no biométrico.
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Sainsbury’s ha decidido probar el reconocimiento facial como respuesta al crecimiento de la delincuencia en sus puntos de venta. La iniciativa pretende dar mayor protección a empleados y clientes, pero llega en un momento de sensibilidad pública sobre el uso de datos biométricos y vigilancia. La aceptación del público, el cumplimiento normativo y la eficacia real del sistema serán factores decisivos para determinar si la cadena amplía la tecnología a nivel nacional.


