La industria textil española cerró 2025 con una facturación de 11.107 millones de euros, lo que representa un magro avance del 0,6% respecto al ejercicio anterior, según el informe anual presentado por la Asociación Empresarial del Comercio Textil y Complementos (Acotex).
Esta cifra, aunque ligeramente superior al crecimiento registrado en 2024, evidencia una realidad preocupante para el sector: el consumo de moda continúa estancado y no logra recuperar el dinamismo perdido. El presidente de Acotex, Eduardo Zamácola, califica el resultado como un reflejo de la debilidad estructural del consumo, en un escenario donde el crecimiento prácticamente plano se ha convertido en la tónica habitual de los últimos ejercicios.
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La brecha con el pasado sigue siendo abismal. Para dimensionar la magnitud del estancamiento, basta observar que el comercio textil facturó 18.000 millones de euros en 2019, antes de que la pandemia sacudiera los cimientos del sector. Si la comparación se extiende hasta los años dorados del textil español, el contraste es aún más severo: en 2006 el sector alcanzó los 22.500 millones de euros, más del doble de lo registrado en 2025.
Los márgenes empresariales, bajo presión constante. La patronal advierte que los datos agregados no reflejan la realidad cotidiana de los comerciantes. El esfuerzo en precios y promociones para atraer a un consumidor cada vez más cauteloso ha sido extraordinario. A esto se suman el incremento de los costes salariales, la subida de los alquileres comerciales y el encarecimiento de las materias primas. La combinación de estos factores hace cada vez más difícil mantener las tiendas abiertas y operativas.
El gasto familiar en moda pierde peso progresivamente. En 2025, el desembolso medio por hogar en prendas de vestir y complementos fue de 945 euros, apenas doce euros más que el año anterior, lo que supone un incremento del 1,3%. Esta cifra representa una fracción cada vez menor del presupuesto de las familias españolas. Para contextualizar: en 2006 cada hogar destinaba 1.900 euros de media a la compra de moda, mientras que en 2019 la cifra rondaba los 1.300 euros. El sector ha perdido relevancia en la cesta de la compra de los consumidores de manera sostenida, una tendencia que parece no tener freno a corto plazo.
Empleo estable pero tejido comercial en retroceso. El sector mantuvo en 2025 una plantilla de 168.214 personas, con un crecimiento marginal del 0,4% respecto al año anterior. Sin embargo, la red de tiendas físicas continúa su proceso de ajuste. Durante el ejercicio se produjo el cierre neto de 242 puntos de venta, situando el número total de establecimientos en 43.452. Esta contracción, iniciada tras la pandemia, responde a una transformación profunda del modelo comercial que obliga a los operadores a repensar sus estrategias de presencia física.
El comercio electrónico gana terreno sin pausa. La venta online sigue consolidándose como uno de los pilares del sector textil, con una penetración cercana al 17% de la facturación total, según las estimaciones de Acotex. En el lado opuesto, el comercio multimarca tradicional continúa perdiendo cuota de mercado de forma acelerada, representando apenas el 7% del negocio. Este dato contrasta drásticamente con el peso que este canal llegó a tener en décadas anteriores, cuando era el eje vertebrador del comercio de moda en España.
El turismo, motor indispensable. La llegada masiva de visitantes internacionales sigue siendo uno de los pocos factores que inyectan oxígeno al sector. España recibió más de 96,8 millones de turistas en 2025, cuyo gasto creció un 7% interanual. De ese volumen, la moda y los complementos concentraron el 87% de las compras realizadas por los viajeros. Sin este impulso, las cifras del sector serían sensiblemente más negativas.
Distribución territorial desigual. El mercado de la moda en España permanece altamente concentrado en tres comunidades autónomas. Madrid, Cataluña y Andalucía aglutinan cerca de la mitad de la facturación total del sector. En cuanto al gasto por habitante, el País Vasco y la Comunidad de Madrid ocupan las primeras posiciones, mientras que Baleares y Canarias registran los niveles más bajos, a pesar de ser territorios con una fuerte presencia turística.
Perspectivas para 2026: optimismo cauto con altibajos. Los primeros meses del año dibujan un panorama volátil. Enero registró un crecimiento del 0,4%, febrero experimentó una caída del 2,5% y marzo se recuperó con un repunte del 5,7%. El acumulado del primer trimestre se sitúa en un 1,1%, una cifra modesta que, sin embargo, invita a un cierto optimismo condicionado.
Las previsiones del sector apuntan a un crecimiento de entre el 2% y el 4% para el conjunto del ejercicio, siempre que las condiciones meteorológicas acompañen y la incertidumbre económica no empeore. Se espera que abril, impulsado por una climatología favorable, contribuya a consolidar esta tendencia positiva. No obstante, el contexto sigue marcado por la incertidumbre geopolítica, la inflación subyacente y el incremento continuado de los costes operativos, factores que mantendrán al sector en vilo durante los próximos meses.
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Zamácola resume el sentir del sector con una advertencia clara: aunque se vislumbra una ligera mejoría, la senda será irregular y los retos estructurales que arrastra la moda española desde hace más de una década no se resolverán con un par de trimestres de crecimiento favorable. La transformación del modelo comercial, la presión sobre los márgenes y la pérdida de peso en el consumo familiar son desafíos que requieren respuestas estratégicas de calado.


