Un clamor ciudadano sacude el panorama digital europeo. El 86% de los españoles considera prioritario que la Unión Europea desarrolle tecnología propia para competir en igualdad de condiciones con Estados Unidos y China, según revela el Informe Soberanía Digital 2026, elaborado por Fundación Telefónica en colaboración con Metroscopia. La cifra, contundente, refleja un creciente malestar ante la dependencia tecnológica del continente y una exigencia clara: Europa debe tomar las riendas de su futuro digital.
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El estudio, que ha recogido las opiniones de 2.000 ciudadanos y 300 responsables tecnológicos de empresas españolas, pone sobre la mesa una realidad incómoda. Aunque la preocupación por la dependencia digital es masiva, el concepto de «soberanía digital» sigue siendo un gran desconocido. Tan solo el 29% de los encuestados afirma haber oído hablar de este término, lo que revela una paradoja: la ciudadanía intuye el problema, pero carece del lenguaje técnico para nombrarlo.
La dependencia tecnológica, una amenaza real
Los datos del informe no dejan lugar a dudas. El 82% de los españoles cree que Europa depende en exceso de empresas tecnológicas extranjeras, mientras que el 69% considera que el continente está perdiendo la carrera frente a Estados Unidos y China en sectores clave como la inteligencia artificial, el cloud computing y la fabricación de semiconductores. Más preocupante aún: el 62% percibe esta situación como una auténtica amenaza para la seguridad del continente.
Esta inquietud no se limita al plano geopolítico. La protección de los datos personales se ha convertido en una de las grandes asignaturas pendientes. Nueve de cada diez encuestados manifiestan su inquietud por el acceso de empresas no europeas a su información bancaria, y más del 75% expresa serias reservas sobre el uso que se pueda hacer de sus datos sanitarios, patrimoniales o de localización. La sombra de los gigantes tecnológicos extranjeros se cierne sobre la privacidad de los europeos.
Optimismo condicionado: los ciudadanos quieren alternativas europeas
A pesar del panorama sombrío, el informe arroja un dato esperanzador. El 70% de los encuestados asegura que utilizaría plataformas europeas si estas ofrecieran prestaciones similares a las de sus competidores internacionales. Esta cifra sugiere que no existe una fidelidad ciega hacia las grandes corporaciones estadounidenses o chinas, sino más bien una ausencia de alternativas viables.
La demanda de cambio también se dirige a las administraciones públicas. El 87% de los ciudadanos considera que los gobiernos deben impulsar activamente el desarrollo de tecnologías propias, lo que sitúa la soberanía digital como una prioridad política de primer orden. La ciudadanía no solo reclama, sino que responsabiliza a sus representantes de actuar en consecuencia.
Europa se moviliza: leyes e inversiones
El debate sobre la autonomía tecnológica europea no es nuevo, pero en los últimos años ha cobrado una fuerza inusitada. La Unión Europea ha puesto en marcha una estrategia ambiciosa para reducir la dependencia de proveedores extranjeros en sectores considerados estratégicos. La aprobación de la Ley de Mercados Digitales (DMA) y la Ley de Inteligencia Artificial (AI Act), junto con inversiones millonarias en infraestructuras cloud, centros de datos y fabricación de chips, forman parte de un plan integral para fortalecer el ecosistema tecnológico del continente.
En este contexto, Fundación Telefónica ha anunciado la creación de THINK&DO TECH, un espacio de colaboración diseñado para conectar empresas, instituciones y expertos. El objetivo: impulsar un modelo tecnológico europeo basado en la innovación, la seguridad, la ética y la protección de datos. Una iniciativa que aspira a convertir la preocupación ciudadana en acciones concretas.
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Más que economía: una cuestión de soberanía
Los resultados del estudio trascienden lo meramente económico. La exigencia de una mayor autonomía tecnológica responde a una necesidad múltiple: reforzar la competitividad global, proteger los datos de los ciudadanos y garantizar que Europa tenga capacidad para desarrollar tecnologías estratégicas en un contexto de creciente rivalidad internacional.
La ciudadanía española ha hablado claro. La tecnología propia no es un lujo, sino una necesidad estratégica. Y mientras el 86% exige acción, el reloj de la dependencia sigue corriendo. La pregunta ahora es si las instituciones europeas estarán a la altura del clamor popular.


