Inflación en alza y cautela económica, el nuevo escenario que anticipan los analistas para Colombia, el inicio de 2026 llega acompañado de un ajuste significativo en las expectativas económicas de Colombia. Lejos del optimismo moderado que predominó hacia finales de 2025, los analistas comienzan el año con una visión más cautelosa, marcada principalmente por un repunte en las proyecciones de inflación, cambios en las perspectivas de tasas de interés y un crecimiento económico que, aunque positivo, muestra señales de desaceleración.
Así lo revela la más reciente Encuesta Mensual de Expectativas del Banco de la República, un instrumento clave para entender cómo los principales analistas, centros de investigación y actores del mercado financiero perciben el rumbo de la economía nacional. El sondeo, correspondiente a enero de 2026, muestra un ajuste sustancial frente a los resultados publicados apenas un mes atrás, especialmente en lo relacionado con el comportamiento de los precios.
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La inflación vuelve a encender alertas
Uno de los datos más relevantes del informe es el incremento pronunciado en las expectativas de inflación para 2026. Según la media de las respuestas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) cerraría el año en 6,37 %, una cifra considerablemente más alta que la proyectada en diciembre de 2025, cuando se estimaba un cierre de 4,59 %.
El ajuste representa un aumento cercano a 1,7 puntos porcentuales, lo que confirma que los analistas han incorporado nuevos factores de presión inflacionaria al escenario macroeconómico. Entre ellos, destaca el fuerte incremento del salario mínimo, los ajustes en costos laborales, la inercia inflacionaria acumulada y la persistencia de presiones en algunos rubros clave de la canasta de consumo.
Este nuevo nivel de inflación esperada no solo se aleja del rango meta del Banco de la República (3 %), sino que refuerza la percepción de que el proceso de desinflación será más lento y complejo de lo que se anticipaba meses atrás.
2027: una convergencia más lenta hacia la meta
Las expectativas para 2027 también se ajustaron al alza. De acuerdo con la encuesta, los analistas prevén que la inflación se ubique en 4,70 %, una cifra que supera en casi un punto porcentual la proyección anterior, que apuntaba a un nivel cercano al 3,8 %.
Aunque el dato muestra una reducción frente al cierre esperado de 2026, sigue estando claramente por encima de la meta de largo plazo del banco central. Esto sugiere que el mercado anticipa un proceso de convergencia gradual, condicionado por factores estructurales como la indexación de precios, los costos salariales y la evolución de los servicios.
Inflación sin alimentos: una señal de persistencia
Un elemento clave del análisis es el comportamiento de la inflación sin alimentos, indicador que permite medir las presiones más estructurales sobre los precios. Según las nuevas proyecciones, este componente del IPC llegaría a 6,61 % en 2026 y a 4,95 % en 2027.
Estos niveles refuerzan la idea de que las presiones inflacionarias no están limitadas a choques temporales o a productos específicos, sino que reflejan una dinámica más persistente, asociada a costos de producción, servicios, arriendos y salarios.
Para los analistas, este escenario reduce el margen de maniobra de la política monetaria y obliga al Banco de la República a mantener una postura prudente en sus decisiones de tasas.
El salario mínimo y su impacto en los precios
Uno de los factores que más peso tiene en la revisión de expectativas es el aumento del salario mínimo para 2026, que fue superior a lo anticipado inicialmente por el mercado. Si bien el incremento busca proteger el poder adquisitivo de los trabajadores, también tiene efectos colaterales sobre los costos empresariales, especialmente en sectores intensivos en mano de obra.
Estos mayores costos tienden a trasladarse, total o parcialmente, a los precios finales, alimentando la inflación de servicios y fortaleciendo la inercia inflacionaria. En este contexto, los analistas advierten que el impacto del ajuste salarial podría extenderse más allá de los primeros meses del año.
Crecimiento económico: señales de moderación
En contraste con la inflación, las expectativas sobre el crecimiento económico muestran una leve corrección a la baja. La encuesta indica que la economía colombiana crecería 2,80 % en 2026, una cifra ligeramente inferior al 2,86 % proyectado en el sondeo anterior.
Aunque la diferencia es marginal, refleja una percepción de menor dinamismo, asociada a condiciones financieras más restrictivas, un consumo que pierde impulso y un entorno internacional todavía incierto.
Para 2027, los analistas prevén que el crecimiento se mantenga estable, con una proyección cercana al 2,90 %, especialmente apoyado en una recuperación gradual de la inversión y una mejora en algunos indicadores externos.
Un crecimiento positivo, pero insuficiente
Si bien las cifras de crecimiento se mantienen en terreno positivo, varios analistas coinciden en que estos niveles son insuficientes para cerrar brechas estructurales, generar empleo de calidad y sostener una expansión robusta de la economía.
El desafío para Colombia en los próximos años será lograr un equilibrio entre la estabilidad macroeconómica y la reactivación del crecimiento, en un entorno donde la inflación elevada limita la capacidad de estímulo monetario.
Dólar: expectativas más favorables
En el frente cambiario, las expectativas muestran un ajuste a la baja. Los encuestados proyectan que la Tasa Representativa del Mercado (TRM) cierre 2026 en un rango entre $3.800 y $3.850, lo que representa una mejora frente a las estimaciones de diciembre de 2025, cuando se esperaba un nivel cercano a $3.966.
Este ajuste responde, en parte, al comportamiento reciente del dólar, que ha iniciado el año por debajo de los $3.700, impulsado por flujos de capital, una percepción de mayor estabilidad local y un entorno externo algo más favorable.
Para 2027, las proyecciones apuntan a una TRM promedio de $3.893, lo que sugiere un ajuste gradual y controlado, sin movimientos abruptos en el corto plazo.
Tasas de interés: un posible giro al alza
Uno de los cambios más significativos en la encuesta está relacionado con la tasa de intervención del Banco de la República. Para diciembre de 2026, los analistas prevén que el indicador se ubique en 11,13 %, lo que representa un aumento cercano a 2 puntos porcentuales frente a la expectativa registrada en la encuesta de diciembre de 2025, cuando se estimaba en 9,25 %.
Este ajuste refleja la percepción de que el banco central podría verse obligado a endurecer su postura monetaria si las presiones inflacionarias persisten o se intensifican.
Un banco central en modo cautela
Durante los últimos meses, la Junta Directiva del Banco de la República ha optado por una estrategia de prudencia, manteniendo las tasas sin cambios para evitar presiones adicionales sobre la actividad económica.
Sin embargo, el repunte en las expectativas de inflación y la persistencia de riesgos al alza aumentan la probabilidad de que el Emisor considere ajustes en su política monetaria, especialmente si los indicadores de precios no muestran una desaceleración clara en los próximos trimestres.
Un panorama económico más desafiante
En conjunto, los resultados de la Encuesta Mensual de Expectativas del Banco de la República dibujan un escenario macroeconómico más desafiante para Colombia. La inflación vuelve a posicionarse como la principal preocupación, mientras que el crecimiento económico avanza a un ritmo moderado y las decisiones de política monetaria se tornan más complejas.
Para analistas y agentes del mercado, el 2026 será un año clave para evaluar la efectividad de las medidas adoptadas y la capacidad de la economía para transitar hacia un equilibrio más sostenible entre crecimiento, estabilidad de precios y confianza.
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Expectativas que marcan la agenda
Más allá de las cifras, el ajuste en las expectativas refleja un cambio en el sentimiento del mercado. La cautela gana terreno frente al optimismo, y las decisiones económicas tanto públicas como privadas estarán cada vez más influenciadas por la evolución de la inflación, el comportamiento del salario mínimo y la respuesta del Banco de la República.
El reto será navegar un entorno donde las presiones inflacionarias conviven con la necesidad de sostener el crecimiento, en un contexto local e internacional que exige prudencia, consistencia y visión de largo plazo.


