Uno de los aportes más destacados fue el de Jon Clay, Vicepresidente de Threat Intelligence de Trend Micro, quien subrayó que la ciberseguridad ya no es solamente un problema técnico, sino un asunto económico y de desarrollo que impacta directamente en la competitividad y sostenibilidad de los países. Según Clay, la inequidad cibernética es decir, las brechas entre naciones y sectores en materia de preparación es tan peligrosa como las vulnerabilidades técnicas en sí mismas.
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La ciberseguridad como tema de desarrollo económico
Durante décadas, las conversaciones sobre ciberseguridad se centraron en la protección de sistemas y datos. Hoy, sin embargo, la perspectiva es mucho más amplia. Las economías latinoamericanas están cada vez más digitalizadas, y la exposición a incidentes de seguridad puede tener consecuencias profundas: pérdida de confianza de los consumidores, interrupción de servicios esenciales, impacto en la estabilidad financiera y hasta riesgos para la seguridad nacional.
Clay resaltó que elevar la conversación de la ciberseguridad a nivel de juntas directivas y gobiernos es inaplazable. Los líderes no necesitan conocer frameworks técnicos ni lenguajes especializados, sino comprender el impacto directo en el riesgo de negocio y en la continuidad operativa. En ese sentido, la ciberseguridad debe dejar de ser percibida como un gasto tecnológico y asumirse como una inversión estratégica para el desarrollo.
Los cinco ejes estratégicos para la resiliencia cibernética en la región
Trend Micro presentó cinco líneas de acción que resumen los retos y oportunidades inmediatos de América Latina en materia de ciberseguridad:
1. Principales causas de brechas de seguridad
El equipo de respuesta de la compañía ha identificado cuatro factores recurrentes detrás de la mayoría de los incidentes:
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Mala gestión de identidades y accesos.
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Vulnerabilidades en aplicaciones heredadas.
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Dispositivos desconocidos dentro de las redes corporativas.
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Ataques a la cadena de suministro.
La buena noticia es que gran parte de estos problemas pueden mitigarse con prácticas básicas de higiene digital. Acciones como implementar el principio de privilegio mínimo, actualizar software de forma constante y monitorear el acceso a redes son pasos que marcan una diferencia significativa.
2. Inteligencia artificial aplicada a la ciberseguridad
La IA está transformando la forma en que las organizaciones pueden defenderse. Pasar de un enfoque reactivo a uno proactivo basado en riesgos permite mapear superficies de ataque, evaluar vulnerabilidades de activos críticos y priorizar defensas. Sin embargo, los atacantes aún explotan fallas básicas, lo que subraya la importancia de que las empresas adopten controles mínimos y prácticas consistentes.
Además, el uso responsable de la IA debe incluir la capacitación de colaboradores, evitando que la falta de adopción interna los deje rezagados frente a ciberdelincuentes u organizaciones más ágiles.
3. Nuevas vulnerabilidades en la transformación digital
La integración acelerada de tecnologías emergentes como la nube, IoT y sistemas de inteligencia artificial amplía de manera considerable la superficie de ataque. Esto plantea dos necesidades críticas:
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Regulaciones modernas y adaptadas al contexto digital.
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Colaboración público-privada para proteger infraestructuras críticas, desde redes de energía hasta sistemas de salud.
La falta de controles adecuados puede convertir a sectores enteros en blancos fáciles de ciberataques que trascienden fronteras.
4. Colaboración global contra el cibercrimen
Uno de los puntos más relevantes del evento fue la mención del Cybercrime Atlas, una plataforma internacional que documenta y analiza los métodos de operación de ciberdelincuentes. Este esfuerzo es resultado de la Partnership Against Cybercrime, que involucra al sector privado, gobiernos y cuerpos de seguridad.
La lógica detrás es clara: los criminales operan sin reconocer fronteras, por lo que la defensa también debe ser global y colaborativa. América Latina necesita sumarse con mayor fuerza a este tipo de iniciativas, aportando información, compartiendo experiencias y adoptando un enfoque regional que incremente la capacidad de respuesta.
5. Educación y formación desde edades tempranas
La ciberseguridad no es solo una cuestión de expertos técnicos. La conciencia digital debe cultivarse desde la niñez. Programas como Internet Safety para niños y familias buscan precisamente preparar a las nuevas generaciones para un entorno en el que la vida personal, académica y profesional depende cada vez más de la tecnología.
Del mismo modo, las empresas deben invertir en capacitación constante para sus empleados. El capital humano preparado es la primera línea de defensa contra amenazas que evolucionan rápidamente.
Desconfianza en la capacidad de respuesta: un problema regional
El Cybersecurity Outlook Report refleja un dato preocupante: el 42% de los encuestados en América Latina no confían en la capacidad de sus países para responder ante amenazas cibernéticas, frente a un 15% en Europa y Norteamérica. La brecha es evidente y afecta sobre todo a las pequeñas y medianas empresas (pymes), que carecen de recursos para robustecer sus defensas.
Desde 2022, el número de pymes que no se consideran resilientes frente a ciberataques se multiplicó por siete, una tendencia alarmante que amenaza el tejido empresarial de la región.
El reto de los CISOs: hablar el lenguaje del negocio
Los responsables de seguridad de la información (CISOs) enfrentan un desafío doble: fortalecer las defensas internas y convencer a los directivos sobre la importancia de invertir en ciberseguridad. Para lograrlo, deben abandonar la jerga técnica y adoptar un lenguaje de negocio, mostrando cómo una inversión en protección puede significar continuidad, crecimiento y reputación.
En este sentido, la ciberseguridad debe ser vista no como un tema aislado de TI, sino como un elemento esencial de la estrategia corporativa y gubernamental.
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Una urgencia compartida
América Latina está en una encrucijada. Mientras la digitalización ofrece oportunidades enormes para el desarrollo económico y social, también expone a la región a amenazas globales sin precedentes. La inequidad cibernética, la falta de confianza en las capacidades nacionales y la vulnerabilidad de las pymes son señales de alerta que exigen una acción coordinada y urgente.
La clave está en un enfoque colaborativo: gobiernos, empresas, instituciones educativas y sociedad civil deben trabajar juntos para construir una cultura de seguridad digital sólida. Solo así será posible cerrar las brechas, resistir los ataques y aprovechar plenamente el potencial de la transformación digital.
