Bancarización incompleta, el reto del crédito en Colombia, en los últimos años, Colombia ha celebrado con entusiasmo avances significativos en materia de inclusión financiera. Las cifras parecen contundentes: más del 96 % de los adultos en el país cuenta con al menos un producto financiero, lo que a simple vista podría interpretarse como un logro cercano a la universalización del sistema bancario. Sin embargo, detrás de este indicador se esconde una realidad más compleja y menos optimista.
Tal como advierte Daniel Materón, CEO de RapiCredit, este avance responde más a una expansión en el acceso básico cuentas de ahorro y billeteras digitales que a una verdadera inclusión financiera. El fenómeno, conocido como sub-bancarización, evidencia que una gran parte de la población aún no tiene acceso a herramientas clave como el crédito formal, lo que limita su capacidad de progreso económico.
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La ilusión de la inclusión financiera
La expansión de productos financieros en Colombia ha estado marcada por el crecimiento de las billeteras digitales y las cuentas simplificadas. Estas herramientas han facilitado el acceso al sistema financiero, permitiendo que millones de personas puedan recibir pagos, realizar transferencias y gestionar su dinero de forma digital.
Sin embargo, este avance ha generado una percepción engañosa de inclusión. Tener una cuenta no significa necesariamente estar integrado plenamente al sistema financiero.
El problema radica en que:
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el acceso al crédito formal sigue siendo limitado
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la mayoría de los usuarios no puede financiar proyectos o enfrentar emergencias
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persisten barreras estructurales para sectores vulnerables
De hecho, apenas el 35,5 % de la población ha logrado acceder a crédito formal, lo que revela una brecha significativa.
Sub-bancarización: un problema estructural
La sub-bancarización es un fenómeno que refleja una inclusión parcial. Es decir, las personas tienen acceso a servicios básicos, pero carecen de herramientas más complejas que les permitan mejorar su calidad de vida.
En este contexto, millones de colombianos enfrentan una paradoja:
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pueden guardar su dinero
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pero no pueden acceder a financiamiento
Esta limitación tiene consecuencias directas en la economía personal y familiar, ya que impide:
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invertir en emprendimientos
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enfrentar gastos imprevistos
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mejorar condiciones de vida
Como resultado, muchos terminan recurriendo a alternativas informales.
El riesgo del crédito informal
La falta de acceso al crédito formal ha dado lugar a la proliferación de prácticas como:
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el agiotismo
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los préstamos informales
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esquemas de usura
Estas opciones, aunque accesibles, suelen implicar tasas de interés elevadas y condiciones poco transparentes, lo que agrava la vulnerabilidad financiera de los usuarios.
En este escenario, la billetera digital sin opciones de financiamiento se convierte en una solución incompleta, incapaz de transformar realmente la situación económica de las personas.
El papel de las fintech
Frente a estas limitaciones, las empresas fintech han comenzado a desempeñar un papel clave en la democratización del crédito.
A través del uso de tecnología y análisis de datos, estas compañías pueden evaluar el riesgo crediticio de personas que tradicionalmente han sido excluidas por la banca tradicional.
Esto les permite:
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ampliar el acceso al crédito
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reducir barreras de entrada
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ofrecer productos más flexibles
Un ejemplo de este avance es el caso de RapiCredit, que logró otorgar más de 1,3 millones de créditos digitales en 2025, demostrando la viabilidad de este modelo.
Tecnología y datos: una nueva oportunidad
El uso de algoritmos y análisis de datos ha transformado la forma en que se evalúa el riesgo crediticio.
A diferencia de los modelos tradicionales, que dependen de historiales financieros formales, las fintech pueden utilizar información alternativa para tomar decisiones más inclusivas.
Esto incluye:
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comportamiento digital
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patrones de consumo
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historial de pagos no tradicionales
Este enfoque permite incluir a personas que antes eran consideradas “no bancarizables”.
Los riesgos de la inmediatez
Sin embargo, la digitalización del crédito también plantea desafíos importantes.
La facilidad para acceder a financiamiento con un solo clic puede generar riesgos si no se acompaña de educación financiera.
Entre los principales riesgos se encuentran:
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sobreendeudamiento
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falta de comprensión de las condiciones
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decisiones impulsivas
Por ello, es fundamental que la innovación tecnológica vaya de la mano con procesos de formación y acompañamiento al usuario.
Educación financiera: un pilar fundamental
Para que el acceso al crédito tenga un impacto positivo, es necesario que los usuarios comprendan cómo utilizarlo de manera responsable.
La educación financiera permite:
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tomar decisiones informadas
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planificar el uso del crédito
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evitar el sobreendeudamiento
Un usuario informado no solo mejora su situación personal, sino que también fortalece la confianza en el sistema financiero.
El rol de los “constructores de puentes”
En este nuevo ecosistema, surge la necesidad de líderes que actúen como articuladores entre tecnología, regulación y usuarios.
Materón define este rol como el de “constructores de puentes”, responsables de integrar distintos elementos como:
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ciberseguridad
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monitoreo transaccional
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educación del cliente
Estos actores son clave para garantizar que la innovación sea sostenible y beneficiosa para la sociedad.
La dimensión macroeconómica
La democratización del crédito no solo tiene implicaciones a nivel individual, sino también en el ámbito macroeconómico.
El acceso al financiamiento formal contribuye a:
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reducir la desigualdad
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estimular el crecimiento económico
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mejorar la eficiencia de la política monetaria
En este contexto, el Banco de la República juega un papel fundamental, ya que es la entidad encargada de regular la moneda y el crédito en el país.
Mantener la estabilidad económica es esencial para garantizar que el crédito sea sostenible y beneficioso.
Crédito responsable como motor de desarrollo
El crédito, cuando se diseña y utiliza adecuadamente, puede convertirse en una herramienta poderosa para el desarrollo.
Permite:
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financiar emprendimientos
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mejorar la calidad de vida
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generar oportunidades
Sin embargo, su impacto depende de que se ofrezca bajo condiciones responsables y transparentes.
De la inclusión por acceso a la inclusión real
El principal desafío para Colombia en 2026 es avanzar hacia un modelo de inclusión financiera que vaya más allá del acceso.
Esto implica pasar de:
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tener una cuenta
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a utilizar productos financieros de manera efectiva
La inclusión real se mide por la capacidad de las personas para mejorar su bienestar, no solo por su presencia en el sistema.
El papel del sector privado
Las empresas tecnológicas y financieras tienen una responsabilidad clave en este proceso.
Deben diseñar productos que:
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se ajusten a la capacidad de pago de los usuarios
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respondan a las necesidades reales
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consideren las diferencias regionales
Además, deben priorizar la transparencia y la protección del consumidor.
Innovación con enfoque humano
Uno de los aspectos más relevantes del debate es la necesidad de poner a las personas en el centro de la innovación.
La tecnología no debe ser un fin en sí mismo, sino una herramienta para mejorar la calidad de vida.
Esto implica:
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diseñar soluciones inclusivas
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garantizar la equidad
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promover el bienestar
El futuro de la inclusión financiera
El camino hacia una inclusión financiera real en Colombia requiere esfuerzos coordinados entre:
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gobierno
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sector privado
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academia
Solo a través de esta colaboración será posible construir un sistema más justo y eficiente.
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La bancarización en Colombia ha avanzado de manera significativa, pero aún enfrenta desafíos estructurales que limitan su impacto.
El acceso a cuentas y billeteras digitales es solo el primer paso. El verdadero reto está en garantizar que las personas puedan utilizar herramientas financieras de manera efectiva para mejorar su bienestar.
La democratización del crédito, acompañada de educación financiera y regulación adecuada, será clave para cerrar esta brecha.
El éxito del sistema financiero no se medirá por la cantidad de cuentas abiertas, sino por la capacidad de transformar vidas.
Por Daniel Materón, CEO de RapiCredit


