Viña Santa Carolina, una de las bodegas más emblemáticas de Chile y con más de 140 años de trayectoria, enfrenta un escenario desafiante en 2025. La compañía debió cerrar de manera definitiva su filial en Estados Unidos, mientras que en Asia sufrió la drástica reducción de compras por parte de su principal cliente en Japón.
Estos dos hechos se enmarcan en una coyuntura global compleja para la industria vitivinícola, donde los cambios en el consumo y la presión de los costos están poniendo a prueba la resiliencia de las viñas chilenas.
La situación impacta directamente en los resultados de su matriz, Watt’s, que ve cómo el segmento vitivinícola, encabezado por Santa Carolina, se convierte en una fuente de pérdidas.
Un entorno global desfavorable para el vino
Los últimos años han sido particularmente complicados para el mercado del vino a nivel internacional. Las nuevas generaciones, como la Generación Z y los millennials, muestran una preferencia cada vez menor por bebidas alcohólicas tradicionales, inclinándose hacia alternativas más ligeras, listas para consumir o incluso sin alcohol.
Esta transformación de hábitos ha reducido la frecuencia de socialización en torno al vino y ha disminuido la disposición a gastar en productos que no son considerados de primera necesidad. El fenómeno no es exclusivo de Chile, sino una tendencia mundial que afecta a productores en Europa, Estados Unidos, Oceanía y Sudamérica.
En este escenario, Viña Santa Carolina ha tenido que replantear sus estrategias para enfrentar un mercado cada vez más competitivo y en retracción.
Resultados financieros en rojo para Watt’s
El impacto de estas condiciones globales se refleja en las cifras de Watt’s, empresa matriz de Viña Santa Carolina. Durante el primer semestre de 2025, los ingresos consolidados del grupo alcanzaron los $299.873 millones, equivalentes a una caída de 1% respecto al mismo periodo del año anterior.
El contraste entre segmentos es evidente: mientras que el negocio de alimentos (abarrotes, refrigerados y congelados) creció un 3%, el área vitivinícola retrocedió un 18,5%, explicando la mayor parte del deterioro.
El resultado operacional total llegó a $12.286 millones, un 18,96% menos que en 2024. En particular, el negocio de vinos –donde Santa Carolina es la marca principal– anotó pérdidas por $349 millones en el primer semestre, en comparación con las utilidades de $531 millones obtenidas en igual período del año pasado.
El área vitivinícola de Watt’s se estructura en torno a tres etiquetas: Santa Carolina, Casablanca y la argentina Finca El Origen. Entre ellas, Santa Carolina es la marca más relevante, con presencia en más de 60 países y con mercados estratégicos en Canadá, Brasil, México, Japón y China.
En Chile, la viña posee 577 hectáreas propias distribuidas en los valles del Maipo, Casablanca, Cachapoal, Colchagua y Cauquenes, donde cultiva cepas de alta demanda internacional como Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec, Pinot Noir, Sauvignon Blanc, Chardonnay, Syrah, Carmenere y Petit Verdot.
La operación se complementa con 229 hectáreas productivas en el Valle de Uco, Argentina, una zona reconocida por la calidad de sus vinos premium.
A pesar de esta estructura productiva robusta, Santa Carolina no ha podido escapar de los embates de la industria global, ni de los ajustes que su matriz ha debido implementar para contener pérdidas.
El duro golpe en Japón
Una de las situaciones más críticas para la viña se produjo en el mercado japonés. Su principal cliente en ese país anunció una reducción drástica en la compra de vinos chilenos, argumentando que la devaluación del yen –que se ha depreciado alrededor de 25% en tres años– hacía inviable mantener su negocio de comercialización.
Este retroceso es especialmente doloroso porque Japón era uno de los pilares de exportación de Santa Carolina. Ahora la empresa se ve obligada a diversificar mercados y buscar nuevos socios comerciales para compensar la pérdida.
Según el análisis de Watt’s, la caída responde no solo a la baja demanda, sino también a un tipo de cambio desfavorable, que impactó negativamente en febrero y marzo.
El cierre de la filial en Estados Unidos
Otro hecho relevante fue el cierre definitivo de la filial Carolina Wine Brands USA Inc. en Delaware, Estados Unidos. El proceso de liquidación se formalizó el 30 de abril de 2025, tras la aprobación del directorio y de los accionistas en marzo.
La decisión se tomó luego de años de resultados insuficientes en ese mercado. En los estados financieros, la compañía explicó que el objetivo era cambiar el modelo de comercialización, pasando de una gestión directa con oficina propia a un esquema de distribución a través de terceros.
El costo de esta medida se reflejó en el resultado no operacional, que empeoró en $1.970 millones, principalmente debido a gastos asociados al cierre de la filial.
Factores estructurales detrás de la crisis
Los problemas de Viña Santa Carolina y del segmento vitivinícola de Watt’s no pueden atribuirse únicamente a decisiones puntuales. Existen factores estructurales que explican gran parte del retroceso:
- Reducción del consumo global de vino, especialmente entre los más jóvenes.
- Menores ocasiones de socialización, lo que limita las instancias de consumo.
- Inflación y pérdida de poder adquisitivo, que disminuyen el gasto en bienes no esenciales.
- Altos costos de distribución y logística, sumados a la volatilidad de los tipos de cambio.
Aunque Watt’s reportó una disminución del 13,7% en los costos de distribución, esta fue inferior a la caída en volumen, reflejando un aumento en gastos de despacho y el impacto negativo del tipo de cambio en meses clave.
Como parte de su estrategia de ajuste, Watt’s redujo en 8,3% los gastos de administración del segmento vitivinícola, una baja que se explica principalmente por el cierre de la oficina comercial en EE.UU.
Si bien estas medidas buscan aliviar la presión sobre los resultados, los efectos de corto plazo han sido limitados, dado que la baja en ventas supera los ahorros obtenidos.
Advertencias que venían desde 2024
El presidente de Watt’s, Aníbal Larraín Cruzat, ya había advertido en la memoria 2024 que la industria enfrentaba un escenario extremadamente difícil. En su carta a los accionistas, reconoció que Santa Carolina representa el 9% de las ventas consolidadas y un 10% del Ebitda del grupo, pero advirtió sobre la fuerte caída en mercados asiáticos y el estancamiento del consumo mundial de vino.
Como parte de la estrategia de ese año, se concretó un acuerdo con la española González Byass para distribuir conjuntamente productos en EE.UU., lo que permitió cerrar la oficina en ese mercado, que acumulaba pérdidas relevantes.
El caso de Viña Santa Carolina es reflejo de una crisis más amplia en la vitivinicultura chilena. Para recuperar dinamismo, el sector enfrenta varios desafíos:
- Reinventar la propuesta de valor hacia consumidores jóvenes, con productos más innovadores y accesibles.
- Explorar categorías emergentes, como vinos con menor graduación alcohólica o sin alcohol.
- Ampliar la sostenibilidad como elemento diferenciador frente a mercados exigentes.
- Diversificar mercados para reducir la dependencia de clientes estratégicos en Asia o Norteamérica.
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La historia reciente de Viña Santa Carolina muestra que incluso las marcas más consolidadas pueden verse expuestas a la volatilidad global. El cierre de su filial en Estados Unidos y la pérdida de su principal cliente en Japón son golpes significativos, pero también una señal de que la industria debe transformarse para responder a nuevos hábitos de consumo y condiciones económicas.
El futuro de Santa Carolina dependerá de su capacidad de adaptación, innovación y diversificación, no solo para sostener sus ventas, sino también para mantener vivo el prestigio que ha construido como uno de los íconos del vino chileno en el mundo.
