El pacto de accionistas que rigió por más de 22 años llega a su fin hoy, 1 de julio de 2025, marcando el término del grupo controlador formal en Falabella. Esta transformación representa el cierre de una etapa en la que siete familias mantuvieron una alianza estratégica que definió el rumbo corporativo de una de las mayores compañías del retail en Chile y América Latina.
La noticia fue comunicada oficialmente por la compañía a través de un hecho esencial enviado a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), donde se detalla que las partes involucradas informaron la decisión de no renovar el acuerdo, permitiendo así que expire en la fecha previamente establecida.
El pacto de accionistas, que fue inicialmente suscrito en 2003 y luego renovado en 2013, ha sido una pieza fundamental en la estructura organizacional y de toma de decisiones de Falabella. Su disolución da inicio a una etapa donde el poder se repartirá de manera distinta entre los accionistas, y donde la competencia interna podría redefinir la dirección futura del conglomerado.
En el comunicado entregado al regulador, Falabella dejó en claro que, como consecuencia de este cambio, ajustará la información que publica sobre su estructura empresarial. Esto incluye los detalles sobre quiénes poseen control efectivo de la compañía o forman parte de un eventual bloque con influencia determinante. Con este nuevo escenario, la transparencia y claridad frente al mercado y a los inversionistas se vuelve aún más relevante.
Propiedad accionarial sin acuerdo vinculante
Este cambio, sobre el pacto de accionistas, aunque estructural, no implica que las familias accionistas se desvinculen de la empresa. De hecho, según el último reporte anual correspondiente al ejercicio 2024, las siete familias mantienen un 66,63 % de la propiedad de Falabella. Sin embargo, ya no estarán unidas por un acuerdo legal que las obligue a actuar como bloque, lo que cambia radicalmente la dinámica de control y gobernanza.
El peso relativo de cada familia dentro de la propiedad y la capacidad de influencia que posean individualmente dependerá ahora de sus alianzas, su capacidad de negociación y, en última instancia, de la votación en las próximas elecciones del directorio.
La historia del pacto de accionistas se remonta a un momento clave para Falabella. En 2003, cuando se concretó la fusión con Sodimac, las familias controlaban un 88,72 % de las acciones. Esta unión permitió consolidar una visión compartida y dirigir el crecimiento exponencial de la firma hacia nuevos segmentos del retail y mercados internacionales. Diez años más tarde, en 2013, renovaron el pacto con una participación conjunta del 81,74 %.
En ese entonces, Falabella ya era un gigante multinacional con presencia en varios países de la región, y el acuerdo les otorgaba un marco para mantener cohesión y liderazgo estratégico.
Deterioro de relaciones y contexto adverso
Los últimos años introdujeron cambios inesperados y complejos. Los resultados financieros de 2022 y 2023 estuvieron lejos de las expectativas, impactando negativamente en el valor de las acciones y generando cuestionamientos dentro del grupo controlador. Las tensiones internas aumentaron, y con ellas las diferencias sobre el rumbo que debía tomar la compañía.
La falta de consensos sostenidos debilitó la cohesión que había caracterizado al grupo durante dos décadas. En este contexto, la decisión de poner fin al pacto aparece como un desenlace natural, más que como una sorpresa.
Participación activa sin pacto
Pese al quiebre formal, las familias continuarán participando activamente en la gobernanza de Falabella a través del directorio. La integración del órgano de gobierno seguirá contando con representantes de estos grupos, aunque ahora sin la obligatoriedad de actuar coordinadamente.
Esto podría dar paso a nuevas alianzas temporales, coaliciones estratégicas o incluso rivalidades internas, dependiendo de los temas en discusión.
La fecha clave en este nuevo escenario será abril de 2026, cuando deberá renovarse el directorio de nueve miembros que rige los destinos de la compañía. En ese momento se medirán las fuerzas nuevamente, pero esta vez sin un marco que garantice la unidad de los grupos históricos.
La competencia por los escaños será más abierta, lo que implica un cambio profundo en la dinámica de poder. Aunque la disolución del pacto puede interpretarse como una fragmentación, también abre la posibilidad de una modernización del gobierno corporativo, con mayor diversidad de perspectivas y, potencialmente, una toma de decisiones más ágil y flexible.
Quiénes son las familias detrás de Falabella
Detrás de esta historia se encuentran los clanes familiares que han dado forma a Falabella desde sus orígenes. Se destacan principalmente las tres ramas de las hermanas Solari Falabella —Liliana, Teresa y Luisa, esta última fallecida en 2015—, quienes heredaron el legado empresarial familiar. También está la línea iniciada por Reinaldo Solari Magnasco, fallecido en 2021, cuyo liderazgo fue compartido durante años con su sobrino Juan Cuneo Solari. A ellos se suma la influencia de Sergio Cardone Solari, otro miembro clave de la familia fundadora.
Por último, se encuentran los Del Río, quienes entraron al pacto tras la histórica fusión con Sodimac y han jugado un papel protagónico en la expansión de la empresa, incluyendo su incursión en supermercados con Tottus y centros comerciales a través de Mall Plaza.
Con el pacto extinguiéndose, no se descarta que algunas familias busquen consolidar mayor poder por su cuenta o, por el contrario, optar por fórmulas de cooperación distintas a las utilizadas anteriormente. En este nuevo panorama, el peso de cada familia dependerá en gran medida de su participación accionaria, su influencia en el directorio y su capacidad para formar alianzas efectivas.
A la vez, otros actores del mercado podrían cobrar protagonismo, como inversionistas institucionales o fondos que vean en Falabella una oportunidad para tener una voz más activa en la estrategia corporativa.
Un legado que evoluciona
La empresa, fundada en 1889 por Salvatore Falabella como una sastrería en el centro de Santiago, ha recorrido un largo camino para convertirse en una de las marcas más reconocidas del continente. Ha sabido adaptarse a distintas realidades económicas, tecnológicas y sociales, expandiendo su presencia a mercados como Perú, Colombia, Argentina, México y Brasil. Sin embargo, el contexto actual exige nuevas respuestas.
En un entorno competitivo marcado por la digitalización, el avance del e-commerce, la presión por la sostenibilidad y la exigencia de eficiencia operativa, Falabella necesita una conducción clara y ágil que le permita mantenerse relevante frente a gigantes internacionales y startups disruptivas.
El cambio en la estructura de control puede ser tanto una amenaza como una oportunidad. Por un lado, la falta de cohesión podría traducirse en un directorio fragmentado, con decisiones difíciles de consensuar o estrategias que cambien constantemente de rumbo. Por otro lado, una gobernanza más dinámica y menos jerárquica podría impulsar nuevas ideas, permitir un mayor foco en la innovación y fomentar una cultura empresarial más adaptativa.
Desde la perspectiva del mercado financiero, este giro será observado con atención. La acción de Falabella, que ha sufrido vaivenes en los últimos años, podría verse influida por la percepción de los inversionistas sobre la capacidad de la empresa para navegar este nuevo capítulo. La transparencia con la que la compañía enfrente esta transición, así como la solidez de su gestión ejecutiva, jugarán un rol clave en mantener la confianza de los accionistas.
Una empresa en transición estratégica
De cara al futuro, Falabella deberá reenfocar su estrategia en varios frentes. La transformación digital sigue siendo una prioridad, especialmente en un contexto donde los hábitos de consumo han cambiado de manera estructural. La integración entre canales físicos y online es hoy una necesidad, más que una opción. Asimismo, la eficiencia operativa será esencial para mejorar márgenes y responder a un consumidor cada vez más exigente y consciente del valor.
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El término del pacto de accionistas también podría acelerar procesos de reorganización interna, fusiones, adquisiciones o incluso desinversiones en unidades de negocio que no estén alineadas con la visión estratégica de largo plazo.
Más allá de lo financiero, la imagen de marca y la percepción pública de Falabella también están en juego. Como uno de los principales empleadores del país y una marca cercana para millones de consumidores, la compañía tiene la responsabilidad de demostrar estabilidad, visión de futuro y compromiso con la calidad de servicio, sin importar los cambios internos que enfrente.
En definitiva, el fin del pacto de accionistas marca un hito en la historia de Falabella. No solo representa la conclusión de una etapa de control coordinado, sino también el inicio de un proceso más abierto, competitivo y posiblemente innovador. Con abril de 2026 como horizonte clave para definir su próxima gobernanza, la empresa se encuentra en una encrucijada histórica. El modo en que afronte este nuevo escenario determinará su posición no solo en el mercado local, sino también en el competitivo entorno regional e internacional del retail.


