El panorama para la industria láctea en Panamá ha alcanzado un punto de inflexión crítico al cierre de 2025 y el inicio de 2026. Según los datos más recientes compartidos por gremios como la Asociación Nacional de Procesadores de Leche (Anaprole) y el Sindicato de Industriales de Panamá (SIP), el sector enfrenta una «tormenta perfecta» compuesta por la apertura comercial del Tratado de Promoción Comercial (TPC) con Estados Unidos, el auge de los productos sucedáneos y una contracción en el consumo interno.
Durante el año 2025, la producción y el procesamiento de lácteos en el país registraron una caída cercana al 9%. Natzare Bermúdez, presidenta de Anaprole, aclaró que esta reducción no se debió a una falta de voluntad por parte de las procesadoras (que agrupan a marcas como Nestlé, Estrella Azul, Nevada y Queso Chela), sino a que el mercado de productos terminados se ha encogido significativamente. Las industrias continúan comprando la totalidad de la leche producida en las fincas panameñas, pero la demanda en los anaqueles simplemente no está respondiendo con la misma fuerza.
El desafío del TPC: Aranceles en cero
El mayor desafío estructural viene dictado por el calendario del TPC con Estados Unidos. A partir de 2026, rubros sensibles como la leche fluida, el yogur y la mantequilla han comenzado a entrar al país con arancel cero. Este proceso de desgravación continuará intensificándose en 2027 y 2028 con otros derivados lácteos y quesos, dejando a la producción nacional en una posición de competencia directa y sin protecciones frente a la potente industria estadounidense.
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Los industriales advierten que esta situación pone en riesgo la soberanía alimentaria y miles de empleos. La competencia no solo proviene de la leche importada, sino también de los sucedáneos (productos que imitan a la leche pero tienen otros componentes), cuyas importaciones ya superan los 100 millones de dólares anuales. Estos productos, a menudo más económicos, están desplazando a la leche nacional en la cesta de compra de los panameños.
Consumo interno: Una brecha por cerrar
Otro factor preocupante es el bajo nivel de consumo per cápita. En Panamá, el consumo anual de leche ronda los 110 litros por persona, una cifra que se queda corta frente a los 180 litros recomendados por la FAO y los niveles de países vecinos como Costa Rica, donde el consumo llega a los 220 litros. Esta brecha representa tanto una debilidad nutricional para la población como un mercado potencial que la industria nacional no está logrando capturar frente a las opciones importadas.
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Ante este escenario, los gremios insisten en la necesidad de que el Gobierno Nacional active mecanismos de defensa comercial y promueva campañas de consumo para el producto local. Con la mirada puesta en 2030, año en el que caerán las últimas barreras arancelarias para rubros como el pollo, el sector lácteo se perfila como el primer gran termómetro de la capacidad de la industria agroalimentaria panameña para sobrevivir y adaptarse a un mercado globalizado y sin fronteras.



