La orden de un nuevo escrutinio general a menos de tres semanas del traspaso de mando coloca al país en una situación de vulnerabilidad jurídica extrema, desafiando la autoridad del órgano electoral y el reconocimiento internacional.
Honduras ha ingresado en una fase de incertidumbre crítica tras la decisión del Gobierno de la presidenta Xiomara Castro de decretar un recuento total de votos de los comicios del pasado 30 de noviembre. Esta medida, impulsada desde el Congreso y ratificada por el Ejecutivo, ocurre a solo 17 días de la fecha constitucional para la transición de poder, programada para el 27 de enero. El conflicto no solo amenaza la estabilidad interna del país, sino que se proyecta como un nuevo foco de inestabilidad en una Centroamérica ya marcada por la polarización.
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Honduras en la encrucijada: Crisis institucional y riesgos
El decreto gubernamental instruye al Consejo Nacional Electoral (CNE) a repetir el conteo en los tres niveles electivos, bajo el argumento de presuntas irregularidades e injerencia externa. No obstante, esta orden colisiona con la declaración oficial del CNE del 24 de diciembre, que proclamó como ganador a Nasry “Tito” Asfura, del Partido Nacional, tras imponerse por un estrecho margen al liberal Salvador Nasralla.
Para diversos analistas jurídicos y sectores de la oposición, esta maniobra constituye un atentado contra la seguridad jurídica y la autonomía de las instituciones. El desconocimiento de resultados ya oficializados por la autoridad competente genera un vacío legal de consecuencias imprevisibles, especialmente considerando que la candidata oficialista, Rixi Moncada, quedó desplazada al tercer lugar.
Reacción internacional y aislamiento diplomático
La respuesta de la comunidad internacional ha sido inmediata y contundente, reflejando el temor a un efecto dominó de inestabilidad regional:
- Bloque Regional: Países como Argentina, Costa Rica, Ecuador, Guatemala y República Dominicana, entre otros, han emitido un comunicado conjunto rechazando el decreto y reafirmando su reconocimiento a Asfura como presidente electo.
- Presión de Estados Unidos: El Departamento de Estado ha advertido sobre «consecuencias graves» ante cualquier intento de revertir los resultados de manera extralegal, alineándose con la postura de la OEA sobre el respeto a la voluntad popular expresada en las urnas.
- Organismos Internacionales: La OEA ha subrayado el riesgo institucional que implica la anulación de facto de la autoridad del CNE por parte de los otros poderes del Estado.
En este escenario de alta tensión, el rol de las Fuerzas Armadas de Honduras se vuelve crucial. Aunque el alto mando ha garantizado la custodia del material electoral y ha manifestado su respeto a la declaración oficial del CNE, la advertencia del Congreso sobre asumir directamente el recuento si el órgano electoral no lo inicia plantea una posible colisión de poderes sin precedentes.
Implicaciones para el clima de inversión y la gobernabilidad
Desde una perspectiva económica, este «loop» descendente de crisis impacta directamente en la confianza de los mercados y en la calificación de riesgo país. La incertidumbre sobre quién asumirá la jefatura del Estado el 27 de enero paraliza la inversión extranjera y debilita la posición de Honduras como socio comercial en la región.
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Honduras se encuentra hoy ante un dilema de supervivencia democrática. El desenlace de esta crisis electoral determinará no solo la legitimidad del próximo gobierno, sino también la solidez de las instituciones republicanas frente a las presiones del poder político de turno.
Fuente: Revistaeyn.com



