El Salvador se proyecta hacia 2025 con una senda de crecimiento económico sostenido, estimada en un 3 %. Si bien sectores como la construcción, las energías renovables y el turismo continúan impulsando el Producto Interno Bruto (PIB), el país se enfrenta a una paradoja estructural: la persistencia de una tasa de pobreza que afecta al 29.9 % de la población.
El Salvador se proyecta con crecimiento económico sostenido
En el contexto centroamericano, El Salvador se ubica en una posición intermedia en cuanto a indicadores de pobreza, superando a naciones como Honduras y Guatemala, pero aún distante de los niveles de inclusión logrados por Panamá y Costa Rica.
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El dinamismo reciente ha estado anclado en la estabilidad macroeconómica y la inversión en infraestructura. No obstante, para que este flujo de capital se traduzca en una reducción real de la pobreza, es necesario trascender el modelo de servicios básicos y apostar por la Inversión Extranjera Directa (IED) en sectores de alto valor agregado.
Con una IED que rondó los $400 millones en el último registro anual, el reto consiste en atraer capitales hacia la tecnología, la manufactura avanzada y la agroindustria, sectores con capacidad para generar empleo formal y elevar la productividad nacional.
Hacia un modelo de desarrollo inclusivo
Para que el crecimiento del 3 % se convierta en prosperidad compartida, los expertos sugieren una hoja de ruta basada en cuatro pilares estratégicos:
- Fortalecimiento del Capital Humano: Inversión masiva en educación técnica y digitalización para alinear la oferta laboral con las demandas del mercado global.
- Aprovechamiento del Nearshoring: Posicionar a El Salvador como un aliado logístico estratégico para empresas norteamericanas, aprovechando la infraestructura en desarrollo, como el viaducto de Los Chorros.
- Economía Digital y Transición Verde: Fomentar ecosistemas de innovación y el uso de energías competitivas que atraigan empresas con criterios de sostenibilidad.
- Inclusión Financiera: Facilitar el acceso al crédito para emprendedores y pequeñas empresas, democratizando el capital productivo.
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El crecimiento proyectado para 2025 es una base sólida, pero insuficiente por sí sola. El éxito del modelo salvadoreño no se medirá únicamente por el incremento del PIB, sino por su capacidad de cerrar las brechas estructurales y garantizar que el desarrollo llegue a ese tercio de la población que aún vive en situación de vulnerabilidad.
Fuente: El Salvador.com


