El sueño de la casa propia en Panamá atraviesa uno de sus momentos más complejos en años recientes. Lo que históricamente ha sido un motor de crecimiento para la economía nacional —el sector de la construcción y el mercado inmobiliario—, hoy enfrenta vientos en contra que han derivado en una caída del 34% en la aprobación de nuevos créditos hipotecarios preferenciales durante el primer cuatrimestre de 2026. Esta cifra no es solo un número estadístico; representa una barrera creciente para las familias panameñas que aspiran a la estabilidad patrimonial.
Un escenario de contracción sin precedentes
El mercado inmobiliario panameño ha registrado una desaceleración acumulada del 55% entre 2024 y 2025, tendencia que se ha consolidado con una reducción de casi el 30% solo en el último año. En términos financieros, la aprobación de préstamos subsidiados alcanzó los $132 millones entre enero y abril de 2026, lo que equivale a una reducción de $68 millones en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Esta realidad es particularmente palpable en los segmentos de viviendas de hasta $80,000, los cuales experimentaron una contracción del 35.27%. Este segmento es fundamental, ya que el 95% de los préstamos bajo la modalidad de interés preferencial corresponde a montos de hasta $120,000, siendo precisamente este el estrato donde la reducción de la demanda y el acceso al crédito se siente con mayor intensidad.
El factor del ITBI y su impacto en la clase trabajadora
Uno de los puntos de mayor fricción entre los gremios de la construcción y el sector público ha sido la aplicación del 2% del Impuesto de Transferencia de Bienes Inmuebles (ITBI) a la primera vivienda. Tras el vencimiento del beneficio que exoneraba a las viviendas nuevas de este gravamen, el costo de entrada para un comprador se ha elevado notablemente.
Para adquirir una propiedad, los compradores ahora deben considerar no solo la cuota inicial, que puede rondar los $3,000, sino un desembolso adicional de aproximadamente $1,500 en concepto de impuestos. Para familias que aspiran a viviendas de hasta $120,000 y cuyo ingreso familiar es cercano a los $1,500 mensuales, este costo extra representa una dificultad significativa para calificar, obligando a muchos a postergar o cancelar sus planes de compra.
Elisa Suárez de Gómez, directora ejecutiva de Convivienda, ha subrayado que este impuesto actúa como una penalización para el segmento más vulnerable, advirtiendo que, por cada dólar que deja de invertirse en la construcción, la economía panameña pierde cerca de $2.35 en actividad económica, afectando a toda la cadena de proveedores.
El efecto multiplicador: Más allá de una hipoteca
La vivienda, en Panamá, no es un gasto, sino una pieza clave de la dinámica económica. El retroceso en la construcción, que alcanzó un 25.3% en el primer cuatrimestre, tiene repercusiones directas en el empleo y en la actividad de otros sectores relacionados.
Si bien existe una preocupación legítima por la saturación de inventario y la necesidad de revisar los precios de mercado, la banca y el sector inmobiliario insisten en que la falta de coordinación para incentivar el acceso al crédito está asfixiando tanto a los compradores como a los promotores. El presidente de la Asociación Bancaria de Panamá, Ernesto Boyd Jr., ha reconocido que la carga impositiva adicional encarece los créditos, lo que dificulta que el sistema bancario pueda cumplir su rol como facilitador del financiamiento a largo plazo.
Perspectivas y el papel del sector público
Ante este panorama, el gobierno y los gremios se encuentran en un proceso de análisis. El ministro de Economía y Finanzas, Felipe Chapman, ha señalado la importancia de evaluar con detalle dónde se concentra la caída de los créditos y entender si el fenómeno responde a una saturación del mercado, a precios excesivos o a una verdadera falta de demanda.
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Para que el sector retome el dinamismo necesario y se logre la meta de colocar miles de unidades habitacionales proyectadas para 2026, será indispensable un esfuerzo tripartito entre el Ejecutivo, el Legislativo y la banca. Mientras tanto, el mercado observa con cautela, esperando señales claras que permitan a la clase media trabajadora retomar el camino hacia la propiedad de un hogar, un activo que históricamente ha sido el símbolo de la solidez financiera de los panameños.
El mercado inmobiliario en Panamá se encuentra en una encrucijada donde la asequibilidad y la política fiscal chocan. La caída en la aprobación de créditos hipotecarios es una señal de alerta que trasciende al sector construcción, impactando la estabilidad económica de las familias y la capacidad de crecimiento del país. La resolución de este conflicto requiere soluciones que prioricen el acceso a la vivienda, reconociendo que, en última instancia, el dinamismo de este sector es el motor que impulsa el bienestar de miles de ciudadanos.


