A pesar de que las proyecciones macroeconómicas sitúan a Panamá como uno de los líderes en crecimiento para la región, el sentimiento en las calles y en los despachos empresariales cuenta una historia distinta. El último informe sobre la Confianza del Consumidor, presentado recientemente por la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (CCIAP), revela que el país se mantiene en una persistente «zona de cautela», donde la mejora en los indicadores no logra todavía traducirse en una percepción de bienestar generalizado.
El panorama económico panameño actual es un ejercicio de contrastes: un Producto Interno Bruto (PIB) que busca recuperar el dinamismo perdido tras el cierre de la operación minera en 2023, frente a una ciudadanía que prioriza el ahorro y mira con escepticismo el mercado laboral.
El complejo horizonte económico de Panamá para 2026
El Índice de Confianza del Consumidor alcanzó los 92 puntos en el inicio de este 2026. Si bien representa un avance significativo respecto a las mediciones del último trimestre de 2025 (cuando rozaba los 79 puntos), el indicador sigue por debajo del umbral de los 100 puntos, lo que técnicamente lo mantiene en territorio de desconfianza.
Los factores que alimentan esta cautela son claros:
- Capacidad de ahorro: El subíndice de ahorro se sitúa en 87 puntos. Aunque es una mejora, refleja que la mayoría de los panameños aún sienten que sus ingresos apenas alcanzan para cubrir lo básico, dejando poco margen para la previsión financiera.
- Situación del hogar: Las familias reportan una percepción menos negativa de sus finanzas (96 puntos), pero el optimismo pleno sigue siendo esquivo mientras los costos de vida se mantienen estables pero altos.
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El reto del empleo: Calidad vs. Cantidad
Uno de los puntos más críticos señalados por economistas y gremios es la desconexión entre el crecimiento del PIB y la generación de puestos de trabajo. Las previsiones para 2026 apuntan a un crecimiento mayor al 5%, impulsado por sectores como la logística, el comercio y el turismo. No obstante, el desempleo y la alta informalidad (que ronda el 49%) siguen siendo las principales anclas.
El mercado laboral muestra señales mixtas. Mientras que el indicador de percepción de empleo logró entrar en la «zona de confianza» con 101 puntos, la realidad es que el crecimiento se concentra en sectores intensivos en capital o tecnología que no necesariamente absorben la mano de obra masiva que el país requiere.
Desafíos fiscales y el fantasma del grado de inversión
Más allá del consumo, el Estado panameño enfrenta su propio «vía crucis» financiero. La gestión del déficit fiscal, que en 2024 alcanzó un histórico 7.4%, obliga al Gobierno a aplicar una consolidación estricta. La presión de las agencias calificadoras de riesgo es constante, y la sombra de perder el grado de inversión ha obligado a reestructurar el gasto público, limitando la capacidad del Estado para actuar como motor económico directo.
Para los analistas, 2026 será un año de «transición consolidada». El éxito dependerá de que los grandes proyectos de infraestructura (como la línea de tren hacia Chiriquí y las nuevas alianzas público-privadas) logren encadenarse con la pequeña y mediana empresa.
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«El país está creciendo, pero el ciudadano necesita sentir que ese crecimiento llega a su bolsillo», concluyen los expertos. Mientras esa brecha no se cierre, la economía panameña seguirá navegando en esta zona de cautela, esperando el impulso definitivo que convierta las cifras en confianza real.
Fuente: La Estrella de Panamá


