La estabilidad macroeconómica de la que presume el Banco Central de Nicaragua choca de frente con la realidad en las mesas de los ciudadanos. Un nuevo análisis sobre la situación financiera de los hogares revela una cifra alarmante: más de siete de cada diez nicaragüenses terminan el mes en números rojos, incapaces de costear la totalidad de sus gastos básicos, incluyendo alimentación, servicios y vivienda.
Esta brecha, que se ha ensanchado durante el inicio de 2026, refleja un fenómeno de «empobrecimiento trabajador», donde tener un empleo formal ya no es garantía de salir de la pobreza.
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70% de los hogares nicaragüenses no logra cubrir sus gastos básicos
El núcleo del problema radica en una aritmética imposible. Mientras el salario promedio en sectores como el agropecuario o el comercio apenas roza los C$7,000, el costo de la canasta básica —que incluye 53 productos esenciales— ha escalado por encima de los C$21,000.
Esta disparidad obliga a las familias a tomar decisiones drásticas:
- Recorte en calidad alimentaria: Sustitución de proteínas (carne, leche) por carbohidratos básicos (arroz, frijoles) para estirar el presupuesto.
- Endeudamiento informal: Un aumento en el uso de préstamos «gota a gota» o fiado en las pulperías de barrio para cubrir los últimos días del mes.
- Estrategias de sobrevivencia: El 45% de los hogares reporta que al menos un miembro de la familia ha tenido que buscar un segundo empleo en el sector informal.
Remesas: El único «oxígeno» para el consumo
Si el 70% de la población no cubre sus gastos, ¿cómo sobrevive el país? La respuesta está en el exterior. Las remesas familiares, que en 2025 alcanzaron niveles récord, se han convertido en el subsidio directo más importante para el consumo privado. Sin el flujo de dólares proveniente de Estados Unidos, España y Costa Rica, el porcentaje de hogares en situación de impago superaría el 85%.
Sin embargo, el informe advierte que depender de las remesas es un arma de doble filo, ya que expone a la economía local a las políticas migratorias y fluctuaciones económicas de los países emisores.
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Un mercado interno en «modo pausa»
El impacto de esta asfixia financiera se siente en todo el ecosistema comercial. Las pequeñas y medianas empresas (pymes) reportan una caída en las ventas de productos no esenciales. El consumidor nicaragüense ha entrado en una fase de «consumo de subsistencia», donde el gasto se concentra casi exclusivamente en comida y energía eléctrica, dejando de lado el calzado, vestuario y mejoras para el hogar.
«La gente no es que no quiera comprar, es que simplemente no le alcanza. Estamos viendo una economía que se mueve, pero no que progresa para la mayoría», explica un economista local bajo condición de anonimato.
Con la política de «deslizamiento cero» del córdoba y un salario mínimo que no se ajusta al ritmo de la inflación alimentaria, los analistas prevén que la tensión financiera en los hogares seguirá aumentando. Para revertir esta tendencia, Nicaragua requiere no solo de crecimiento económico en las cifras oficiales, sino de una política de recuperación salarial real y un control más estricto sobre el costo de los servicios básicos, que hoy representan el segundo gasto más fuerte de las familias después de la comida.
Fuente: Confidencial


