Terrasos presenta su modelo para transformar la conservación en inversión sostenible, Belém do Pará se convirtió este mes en el epicentro de la diplomacia climática mundial. La trigésima Conferencia de las Partes (COP30), que se desarrolla por primera vez en el corazón de la Amazonía, reúne hasta el 21 de noviembre a casi 200 delegaciones internacionales bajo un lema que sintetiza la urgencia ambiental global: “Amazonía Viva, Planeta Sano”. En este escenario, la empresa colombiana Terrasos llegó decidida a posicionar la Infraestructura Ecológica como un mecanismo eficaz, escalable y financieramente viable para enfrentar de manera conjunta la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.
Durante esta edición, que marca un punto de inflexión en el debate sobre transición energética, financiamiento climático y conservación de ecosistemas estratégicos, Terrasos ha captado la atención de gobiernos, inversionistas y organizaciones multilaterales. Su propuesta central se basa en demostrar que proteger la naturaleza no solo es urgente, sino también económicamente sensato, sobre todo en regiones con alta vulnerabilidad climática.
La compañía, reconocida en América Latina por su liderazgo en Bancos de Hábitat y por la creación de mecanismos innovadores de compensación ambiental, llega respaldada por una cartera que supera las 6.200 hectáreas gestionadas en Colombia y por un modelo replicado actualmente en países como Brasil, Perú, Argentina, México, Chile y República Dominicana.
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Infraestructura ecológica: una alternativa más eficiente y menos costosa
Terrasos sostiene que la Infraestructura Ecológica conformada por redes de ecosistemas naturales restaurados, humedales, bosques y áreas de regeneración ofrece soluciones simultáneas a problemas ambientales, climáticos y sociales. Esta premisa la fundamenta en estudios como los del International Institute for Sustainable Development (2021), que concluyen que las soluciones basadas en la naturaleza pueden reducir los costos en un 50% frente a la infraestructura gris tradicional.
La CEO de la compañía, Mariana Sarmiento, lo resume en una frase que marcó su intervención en la cumbre:
“Un humedal restaurado controla inundaciones, captura carbono y preserva biodiversidad. Un muro de concreto solo resuelve un problema parcial.”
Este mensaje busca hacer entender a los tomadores de decisiones que, más allá de la urgencia climática, existe un componente económico contundente: invertir en naturaleza resulta más eficiente, más duradero y más rentable a largo plazo.
Un modelo colombiano que se expande en América Latina
Terrasos ha consolidado un mecanismo que combina rigor científico, experiencia operativa en campo y una estructura financiera capaz de sostener proyectos de conservación a largo plazo. Actualmente administra 14 Bancos de Hábitat registrados ante el Ministerio de Ambiente de Colombia, dedicados a salvaguardar más de una decena de ecosistemas estratégicos.
Estos bancos se diseñan como unidades de conservación donde se restauran y protegen predios completos bajo planes que incluyen monitoreo permanente, indicadores ecológicos verificables y esquemas de gobernanza que integran a comunidades locales. El modelo se ha convertido en un referente regional por su capacidad de articular conservación con desarrollo económico rural.
La empresa ha logrado expandir su experiencia hacia otros países latinoamericanos que avanzan en marcos regulatorios ambientales más estrictos. Así, Terrasos participa en proyectos y diseños técnicos en Brasil, Argentina, México, Perú y República Dominicana, donde estudia la creación de nuevos bancos, así como mecanismos híbridos que incorporan sistemas agroforestales y métricas de carbono.
La apuesta en la COP30: enfrentar las “crisis gemelas”
En Belém, Terrasos ha centrado su mensaje en un diagnóstico ampliamente compartido por organismos multilaterales: el planeta enfrenta dos crisis simultáneas y profundamente interconectadas, la climática y la de biodiversidad. Ninguna de las dos puede resolverse sin abordar la otra.
El desafío es aún mayor por la enorme brecha de financiamiento global. De acuerdo con el Instituto Paulson, el mundo necesita entre US$ 722.000 y US$ 967.000 millones adicionales por año hasta 2030 para cubrir los costos de conservación de la naturaleza. No obstante, la financiación actual sigue siendo insuficiente, especialmente para países tropicales con ecosistemas de alto valor ecológico.
Terrasos considera que esta brecha, lejos de ser un obstáculo, representa la mayor oportunidad de inversión sostenible del siglo XXI. Y por ello llega a la COP30 no solo con diagnósticos, sino con instrumentos concretos capaces de movilizar capital privado de manera confiable y verificable.
Tebu®: una alternativa a los créditos de carbono tradicionales
Uno de los anuncios más esperados es la presentación de las Unidades de Biodiversidad Tebu®, instrumento desarrollado por Terrasos para canalizar inversión de largo plazo hacia la conservación real de ecosistemas. A diferencia de los créditos de carbono, que se limitan a medir toneladas de CO₂ capturadas o evitadas, estas unidades representan la protección integral de ecosistemas completos durante 30 años.
Cada Tebu® incorpora métricas de biodiversidad, condiciones ecológicas, dinámica de especies, conectividad y servicios ecosistémicos. Además, la empresa utiliza tecnología blockchain para garantizar trazabilidad, autenticidad y transparencia; un elemento crítico para atraer inversionistas institucionales que buscan instrumentos confiables y libres de doble contabilidad.
Este sistema, aseguran desde Terrasos, permite a gobiernos y empresas contribuir a metas reales, más allá de compromisos voluntarios, con mecanismos que pueden integrarse a regulaciones nacionales y marcos corporativos.
Equidad social y trabajo con comunidades: un pilar técnico y ético
La compañía subraya que su modelo no se basa solo en ingeniería ecológica. La inclusión social es un eje estructural. Terrasos incorpora esquemas de distribución justa de beneficios, acuerdos con comunidades locales, campesinas, afrodescendientes e indígenas, y protocolos basados en Consentimiento Previo, Libre e Informado (CPLI).
Su apuesta es demostrar que la conservación puede ser, simultáneamente, una estrategia de protección ambiental y una oportunidad de desarrollo económico comunitario. Esto explica por qué la empresa insiste en que la infraestructura ecológica no debe verse como un lujo, sino como una herramienta que responde a realidades socioeconómicas de territorios altamente vulnerables.
Regulación, estándares y transparencia: lo que falta para cerrar la brecha
Uno de los mensajes centrales de Terrasos en la cumbre es que la región necesita avanzar hacia normas claras y marcos regulatorios que faciliten la inversión ambiental. La ausencia de reglas uniformes impide que los mercados de biodiversidad y de carbono alcancen el volumen necesario para cumplir compromisos internacionales.
En ese contexto, la compañía valora los esfuerzos de organismos como la Fundación IFRS, que impulsa estándares globales para medir, reportar y gestionar riesgos relacionados con la naturaleza. Estas normas, sostiene Mariana Sarmiento, permiten que empresas y gobiernos integren la biodiversidad en su contabilidad financiera y en sus estrategias corporativas.
La meta es clara: movilizar capital privado a gran escala, con instrumentos fiables y regulados, que permitan multiplicar las inversiones destinadas a restaurar ecosistemas críticos.
La COP30 como espacio de negociación, ciencia y participación social
La conferencia se estructura en dos grandes espacios: la Zona Azul, donde se negocian los acuerdos oficiales entre los países miembros de la ONU, y la Zona Verde, un espacio abierto para sociedad civil, organizaciones ambientales, empresas, pueblos indígenas y universidades.
Esta dualidad permite conectar la ciencia, las demandas sociales y las realidades territoriales con la diplomacia internacional. Temas centrales como la deforestación amazónica, la transición energética, la pérdida de biodiversidad, la protección de comunidades vulnerables y la justicia climática dominan la agenda.
En este contexto, Terrasos participa en paneles, foros y mesas técnicas, buscando demostrar que las soluciones basadas en la naturaleza pueden escalarse, siempre que exista coordinación entre gobiernos, sector privado y comunidades.
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Un llamado urgente desde la Amazonía
La compañía resume su mensaje en tres grandes ideas:
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Reducir emisiones ya no es suficiente: los países deben invertir en regenerar ecosistemas.
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Hay modelos escalables en América Latina que funcionan: la Infraestructura Ecológica puede ser implementada de manera masiva con beneficios ambientales y socioeconómicos.
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La regulación adecuada permite atraer inversión privada: sin marcos claros, los mercados ambientales no podrán cerrar la brecha global de financiamiento.
Terrasos confía en que la COP30 servirá como un punto de inflexión para que gobiernos y empresas comprendan que la naturaleza no es un costo, sino un activo estratégico.


