Por qué México, Colombia y Brasil son los territorios más desafiantes para negocios en Latinoamérica, el panorama económico global está en constante flujo, y los movimientos políticos internos en las distintas naciones ejercen una influencia directa y a menudo impredecible sobre las certezas y la confianza de quienes están inmersos en el complejo mundo de los negocios. Este clima empresarial, intrínsecamente ligado a la carga administrativa que enfrentan las empresas al lidiar con las normativas, es un factor crítico para la inversión, el crecimiento y la prosperidad económica. Medir esta complejidad se ha vuelto una tarea esencial para inversionistas y empresas que buscan expandirse a nivel internacional.
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Precisamente, el “Índice Global de Complejidad Empresarial” (GBCI, por sus siglas en inglés), una evaluación exhaustiva realizada por TMF Group, ha arrojado luz sobre esta realidad. El estudio ha revelado que los países de la región latinoamericana con mayor complejidad corporativa son México, Colombia y Brasil. Estas naciones, a pesar de sus vastos mercados y su potencial de crecimiento, presentan obstáculos significativos en términos de regulaciones, burocracia y un entorno político a veces volátil.
Mark Weil, CEO de TMF Group, enfatiza las repercusiones de esta complejidad: «Esta complejidad local representa un costo significativo, tanto para los inversionistas extranjeros que buscan establecerse como para los negocios locales que aspiran a crecer y expandirse». No se trata solo de un inconveniente menor; es una barrera tangible que consume recursos, tiempo y capital. Weil argumenta que «no es de extrañar, entonces, que las jurisdicciones más complejas tiendan a registrar menores niveles de prosperidad, medidos por el PIB per cápita». Esta correlación sugiere que la burocracia excesiva y las normativas opacas no solo frustran a las empresas, sino que también pueden frenar el desarrollo económico general de un país.
El experto desglosa aún más la paradoja de la complejidad: «quizá valdría la pena asumir ese costo si las exigencias administrativas ofrecieran algún beneficio social, ambiental u otro». Sin embargo, su análisis es contundente: «en la mayoría de los casos, lo que medimos como complejidad se debe principalmente a una burocracia que representa un lastre para la economía de esos países». Esta crítica apunta a un sistema que genera fricción sin un propósito claro, drenando la energía y los recursos que podrían destinarse a la innovación, la inversión productiva o la generación de empleo.
Para ilustrar esta disparidad, Weil establece un contraste revelador entre dos mercados con realidades regulatorias muy diferentes: Dinamarca y Brasil. En el mercado danés, hacer negocios es «más sencillo» y, a pesar de ello, el país «parece no estar sacrificando mucho en términos de protección social». Esto sugiere que la simplificación de procesos no tiene por qué ir en detrimento del bienestar social. En marcado contraste, Brasil, con «uno de los entornos más complejos», presenta un modelo donde la dificultad administrativa parece no traducirse en beneficios equivalentes.
El Ranking Global y el Protagonismo de América Latina en la Complejidad
El Índice Global de Complejidad Empresarial (GBCI) no solo ofrece una perspectiva regional, sino que también sitúa a los países latinoamericanos dentro de un contexto mundial de complejidad. A nivel global, Grecia y Francia se ubican como los países más complejos para hacer negocios, destacando por sus intrincados marcos regulatorios y fiscales. Sin embargo, América Latina no se queda fuera de los primeros puestos, demostrando que la complejidad es un desafío transversal.
El tercer puesto global es ocupado por México, que ascendió desde el cuarto lugar en estudios anteriores. Este ascenso es una señal preocupante para el país, que «sigue siendo una jurisdicción especialmente compleja debido a sus estrictas normas y regulaciones». La incertidumbre no es ajena al panorama mexicano; a pesar de los recientes cambios en las políticas comerciales estadounidenses y el impulso del nearshoring (la relocalización de cadenas de suministro más cerca de los mercados de consumo), «México se está consolidando como una puerta de entrada tanto a Estados Unidos como a América Latina». Sin embargo, el informe advierte que «las consecuencias a largo plazo de estos cambios en la política comercial y las posibles represalias permanecen envueltas en incertidumbre», lo que complica la planificación a largo plazo para las empresas.
Continuando con el ranking, Colombia (que pasó del puesto 3 al 5) y Brasil (que subió del 7 al 6) completaron el podio regional de los países más complejos. Su presencia en los primeros lugares subraya los desafíos persistentes que enfrentan las empresas en estos mercados.
Respecto al mercado colombiano, el informe es explícito: «el entorno empresarial sigue siendo complejo debido a la inestabilidad política y la arraigada burocracia». La inestabilidad política, en particular, puede generar cambios inesperados en las regulaciones, impuestos y políticas económicas, lo que añade un elemento de imprevisibilidad para los inversionistas. El estudio prevé que esta incertidumbre se mantendrá al menos hasta 2026, cuando se realicen nuevas elecciones presidenciales, lo que sugiere un período de cautela para las decisiones de inversión a gran escala.
En cuanto a Brasil, el reporte indicó que «las complejidades de Contabilidad e Impuestos siguen siendo los principales factores que dificultan las operaciones». El intrincado sistema tributario brasileño, con sus múltiples niveles de impuestos (federal, estatal y municipal) y sus constantes modificaciones, es notoriamente difícil de navegar para las empresas. La integración de los sistemas tributarios con normas contables internacionales como las NIIF (Normas Internacionales de Información Financiera) o los PCGA de EEUU (Principios de Contabilidad Generalmente Aceptados de Estados Unidos) supone un desafío adicional, especialmente con las actuales negociaciones de reforma tributaria. Estas reformas, aunque buscan simplificar el sistema a largo plazo, generan en el corto y mediano plazo una gran incertidumbre y la necesidad de constantes adaptaciones por parte de las empresas.
Variaciones Regionales: Bolivia, Argentina, Paraguay y Perú
A continuación en el ranking de complejidad, Bolivia experimentó un descenso, bajando al puesto 8 desde el 5. Este cambio podría indicar algunas mejoras marginales en su entorno empresarial o un aumento relativo de la complejidad en otras jurisdicciones. Por detrás se ubicaron Argentina y Paraguay, en los lugares 11 y 12 respectivamente, aunque ambos experimentaron un ligero ascenso desde los puestos 12 y 13 en estudios anteriores. Argentina, en particular, es un país conocido por su alta volatilidad económica y sus regulaciones cambiantes, lo que naturalmente contribuye a su complejidad.
Perú mostró una notable mejora en su posición, ubicándose en el décimotercer puesto del ranking y escalando significativamente desde el noveno lugar que ocupó en 2024. Esta mejora sugiere que el país ha implementado algunas medidas para simplificar el entorno de negocios o que, en comparación con otros, su complejidad ha disminuido.
Por su parte, Chile se ubicó en el lugar 20, tras escalar un puesto frente al año previo. A pesar de no estar en los primeros puestos de complejidad, el informe destaca aspectos positivos. Al respecto, Jorge Sodano, country head de Argentina y Chile de TMF, apuntó que “la resistencia de Chile a las perturbaciones del mercado se ve reforzada por la estabilidad de su Gobierno, lo que aumenta su atractivo para los inversionistas extranjeros”. Esta estabilidad política es un diferenciador clave en una región a menudo marcada por la incertidumbre. Sodano añadió que, “a pesar de la necesidad de una mayor inversión en infraestructuras, los salarios competitivos del país y la aceptación del trabajo a distancia indican un compromiso con las estrategias modernas de mano de obra”. Estos factores, sumados a una gobernanza más predecible, hacen de Chile un destino más atractivo para la inversión.
Los Países Menos Complejos de la Región: Un Contraste Revelador
Mientras que algunos países de la región enfrentan desafíos significativos, otros han logrado establecer entornos empresariales comparativamente menos complejos. Los países de América Latina que se ubicaron en una mejor posición en el ranking global, es decir, entre los menos complejos, fueron:
- Honduras (en el puesto 66 a nivel global).
- Costa Rica (en el puesto 58).
- República Dominicana (en el puesto 53).
La mejor posición de estos países sugiere que han implementado políticas más amigables para los negocios, quizás con procesos regulatorios más sencillos, marcos fiscales más claros o una burocracia menos opresiva. Su ejemplo podría servir de referencia para otras naciones de la región que buscan atraer mayor inversión y fomentar el crecimiento empresarial.
Es interesante observar que, mientras se discute la complejidad para hacer negocios, la región sigue siendo escenario de ambiciosos proyectos de infraestructura como el Tren Bioceánico, un megaproyecto ferroviario que busca unir a Brasil con Perú, generando interés entre empresas chinas. Esto demuestra que, a pesar de los desafíos administrativos, la visión de desarrollo y la oportunidad de grandes inversiones persisten.
El Gran Desafío: La Incertidumbre como Principal Lastre
En última instancia, el CEO de TMF Group, Mark Weil, sintetiza el verdadero desafío para las empresas en el panorama actual. Argumenta que la «verdadera» complejidad no es el principal obstáculo, sino la «incertidumbre», un factor que «ha regresado de forma repentina y con fuerza». La complejidad, aunque costosa, puede ser mapeada y gestionada con los recursos adecuados. La incertidumbre, en cambio, introduce un elemento de imprevisibilidad que paraliza las decisiones.
Weil se refiere específicamente a la guerra comercial que se ha desatado a raíz del plan de aranceles recíprocos de Estados Unidos y las respuestas que está generando en otros países. «No tiene una resolución clara», sentencia. Incluso si se llegara a un acuerdo, «los cambios constantes en los niveles y plazos de aplicación de los aranceles minan la confianza en su sostenibilidad». Esta volatilidad en las políticas comerciales crea un entorno donde las empresas no pueden planificar con seguridad, lo que impacta directamente en sus estrategias de inversión.
Finalmente, Weil concluye que esta incertidumbre «complica enormemente la toma de decisiones de inversión empresarial, que suele planificarse con varios años de anticipación». Las inversiones a gran escala, como la construcción de nuevas fábricas, la expansión a nuevos mercados o el desarrollo de nuevos productos, requieren una visión a largo plazo y un grado razonable de estabilidad regulatoria y política. Cuando esta estabilidad se ve amenazada por cambios abruptos o impredecibles en las políticas comerciales o internas de los países, las empresas optan por la cautela, lo que frena el crecimiento económico y el desarrollo.
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El informe de TMF Group no solo destaca la complejidad operativa que enfrentan las empresas en países como México, Colombia y Brasil, sino que también pone de manifiesto cómo la burocracia, la inestabilidad política y, crucialmente, la incertidumbre global, se convierten en los principales lastres para la prosperidad y la inversión en la región. Superar estos desafíos requerirá no solo reformas administrativas, sino también una mayor previsibilidad y transparencia en las políticas, tanto a nivel nacional como internacional.


