Cómo compran los argentinos en Brasil y por qué el súper es la clave, Viajar a Brasil en verano se ha convertido, para miles de argentinos, en algo más que sol, playa y descanso. En los últimos años, y con especial intensidad en la temporada actual, las vacaciones también se transformaron en un ejercicio permanente de cálculo, comparación y estrategia para cuidar el bolsillo. En ese esquema, hay una regla que se repite entre quienes eligen las playas del sur brasileño: hacer las compras grandes en supermercados mayoristas abiertos las 24 horas.
Florianópolis, Canasvieiras, Ingleses y otras zonas turísticas de Santa Catarina se llenan cada temporada de autos con patente argentina. Familias, parejas y grupos de amigos recorren kilómetros no solo para llegar a la playa, sino también para encontrar los supermercados donde los precios resultan claramente más convenientes que en Argentina… e incluso más bajos que en los pequeños mercados locales de la isla.
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El ritual del supermercado: parte del plan de viaje
Para muchos turistas argentinos, ir al supermercado en Brasil dejó de ser una tarea secundaria y pasó a ser parte central del plan de vacaciones. Apenas cruzan la puerta de los grandes mayoristas, la escena se repite: pasillos anchos, carritos enormes, carteles amarillos con precios en rojo y góndolas repletas de productos en formatos familiares.
Los supermercados Fort Atacadista son, según coinciden muchos viajeros, uno de los puntos preferidos. No solo por los precios, sino por un detalle clave: abren las 24 horas, algo que se adapta perfectamente al ritmo de playa durante el día y descanso o paseos nocturnos.
“Los precios con Argentina no tienen comparación”, cuenta la familia Peralta, llegada desde San Martín y alojada en la playa de los Ingleses. Vinieron en auto, cargados, con la idea clara de abastecerse bien desde el primer día. “Nos dijeron los mismos brasileños que viniéramos acá si queríamos ahorrar”, explican mientras empujan un changuito que ya no admite ni un producto más.
Comparar precios: una habilidad argentina exportada
Dentro del supermercado, el idioma que más se escucha no es solo el portugués. El español argentino resuena entre las góndolas, acompañado de una habilidad bien conocida: hacer cuentas mentales en tiempo récord. Durante años, los argentinos aprendieron a convertir precios a dólares; hoy, el desafío es hacerlo en reales.
La comparación es constante: con Buenos Aires, con el interior del país y con los precios que se ven en los mercados pequeños de la isla. El resultado suele ser el mismo: llenar el carrito en Brasil cuesta menos.
“Una lata de cerveza acá está alrededor de 986 pesos argentinos. En un mercado de la isla sale 1.400 y en Buenos Aires no baja de 1.500”, explica Claudio Peralta. “En bebidas, la diferencia es enorme”.
Llenar la heladera: cuánto cuesta y dónde conviene
El concepto de “llenar la heladera” se repite entre los turistas. No se trata solo de comprar para el día, sino de abastecerse para varios días y reducir al mínimo las compras de urgencia en negocios más caros.
En los supermercados mayoristas, los precios marcan la diferencia:
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Agua mineral: un bidón de cinco litros cuesta alrededor de 1.740 pesos argentinos, mientras que en un mercado de la playa puede valer 2.900.
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Lácteos: un litro de leche ronda los 1.100 pesos; la manteca (200 gramos), 2.894; y el queso en fetas (150 gramos), cerca de 2.024. En promedio, entre 25% y 30% más barato que en supermercados argentinos.
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Pan lactal (400 g): alrededor de 1.444 pesos.
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Tapas de empanadas (18 unidades): cerca de 1.737 pesos.
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Jugo de naranja 100% exprimido (1,5 l): alrededor de 6.374 pesos.
La familia Ferrari, que se aloja también en Ingleses pero prefiere manejar hasta Canasvieiras para hacer las compras grandes, lo resume sin rodeos: “Somos muchos, con hijos y amigos. Si compráramos todo en los mercados de la playa, el presupuesto se nos dispara”.
Bebidas, higiene y protector solar: los grandes ganadores
Hay categorías donde el ahorro es todavía más evidente. Según coinciden la mayoría de los turistas, las bebidas, los productos de higiene personal y el protector solar son mucho más baratos en Brasil que en Argentina.
“El protector solar acá vale casi la mitad”, señala Luis Ferrari. “También el papel higiénico, el champú, las cremas, el jabón y la pasta dental. Todo eso conviene comprarlo acá”.
Este punto no es menor, ya que el protector solar es un gasto inevitable en vacaciones de playa y uno de los productos que más pesa en el presupuesto familiar.
Carne y vino: las excepciones a la regla
No todo es más barato. Hay rubros donde la diferencia se achica o incluso se invierte. Uno de ellos es la carne. En los supermercados mayoristas, los precios son similares a los de Argentina:
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Carne picada: alrededor de 10.440 pesos el kilo.
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Churrasco de paleta: cerca de 10.701 pesos.
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Milanesa de peceto: alrededor de 11.594 pesos.
El otro gran punto débil es el vino. Para el paladar argentino, el consenso es claro: el vino en Brasil es caro y no convence.
“El vino es lo único que traje de Argentina”, admite Ferrari. “Es caro y no es bueno. En eso no hay ahorro”.
Verduras y frutas: otra ventaja clara
En frutas y verduras, la diferencia vuelve a jugar a favor de Brasil. Un kilo de banana ronda los 1.204 pesos argentinos y el kilo de tomate, 1.096. En supermercados grandes de Argentina, esos mismos productos pueden duplicar ese valor.
Esto permite a muchas familias mantener una alimentación más fresca y variada durante las vacaciones sin que el presupuesto se dispare.
Formatos grandes y consumo familiar
Otro aspecto que destacan los turistas es el tamaño de los envases. En muchos productos, los formatos son más grandes y el precio final resulta más conveniente.
“Acá comprás 500 gramos de yogur griego por 3.000 pesos. En Argentina pagás lo mismo, pero por 150 gramos”, comentan Valentín y Nicole, una pareja de Tigre que pasa sus vacaciones en Florianópolis.
Ese tipo de presentación se adapta mejor a grupos grandes y estadías largas, algo muy común entre quienes viajan en familia o con amigos.
Compras nocturnas: una costumbre que sorprende
Uno de los detalles que más llama la atención a los argentinos es la vida nocturna de los supermercados. A la una de la madrugada, el estacionamiento sigue lleno y las góndolas tienen movimiento constante.
Lejos de ser una rareza, para los brasileños es una costumbre: playa durante el día, cena temprano y supermercado por la noche, cuando baja el calor y hay menos apuro.
“Es comodísimo que estén abiertos las 24 horas”, dice Ferrari. “Si volvés tarde, parás y comprás tranquilo. No perdés horas de playa”.
Valentín coincide: “No tengo que levantarme a las ocho para comprar ni pelearme con la gente. De noche está más relajado. Me sorprendió la cantidad de gente, pero se nota que ellos lo hacen siempre”.
Mercados de barrio: otra sorpresa
Aunque los supermercados mayoristas son los favoritos, muchos turistas también descubren que las despensas de barrio pueden ser más baratas que en Argentina, incluso si no compiten con los precios del mayorista.
“Fuimos a una despensa y nos sorprendió lo barato”, cuenta Nicole. “Igual, todos te dicen lo mismo: si querés realmente ahorrar, andá al mayorista”.
Cuando el ahorro tiene límites
No todo es perfecto. Para quienes siguen dietas especiales, como los celíacos, el ahorro no siempre aparece.
“Soy celíaca y todavía no encontré productos sin gluten a buen precio”, explica Nicole. “En los supermercados chicos están casi igual que en Buenos Aires”.
Esto muestra que, aunque el ahorro es significativo en términos generales, no todas las necesidades están cubiertas de la misma manera.
Vacaciones distintas: menos restaurantes, más cocina
El efecto de estos precios se traduce en un cambio de hábitos. Muchas familias optan por cocinar más en el alojamiento y reducir las salidas a restaurantes, que en zonas turísticas pueden ser costosas.
El supermercado se convierte así en un aliado clave para extender las vacaciones, gastar menos y destinar el presupuesto a otras experiencias, como excursiones, paseos o actividades recreativas.
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Un nuevo mapa del turismo regional
Lo que ocurre en el sur de Brasil con los turistas argentinos no es solo una anécdota de verano. Refleja una tendencia más amplia: el viajero regional es cada vez más consciente del precio, compara, planifica y adapta sus decisiones de consumo incluso en vacaciones.
Brasil ofrece no solo playas atractivas, sino también una estructura comercial que facilita ese ahorro: grandes mayoristas, horarios extendidos y precios competitivos en productos clave.
Para muchos argentinos, el balance es claro: vacacionar en Brasil no solo es disfrute, también es una forma de estirar el presupuesto.


