Comercio exterior en Brasil, motor para la igualdad de género y el desarrollo social, considerado la mayor economía de América Latina, enfrenta un reto histórico: reducir las desigualdades sociales y de género que persisten en su estructura económica. Aunque las mujeres representan más del 51,5% de la población, su participación en el comercio internacional aún es limitada. No obstante, el país ha comenzado a dar pasos firmes para transformar esta realidad, apostando al comercio exterior y a la inversión extranjera como herramientas clave no solo para dinamizar la economía, sino también para cerrar brechas históricas.
La Agencia de Promoción de Exportaciones e Inversiones de Brasil (ApexBrasil) ha tomado un rol protagónico en este cambio. Su directora de negocios, Ana Paula Repezza, destacó recientemente en entrevista que la internacionalización de las empresas, además de generar mejores salarios y resiliencia frente a las crisis, representa una oportunidad única para que las mujeres eleven sus ingresos y se conviertan en protagonistas de un círculo virtuoso con impacto económico y social.
Este artículo explora cómo Brasil está utilizando el comercio internacional como un mecanismo de transformación social, el rol de las mujeres en esta estrategia, los programas que buscan acelerar su inclusión, y la relevancia de escenarios internacionales como la Expo Osaka 2025 para proyectar un futuro más inclusivo.
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El vínculo entre comercio exterior y equidad de género
La globalización ha demostrado que las empresas que se integran a cadenas de comercio exterior tienden a ser más competitivas, pagan mejores salarios y desarrollan mayor capacidad de innovación. En Brasil, este patrón también se confirma, pero con un matiz particular: cuando son las mujeres quienes se benefician de mayores ingresos, estos recursos tienden a reinvertirse en educación, alimentación y salud familiar.
Esto genera un efecto multiplicador que trasciende el ámbito personal. A mayor autonomía económica femenina, mayores oportunidades para las siguientes generaciones. Según Repezza, este fenómeno convierte al comercio exterior en una herramienta poderosa para disminuir la desigualdad social y crear un ciclo positivo de transformación.
El potencial es enorme, pero aún incipiente: en 2024 solo el 2% del valor exportado por Brasil equivalente a 337.000 millones de dólares provino de empresas con mayoría femenina en su estructura societaria. La cifra revela una participación reducida, pero también señala una ventana de oportunidad para el futuro.
Avances en la participación femenina
Aunque el punto de partida es bajo, los datos recientes muestran un progreso paulatino. La proporción de compañías exportadoras con mayoría de socias mujeres pasó de 13,9% en 2022 a 14,5% en 2024, con una concentración notable en micro y pequeñas empresas.
Estos números reflejan un cambio cultural y económico. En la última década, Brasil ha avanzado en políticas públicas que buscan integrar a las mujeres en el mercado laboral y fomentar su papel como líderes empresariales. Como lo sostiene Repezza, se trata de un camino sin retorno: la inclusión femenina no solo responde a una cuestión de justicia social, sino también de eficiencia económica.
Cada vez más, los gobiernos, el sector privado y los organismos multilaterales reconocen que cerrar las brechas de género no es un gasto, sino una inversión estratégica para mejorar la productividad y la competitividad.
ApexBrasil y el programa “Mujeres y Negocios Internacionales”
Consciente de la urgencia de acelerar esta transformación, ApexBrasil lanzó en 2023 el programa Mujeres y Negocios Internacionales (MNI). Desde entonces, más de 4.000 empresas lideradas por mujeres se han beneficiado de esta iniciativa, que cuenta con más de 70 aliados estratégicos en el ámbito público y privado.
El programa no se limita a capacitaciones técnicas en comercio exterior, sino que también incorpora el desarrollo de habilidades socioemocionales, fundamentales para fortalecer el liderazgo femenino en escenarios internacionales. Asimismo, organiza rondas de negocios, misiones internacionales y encuentros de networking, donde las empresarias pueden generar alianzas y expandir sus horizontes.
Repezza enfatiza que el intercambio internacional es crucial. Permite a las emprendedoras identificar problemas comunes en diferentes mercados, compartir soluciones y, en muchos casos, culminar en acuerdos comerciales concretos. Además, este diálogo intercultural contribuye a reforzar la confianza y la capacidad de resiliencia.
El poder de la cooperación internacional
El comercio exterior no se desarrolla en el vacío. Para que las empresarias brasileñas logren consolidarse en mercados globales, la cooperación con otros países y organismos internacionales resulta esencial.
La experiencia de otras naciones muestra que las redes de apoyo entre mujeres generan impactos significativos: acceso a financiamiento, capacitación en comercio digital, alianzas para exportar en conjunto y mayor visibilidad en ferias internacionales.
Brasil ha entendido que este tipo de cooperación es vital y, por ello, ha intensificado su presencia en eventos internacionales. Un ejemplo destacado es su participación en la Expo Osaka 2025, donde el país no solo busca promover sus exportaciones, sino también visibilizar el papel de las mujeres como protagonistas del desarrollo.
Expo Osaka 2025: un escaparate para el empoderamiento femenino
La Expo Osaka 2025, que se desarrolla en Japón bajo el lema “El futuro que queremos”, se ha convertido en una plataforma estratégica para Brasil. Con un pabellón de 373 metros cuadrados, dividido en espacios inmersivos que reflejan la diversidad cultural y la sostenibilidad, el país ya ha recibido a casi 2 millones de visitantes desde abril.
Pero más allá de la exhibición de productos y cultura, Brasil ha utilizado este evento como una vitrina para promover la igualdad de género. En agosto, organizó la Semana de la Mujer, que incluyó desfiles de moda, presentaciones musicales, paneles de debate y reuniones de negocios.
Esta acción buscó conectar dos dimensiones: el negocio y la inclusión social. Según Repezza, pensar en el futuro sin una participación plena de las mujeres es impensable. La Expo, por tanto, no solo refuerza la marca país, sino que también proyecta a Brasil como un líder en el debate global sobre el empoderamiento femenino.
Retos pendientes
A pesar de los avances, los desafíos son múltiples. Entre los más relevantes destacan:
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Acceso al financiamiento: Muchas mujeres aún enfrentan barreras para obtener créditos que les permitan escalar sus negocios a nivel internacional.
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Brecha digital: Aunque las herramientas tecnológicas facilitan el comercio exterior, la falta de acceso y capacitación en comercio electrónico sigue siendo un obstáculo.
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Prejuicios culturales: Persisten estereotipos que limitan la participación de las mujeres en sectores tradicionalmente masculinos, como la industria pesada o la agroexportación.
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Desigualdad salarial: Incluso en empresas exportadoras, las brechas de ingresos entre hombres y mujeres siguen siendo significativas.
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Baja representatividad: Aún son pocas las mujeres en posiciones de liderazgo dentro de grandes empresas exportadoras.
Superar estos retos requiere una combinación de políticas públicas efectivas, inversión privada comprometida y un cambio cultural profundo que reconozca el valor de la diversidad.
Comercio internacional como política de inclusión
El modelo que Brasil está impulsando puede convertirse en un referente regional. Utilizar el comercio exterior como vehículo de inclusión social y de reducción de las brechas de género no solo es innovador, sino también estratégico para un país que busca modernizarse y ampliar su competitividad en el escenario global.
La ecuación es clara: más mujeres en el comercio exterior = mayores ingresos familiares = menor desigualdad social. A largo plazo, este círculo virtuoso puede transformar no solo la estructura económica de Brasil, sino también su tejido social.
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Brasil ha comprendido que el comercio internacional no es únicamente una vía para aumentar exportaciones o atraer inversiones, sino también una herramienta poderosa para la transformación social. Iniciativas como el programa Mujeres y Negocios Internacionales y la participación activa en foros como la Expo Osaka 2025 evidencian un compromiso con un futuro más inclusivo.
El camino es largo y aún quedan obstáculos por superar, pero el rumbo parece claro: apostar por el talento femenino no solo es justo, sino también rentable. Como dijo Ana Paula Repezza, el lugar de la mujer es donde ella decida estar, y Brasil está construyendo las condiciones para que esto sea una realidad también en el comercio internacional.
