Brasil y México frente a un nuevo horizonte comercial, modernización del ACE 53 y oportunidades estratégicas hacia 2026, la relación económica entre Brasil y México, las dos mayores economías de América Latina, ha atravesado diversas etapas desde que en 2002 se firmara el Acuerdo de Complementación Económica N°53 (ACE 53). Sin embargo, más de dos décadas después de su entrada en vigor, este tratado sigue cubriendo apenas un 12% del comercio bilateral, dejando fuera una enorme cantidad de bienes y sectores que podrían dinamizar los vínculos entre ambos países.
La visita del vicepresidente de Brasil, Geraldo Alckmin, a México, acompañado por una delegación de 150 empresarios y funcionarios, ha marcado un punto de inflexión en esta relación. Durante los encuentros, tanto autoridades como representantes del sector privado de ambas naciones acordaron iniciar en septiembre de 2025 un proceso de modernización del ACE 53 con la meta de establecer una hoja de ruta hacia junio de 2026. El objetivo: ampliar la cobertura del acuerdo hasta un 80% o 90% del universo arancelario, acercándose a los estándares de un tratado de libre comercio.
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El contexto geopolítico y económico de la negociación
La decisión de impulsar una revisión del ACE 53 no se entiende de manera aislada. Brasil se encuentra en un momento delicado en su relación comercial con Estados Unidos, su segundo mayor socio económico. La administración estadounidense impuso recientemente aranceles del 50% sobre cerca de 4,000 productos brasileños, lo que ha reducido significativamente las exportaciones de bienes clave como café, carne y calzado.
Este escenario obligó al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva a acelerar la búsqueda de mercados alternativos. En esa lista, México aparece como un socio natural por su tamaño económico, su rol estratégico dentro del T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá) y su cercanía geográfica a Norteamérica.
México, por su parte, ha mostrado cautela frente a las iniciativas brasileñas. La presidenta Claudia Sheinbaum descartó abiertamente la posibilidad de firmar un acuerdo de libre comercio con Brasil en el corto plazo, aunque se mostró abierta a modernizar y ampliar el alcance del ACE 53. Este matiz refleja la postura mexicana: avanzar en la cooperación económica sin comprometer aspectos sensibles de su política comercial.
El ACE 53: pasado y presente
El Acuerdo de Complementación Económica N°53, vigente desde 2002, regula actualmente un número muy limitado de productos. Según cifras oficiales, apenas 790 posiciones arancelarias de un total de más de 6,500 forman parte de este esquema.
Entre los productos cubiertos se encuentran:
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Agrícolas: ajos, garbanzos, aguacates, mangos, papayas, semillas para siembra, aceites vegetales.
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Minerales y metales: cobre, plomo, zinc, hierro.
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Químicos e insumos industriales: fertilizantes, solventes, plásticos.
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Manufacturas ligeras: maquinaria agrícola, tabaco.
La mayoría de estos bienes reciben preferencias arancelarias del 100%, aunque otros se negocian con reducciones parciales (20%, 30%, 50%) o mediante cuotas anuales.
En contraste, el ACE 55, firmado años después, se centró exclusivamente en el sector automotriz y estableció un esquema de cupos y reducciones graduales que culminó en 2019 con la eliminación total de aranceles para autos y autopartes, siempre que cumplieran las reglas de origen.
El caso del ACE 55 es visto como un ejemplo exitoso de cooperación, que ahora podría replicarse en otros sectores a través de la expansión del ACE 53.
El papel del sector privado en la negociación
Uno de los aspectos más relevantes de este nuevo proceso es la activa participación del sector empresarial. La Confederación Nacional de la Industria de Brasil (CNI) y el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (COMCE) han presentado un informe conjunto a las autoridades de ambos países a través del Consejo Empresarial Brasil-México (Cebramex).
El documento plantea que la expansión del ACE 53 hacia un modelo más integral —incluyendo comercio de servicios, inversiones, compras gubernamentales, barreras técnicas, medidas sanitarias y defensa comercial— generaría ganancias reales de competitividad para ambas economías.
Las propuestas empresariales también incluyen:
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Agilizar la certificación de origen digital, reduciendo tiempos de 24 horas a apenas 30 minutos.
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Eliminar barreras innecesarias en sectores sensibles como alimentos, fármacos y cosméticos.
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Impulsar la cooperación en semiconductores, un sector estratégico en la era digital.
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Promover la transición energética, con especial interés en el bioetanol, donde Brasil es líder y México busca alternativas al petróleo.
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Desarrollar programas de capacitación en ciencia y tecnología, fortaleciendo la integración de capital humano.
Sectores estratégicos con mayor potencial
Aunque la ampliación del ACE 53 cubriría una amplia gama de sectores, algunos sobresalen por su potencial impacto en la competitividad bilateral:
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Energía y biocombustibles
Brasil es líder mundial en producción de bioetanol a partir de caña de azúcar. México, por su parte, busca diversificar su matriz energética y reducir su dependencia del petróleo. La cooperación en este ámbito puede generar beneficios mutuos. -
Agroindustria
Ambos países son potencias agrícolas, pero complementarias en ciertos productos. Mientras México se destaca en frutas y hortalizas, Brasil domina en carnes, café y soya. Un acuerdo más amplio podría optimizar cadenas de suministro regionales. -
Industria química
El sector químico brasileño tiene gran experiencia y capacidad productiva, mientras que México ofrece un mercado en crecimiento con necesidades de insumos para diversas industrias. -
Semiconductores y tecnología
La necesidad global de fortalecer cadenas de suministro en semiconductores abre una oportunidad de cooperación estratégica, especialmente en un contexto de tensiones entre China y Estados Unidos. -
Automotriz y autopartes
Aunque ya regulado por el ACE 55, este sector puede beneficiarse de nuevas reglas vinculadas a electromovilidad y tecnologías verdes.
El desafío del desequilibrio comercial
Uno de los puntos críticos en la relación bilateral es el desequilibrio comercial. En 2024, el intercambio cerró con un déficit para México: Brasil exportó 7,800 millones de dólares, mientras que las exportaciones mexicanas hacia Brasil sumaron apenas 5,700 millones.
Este desbalance genera cierta resistencia en el lado mexicano, que busca asegurar que cualquier ampliación del acuerdo contemple mecanismos de equidad y beneficios recíprocos.
Impacto esperado de la modernización
De acuerdo con cálculos de la CNI, un acuerdo de libre comercio entre México y Brasil podría:
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Aumentar en 13,800 millones de dólares el PIB conjunto de ambas economías.
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Atraer 8,000 millones de dólares en nuevas inversiones.
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Incrementar en 3,200 millones de dólares el comercio bilateral.
Estos beneficios no solo fortalecerían la relación entre los dos países, sino que también posicionarían a América Latina como un bloque más competitivo frente a Asia, Europa y Norteamérica.
Perspectivas hacia 2026
La hoja de ruta que se comenzará a discutir en septiembre prevé que las negociaciones concluyan en junio de 2026. El éxito de este proceso dependerá de la capacidad de los gobiernos y del sector privado para armonizar intereses, superar barreras y generar un marco de confianza mutua.
El camino hacia un comercio bilateral más profundo está lleno de retos: desde la necesidad de equilibrar los beneficios hasta la gestión de sectores sensibles y la presión de actores externos como Estados Unidos. Sin embargo, la disposición mostrada por ambas partes abre la posibilidad de un acuerdo que redefina la relación económica entre México y Brasil en el mediano plazo.
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La modernización del ACE 53 es mucho más que un simple ajuste técnico: representa la posibilidad de reconfigurar las relaciones comerciales entre dos gigantes latinoamericanos en un contexto global cada vez más desafiante. Para Brasil, significa diversificar mercados en un momento de tensiones con Estados Unidos. Para México, representa la oportunidad de integrarse con una economía que puede complementar su estructura productiva.
Si las negociaciones prosperan, el acuerdo no solo fortalecerá la relación bilateral, sino que también enviará una señal al mundo sobre la capacidad de América Latina para construir sus propios espacios de integración económica, con reglas modernas y orientadas al futuro.

