Brasil pisa el freno, ¿señales de pausa o respiro transitorio?, Brasil registró un crecimiento económico del 0,4 % en el segundo trimestre de 2025 con respecto al trimestre anterior un marcado descenso frente al 1,3 % del primer trimestre, según los datos oficiales del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Aunque inferior, esta cifra superó ligeramente las expectativas del mercado, que proyectaban un avance de solo el 0,3 %.
Este comportamiento revela una economía en desaceleración, pero con ciertos sectores que aún aportan dinamismo. El punto es: ¿estamos ante una desaceleración temporal o el inicio de una tendencia más pronunciada?
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Detonantes y contexto del segundo trimestre
Agricultura pierde fuerza
Durante el primer trimestre, un “superciclo” agrícola impulsó significativamente al PIB. Sin embargo, ese empuje perdió vigencia: la agricultura retrocedió un 0,1 % entre abril y junio tras una fuerte etapa de producción. Este tipo de oscilaciones estacionales, aunque esperadas, contribuyen a decisiones de política económica con cautela.
Industria: extractivas avanzan, manufactura titubea
La industria mostró un alza del 0,5 %, sostenida principalmente por un crecimiento extraordinario del 5,4 % en el sector extractivo minería y petróleo. No obstante, los sectores de transformación —como la manufactura no mostraron la misma fortaleza, lo que evidencia una recuperación aún fragmentada.
Servicios: el motor persistente
Con una participación de casi el 70 % del PIB, el sector servicios siguió siendo el sostén de la economía, con una expansión del 0,6 %. Este crecimiento fue impulsado por un mercado laboral relativamente estable y medidas gubernamentales para respaldar el gasto de los hogares.
Consumo e inversión: señales mixtas
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El gasto de los hogares aumentó un 0,5 %, apoyado por políticas de estímulo.
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En contraste, la formación bruta de capital fijo esencialmente inversión empresarial cayó un 2,2 %, penalizada por unas tasas de interés elevadas, actualmente en el 15 % y considerándose uno de los niveles más altos en décadas.
Perspectiva anual y proyecciones para 2025-2026
En términos interanuales, el PIB creció 2,2 %, alineado con las expectativas del mercado. El gobierno mantiene su previsión de una expansión anual del 2,5 %, aunque con la cautela puesta en una desaceleración hacia fines de año.
El Banco Central revisó sus estimaciones de inflación, proyectando que llegará cerca del objetivo central del 3 % hacia finales de 2027, lo que reduce presión por reformas monetarias agresivas.
Obstáculos estructurales y riesgos
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Tasas de interés elevadas frenan el crédito y la inversión.
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Incertidumbre comercial, especialmente por aranceles de EE.UU., que afectan la producción agrícola.
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Rigidez fiscal y dudas sobre la sostenibilidad del gasto público, que limitan el espacio para estímulos monetarios.
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Sector externo vulnerable, aunque extraídas y energéticos presenten cierta resiliencia.
Balance de riesgos y oportunidades
Escenario cautelosamente optimista
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La desaceleración puede facilitar el control de la inflación.
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Servicios y extracción podrían seguir amortiguando la caída.
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El fin del ciclo de alza de tasas, si se consolida, podría llevar a una apertura monetaria gradual.
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El ministerio de Economía revisó ligeramente al alza su previsión de crecimiento para 2025 (de 2,4 % a 2,5 %).
Escenario pesimista
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Si la inversión sigue retrayéndose, la economía podría entrar en estancamiento.
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El entorno global, especialmente con tensiones comerciales, limita las oportunidades de exportación.
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Para 2026, los pronósticos anticipan un mayor deterioro: se prevé un crecimiento anual de apenas 1,6 % a 2 %, según economistas.
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La economía de Brasil entró en una etapa de moderación, donde sectores como agricultura e inversión registran retrocesos, mientras que servicios y extractivas mantienen el crecimiento a flote. El desafío para el gobierno y el Banco Central será balancear la desaceleración con la necesidad de estimular la inversión y preservar la estabilidad macroeconómica.
El horizonte apunta a una recuperación más equilibrada, pero lenta: el mayor riesgo reside en perder impulso si las condiciones crediticias se mantienen rígidas y si no se afrontan las tensiones externas a tiempo.


