Una propuesta gradual para revitalizar el centro comercial a cielo abierto de Tandil
El debate sobre el futuro del Centro Comercial a Cielo Abierto de Tandil volvió a ganar protagonismo tras el reciente viaje de Guillermo Cravea a España. El dirigente, que participó de una misión institucional para conocer modelos exitosos de gestión urbana y comercial, regresó con varias conclusiones que podrían marcar un punto de inflexión en la forma en que la ciudad piensa su espacio público y su actividad comercial.
Aunque el proyecto local lleva años discutiéndose, los avances han sido lentos debido a restricciones presupuestarias, desacuerdos sectoriales y dificultades propias de las obras de infraestructura urbana. El aporte de Cravea, sin embargo, abre la puerta a una alternativa interesante: avanzar mediante intervenciones parciales, escalonadas y financiables, evitando así el estancamiento mientras se espera por una obra integral de gran magnitud.
Una transformación por etapas: estética, seguridad y ordenamiento
Entre las propuestas que Cravea plantea como factibles en el corto plazo, destacan tres intervenciones que podrían llevarse adelante sin exigir inversiones millonarias ni paralizar la actividad comercial:
Retiro de cartelería pesada.
Según sus observaciones, uno de los factores que más deteriora la estética urbana es la acumulación de letreros voluminosos y dispares. En las ciudades españolas que visitó, la señalética comercial respeta criterios comunes, es menos invasiva y acompaña la arquitectura sin ocultarla. Aplicar este estándar en Tandil permitiría un orden visual inmediato.
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Mejoras en las fachadas.
Embellecer los frentes comerciales no requiere necesariamente grandes obras: pintura uniforme, limpieza de materiales, iluminación moderada y una paleta coordinada pueden generar una identidad más atractiva para residentes y turistas. Para Cravea, si las cuadras logran acuerdos internos, estos cambios serían rápidos y visibles.
Eliminación de cableado aéreo.
El dirigente remarcó que uno de los aspectos más llamativos en las ciudades españolas fue la ausencia de cables sobre las calles principales. Según su análisis, en Tandil la presencia de cables es uno de los elementos que más afectan la imagen del centro, porque interrumpen visuales abiertas y reducen la percepción del paisaje serrano, que es uno de los mayores atributos de la ciudad.
Estas medidas, afirma, podrían implementarse antes de abordar las obras de mayor complejidad —nivelación de calles, nueva red de desagües, mobiliario urbano y renovación integral— que, por su costo, requieren una planificación más robusta y disponibilidad presupuestaria.
Lecciones del País Vasco: tradición, regulación y comercio sostenible
El viaje permitió observar centros comerciales a cielo abierto con décadas de funcionamiento exitoso en ciudades como San Sebastián, Bilbao y Pamplona. Cravea destacó que, pese a ser áreas muy antiguas, estas zonas mantienen una armonía visual cuidada al detalle: fachadas preservadas, cartelería discreta y ausencia de intervenciones que rompan el carácter histórico. Para él, este equilibrio demuestra que una buena gestión urbana no solo embellece, sino que incrementa el valor económico de los comercios.
Otro de los aspectos que más llamó su atención fue el ordenamiento del cableado. En los centros comerciales vascos, el cableado aéreo prácticamente no existe, lo que permite una experiencia visual más limpia y una integración natural con los entornos patrimoniales.
Además, Cravea observó dinámicas laborales particulares: los comercios funcionan con horarios extensos durante la semana, normalmente entre las 8 de la mañana y las 20 horas, con una pausa al mediodía. La actividad disminuye significativamente el sábado y el domingo se detiene por completo, incluso en grandes superficies como Carrefour o El Corte Inglés, que mantienen cerradas sus puertas. Esta organización del tiempo comercial refleja una lógica cultural que prioriza la vida comunitaria y regula el consumo de manera distinta a la que predomina en Argentina.
Participación activa del sector público y privado
Uno de los puntos más enriquecedores de la experiencia, según Cravea, fue observar un modelo de gobernanza colaborativa entre cámaras comerciales y ayuntamientos. En España, las regulaciones son numerosas, pero están diseñadas para potenciar la actividad y garantizar que el tejido comercial sea sostenible.
Dentro de esa lógica, existen reglas muy claras sobre qué negocios pueden instalarse en qué lugares. Por ejemplo, en una esquina estratégica del centro de Bilbao no puede abrir una entidad bancaria, ya que se trata de espacios reservados para comercios que dependan de un flujo constante de peatones. Este tipo de criterios busca que los mejores emplazamientos se asignen a rubros que aporten dinamismo y diversificación al área.
Además, los centros cuentan con herramientas estadísticas que permiten analizar la distribución de los rubros, la evolución de la actividad y las causas de cierre de negocios. Cuando un local no funciona, las autoridades o la cámara correspondiente se contactan para entender qué falló y, si es posible, ofrecer apoyo para reorientar la propuesta comercial. Según Cravea, esta interacción continua contribuye a reducir la rotación de locales y fortalecer la estabilidad de la zona comercial.
Una frase sintetiza esta filosofía: “De nada sirve que abran muchos comercios si duran solo unos meses.”
La prioridad es que los emprendimientos prosperen, no que haya un recambio permanente que debilite la confianza del público.
Aplicaciones inmediatas para Tandil
De las múltiples lecciones recogidas en su visita, Cravea destacó dos iniciativas que buscará impulsar desde la entidad que preside:
1. Una política de habilitaciones más orientada al desarrollo inteligente
Para él, es esencial que el Municipio cuente con una instancia previa a la habilitación formal de los comercios. Esto permitiría orientar a los emprendedores y evitar inversiones mal ubicadas o rubros saturados. Una “ventanilla de prehabilitación” —como la denomina informalmente— serviría para guiar a quienes generan riqueza y, al mismo tiempo, para ordenar la estructura del centro comercial.
Este tipo de mecanismo permitiría anticipar problemas, mejorar la competitividad del área y reducir el cierre prematuro de negocios, un fenómeno frecuente en zonas comerciales poco reguladas.
2. Comprender que los centros comerciales son ante todo espacios para la ciudadanía
Cravea subraya que las decisiones sobre cómo se organiza un centro comercial no deben depender únicamente de comerciantes, cámaras empresariales o gobiernos locales. Su función principal es ser un espacio para las personas: peatones, turistas, familias, adultos mayores.
En los centros que visitó, esta idea se traduce en calles accesibles, mobiliario funcional, estética armonizada y regulaciones pensadas para mejorar la experiencia urbana más allá del interés exclusivamente comercial.
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La propuesta gradual para Tandil se enmarca en este concepto: cada mejora parcial —desde retirar cables hasta uniformar carteles— debería contribuir a una experiencia más agradable y coherente para quienes transitan la zona.
Un camino posible en tiempos de limitaciones
El gran desafío para Tandil es avanzar sin esperar a que aparezca un presupuesto integral capaz de financiar toda la obra. La alternativa gradual combina realismo económico con visión estratégica: permite iniciar mejoras visibles, recuperar la confianza de comerciantes y vecinos, y construir una identidad urbana que posicione al centro como un atractivo turístico y comercial.
Las experiencias de Europa muestran que la estética, la regulación inteligente y el compromiso institucional pueden transformar la vitalidad de una zona comercial. La clave, según Cravea, es asumir que cada detalle —un cable menos, un cartel más ordenado, una fachada mantenida— suma. Y que la construcción de un centro comercial a cielo abierto exitoso no se logra de un día para el otro, sino con constancia, acuerdos y planificación.
Fuente: El diario de Tandil


