Una cafetería con alma rosarina abre su segundo local en el centro
En el vibrante corazón de Rosario, donde la historia, la cultura y la vida cotidiana se entrelazan, una nueva propuesta cafetera continúa su expansión con un fuerte arraigo local. Se trata de Toni Café, la marca que desde su nacimiento ha logrado captar la esencia del encuentro rosarino, y que ahora abre su segundo local en una ubicación emblemática: el Paseo del Siglo. Esta nueva apertura no solo significa un paso comercial, sino también una declaración de principios: el café como ritual social, como experiencia sensorial y como punto de conexión humana.
La tradición cafetera de Rosario tiene raíces profundas. Basta recorrer las calles del centro para descubrir bares centenarios, mesas que han sido testigo de tertulias políticas, charlas filosóficas, romances, celebraciones y proyectos que nacieron entre sorbos. En este contexto, la llegada del segundo local de Toni Café aporta un aire fresco pero respetuoso de esa herencia, proponiendo un espacio moderno, estéticamente cuidado y con un producto que prioriza la calidad sobre todo.
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El nuevo local de Toni Café se ubica en Presidente Roca 755, entre Córdoba y Santa Fe, a pasos de sitios icónicos como la Biblioteca Argentina, la Plaza Pringles y el Pasaje Álvarez. Se trata de una zona muy transitada por rosarinos y visitantes, con un alto potencial gastronómico aún en desarrollo. Pero la elección del lugar va más allá de lo estratégico: responde también a una conexión emocional.
Así lo cuenta Agustina Rossetti, una de las fundadoras del emprendimiento junto a su pareja, Robertino Cicerchia. “Elegimos esta zona porque, además de ser un lugar con mucho movimiento, tiene un valor personal: aquí pasé mis primeros años de vida y tengo a gran parte de mi familia”, explica. Esta mezcla entre visión comercial y vínculo emocional es una de las claves que distingue a Toni Café de otras propuestas.
El nuevo local, con más de 130 metros cuadrados, ocupa el antiguo espacio de “La Sastrería”, un histórico comercio de la zona. La refuncionalización del espacio respeta su memoria arquitectónica, pero lo transforma en un ambiente cálido, contemporáneo y abierto, ideal para quienes buscan más que un café: una experiencia. Uno de los mayores atractivos es su patio interior, un verdadero oasis urbano en pleno centro rosarino, algo difícil de encontrar en esa ubicación.
Diseño, experiencia y especialidad
Desde sus inicios, Toni Café se posicionó como un proyecto centrado en el café de especialidad, con una fuerte atención al detalle: desde la selección de granos hasta el trato con el cliente. La primera sede, inaugurada en 2023 en el shopping Alto Rosario, puso la vara alta. El nuevo espacio no solo la mantiene, sino que la eleva, al ofrecer mayor comodidad, privacidad y una carta más amplia.
“Queremos que la gente sienta que puede quedarse, trabajar, leer, encontrarse con alguien. Que el café sea la excusa, pero que el espacio invite a quedarse y volver”, cuenta Rossetti. El diseño, que repite materiales y líneas del primer local, propone una continuidad estética, pero adaptada a las características propias del nuevo lugar: más espacio, más luz, más verde.
El crecimiento de Toni Café también viene acompañado de un enfoque humano y familiar. La elección del mes de junio para inaugurar no es casual: coincide con el cumpleaños del pequeño Antonio, hijo de los fundadores, y también de la marca misma. “Los tres Tonis cumplen años este mes”, cuentan entre risas. Además, está presente el recuerdo y la inspiración del hermano de Antonio, Valentino, que impulsa la vocación de crear lugares donde compartir, aprender y disfrutar.
Una marca que busca conectar con la ciudad
Más allá del café como producto, Toni Café apuesta por consolidarse como un espacio de encuentro. En una ciudad como Rosario, donde la vida cultural y universitaria marca el pulso del centro, contar con lugares que fomenten la pausa, la conversación y el disfrute es fundamental. La ubicación elegida no es accidental: en las inmediaciones hay universidades, librerías, centros culturales y numerosos puntos de interés que atraen a un público diverso.
El proyecto no solo se alinea con las tendencias globales en torno al café de especialidad, sino que lo hace con una identidad propia, genuina y cercana. El desafío de mantener la esencia mientras se crece es algo que Toni Café parece tener muy claro. No se trata solo de replicar un modelo, sino de adaptarlo al entorno, sin perder la calidez ni el enfoque artesanal.
Rosario es una ciudad que, desde hace años, vive una pequeña revolución en materia de cafeterías. Cada vez más emprendimientos apuestan al café de especialidad, a la formación barista, al origen de los granos, al maridaje con pastelería artesanal y a la creación de espacios con diseño cuidado. En ese contexto, Toni Café se suma a una escena vibrante, pero se diferencia por su equilibrio entre lo estético, lo emocional y lo profesional.
La apertura de este segundo local confirma que hay un público dispuesto a valorar estos atributos. La demanda ya no se satisface únicamente con un café rápido o barato: hoy los consumidores buscan calidad, ambiente y propuesta. Y en eso, Toni Café está en sintonía con el nuevo paladar rosarino.
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Con dos locales funcionando —uno en un centro comercial de gran afluencia y otro en pleno centro histórico de la ciudad—, Toni Café traza una estrategia que combina expansión geográfica con arraigo emocional. Por ahora, sus fundadores no hablan de franquiciar ni de multiplicar locales sin control: prefieren crecer paso a paso, manteniendo los estándares que los hicieron destacar desde el inicio.
En los próximos meses, planean sumar nuevas opciones a su carta, incluir más productos de elaboración propia y quizás incorporar actividades culturales o talleres relacionados con el mundo del café. “Queremos que Toni Café sea más que una cafetería. Que sea un lugar donde pasen cosas lindas, donde se generen recuerdos, ideas, vínculos”, concluye Rossetti.
En un mundo cada vez más acelerado y virtual, proyectos como Toni Café recuerdan el valor de lo simple: una mesa, una taza humeante, una buena conversación. Y si además es en un lugar bonito, con aroma a café recién molido y atención personalizada, mucho mejor.

