Turismo de compras en Chile muestra señales de enfriamiento en el consumo argentino
Durante gran parte de 2024 y comienzos de 2025, Chile se consolidó como uno de los destinos favoritos para los argentinos que buscaban aprovechar diferencias de precios significativas, especialmente en tecnología, moda y electrodomésticos. Este fenómeno impulsó al comercio minorista chileno y generó un repunte en varias categorías que venían mostrando un desempeño plano. Sin embargo, los indicadores recientes sugieren que este “boom” podría estar entrando en una fase de moderación, lo que abre una discusión sobre su sostenibilidad en los próximos meses.
Un auge que comienza a estabilizarse
El turismo de compras protagonizado por ciudadanos argentinos fue uno de los motores más visibles de la actividad comercial chilena durante los últimos dos años. Los visitantes cruzaban la cordillera con la intención de adquirir productos cuyo valor, comparado con los precios argentinos, podía implicar ahorros notables aun considerando gastos de traslado. Esta tendencia coincidió con un debilitamiento del consumo interno chileno, dando al retail un empuje que ayudó a compensar la menor demanda local.
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Sin embargo, los registros recientes indican que esa fuerza empieza a perder intensidad. Si bien la llegada de turistas continúa en niveles elevados, el ritmo de crecimiento se está moderando. Este comportamiento no implica un retroceso abrupto, sino un ajuste natural luego de un período excepcional, según analistas del sector.
Empresas del retail advierten cambios en el patrón de compra
Las grandes compañías del comercio minorista han comenzado a comunicar que el aporte del turista argentino ya no es tan determinante como meses atrás. En los informes financieros del tercer trimestre, varias firmas señalaron que, aunque las ventas siguen siendo sólidas, el impacto del consumidor extranjero se redujo ligeramente frente al primer semestre.
En particular, los ejecutivos del sector destacaron que la demanda argentina había sido clave para categorías como computación, celulares, televisores y artículos de mayor valor. El atractivo de precios competitivos y la disponibilidad de stock permitieron que miles de visitantes realizaran compras planificadas, muchas veces vinculadas a reposición tecnológica o adquisiciones imposibles de concretar en su país por diferencias de precios o limitaciones de acceso.
Ahora, la expectativa para el cierre del año refleja una reducción moderada en ese impulso. Se proyecta que la proporción de ventas atribuibles a estos turistas caerá entre uno y dos puntos porcentuales. Aunque la cifra parece acotada, marca un punto de inflexión tras varios trimestres donde el comprador argentino era protagonista absoluto en varios segmentos.
Gremios comerciales confirman la desaceleración
Los gremios del comercio chileno también han detectado señales que coinciden con este cambio de ritmo. En los últimos reportes del sector, el índice de ventas presenciales mostró un comportamiento menos dinámico que en meses anteriores. Por ejemplo, en septiembre se registró una leve caída anual en las ventas presenciales de la principal zona urbana del país, lo que contrasta con los resultados positivos que predominaban desde principios de año.
De acuerdo con análisis recientes, el acumulado de ventas del año sigue siendo positivo, aunque con un crecimiento moderado. Lo que preocupa es que el freno se observa con mayor claridad en las categorías tradicionalmente elegidas por los turistas argentinos, lo que sugiere que la base de consumidores extranjeros ya no sostiene el mismo ritmo.
Los especialistas explican esta tendencia como parte de un proceso de normalización. Tras meses de un flujo extraordinario de visitantes, la estabilización del tipo de cambio y un gasto más prudente por parte de los argentinos están equilibrando la situación. Además, la menor brecha cambiaria y una ligera reducción en la cantidad de viajes colaboran con este escenario.
Aunque algunas cifras muestran una pérdida de fuerza, otros referentes del sector enfatizan que no se trata de una caída drástica en la llegada de visitantes. De hecho, se prevé que el número total de turistas argentinos durante el cuarto trimestre se mantenga en niveles similares a los del año anterior. El problema no es la cantidad de personas que llegan, sino el monto que gastan y el efecto que ese gasto tiene sobre el comercio.
Para entender mejor esta diferencia, hay que considerar que el último trimestre de 2024 representó un punto histórico: el turismo argentino prácticamente se duplicó en comparación con períodos previos, dejando bases de comparación extremadamente altas para 2025. En otras palabras, aunque las cifras actuales no bajan, tampoco superan la marca récord anterior, lo que en términos estadísticos se interpreta como desaceleración.
Se estima que el gasto total de estos visitantes ronde los cientos de millones de dólares, lo que sigue siendo relevante, pero ya no muestra la tendencia ascendente que caracterizó al período anterior.
Factores coyunturales afectan el cierre del año
El comercio chileno también enfrenta otros elementos que pueden influir en sus resultados de fin de año. Eventos como jornadas electorales obligan a cerrar tiendas en días específicos, lo que significa pérdidas directas en ventas. Esto, combinado con altos niveles de comparación y un turismo de compras más moderado, lleva a los analistas a prever un último trimestre más contenido, con proyecciones de crecimiento del sector que podrían situarse en torno al 2%, bastante por debajo del promedio registrado hasta septiembre.
Aun así, ciertos rubros mantienen estimaciones favorables para el mes de octubre, apoyados en eventos de ventas masivas y campañas digitales que suelen dinamizar el consumo interno y externo.
Las razones económicas detrás del auge inicial
Para comprender el comportamiento del turismo de compras durante los últimos dos años, es fundamental analizar los incentivos económicos que lo impulsaron. La diferencia de precios entre Argentina y Chile —potenciada por una brecha cambiaria significativa y restricciones al consumo en el mercado argentino— generó una oportunidad que millones de personas aprovecharon. La mayor disponibilidad de productos en Chile, la estabilidad relativa de su oferta minorista y las políticas más flexibles para ingresar bienes adquiridos en el extranjero facilitaron este proceso.
Esto dio lugar a viajes cortos con un objetivo específico: comprar. Ciudades como Santiago, Viña del Mar y regiones fronterizas se beneficiaron directamente de este movimiento, que también fortaleció servicios complementarios como hotelería, gastronomía y transporte.
Incluso en los últimos fines de semana largos, la afluencia de turistas continuó siendo alta, aunque ya sin los picos extraordinarios del año anterior. Por ejemplo, en un reciente período de descanso extendido, decenas de miles de personas cruzaron hacia Chile por los principales pasos fronterizos, confirmando que la demanda sigue presente, aunque más estable.
El papel de los tipos de cambio
El comportamiento del dólar en Argentina y la estabilidad relativa del peso chileno también influyen en esta dinámica. Aunque la moneda estadounidense ha mostrado incrementos en territorio argentino, y el peso chileno ha tendido a estabilizarse, la brecha de precios sigue favoreciendo la compra en Chile. Para muchos argentinos, especialmente los residentes de zonas cercanas a la cordillera, este diferencial continúa siendo suficiente para justificar viajes orientados al consumo.
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Mientras persista la política cambiaria restrictiva en Argentina y se mantenga un control inflacionario basado en un dólar relativamente atrasado, es probable que el turismo de compras siga siendo atractivo, aunque no en el nivel explosivo del año pasado.
¿Qué se espera para los próximos meses?
Todo indica que la tendencia del turismo de compras no desaparecerá, pero se moverá hacia un escenario más equilibrado. Los visitantes argentinos seguirán viajando, los precios seguirán siendo convenientes y las diferencias económicas continuarán impulsando compras transfronterizas. Sin embargo, la época de récords constantes y crecimientos acelerados parece haber quedado atrás.
El comercio chileno deberá adaptarse a esta nueva etapa, donde el turista extranjero sigue siendo importante, pero no tan determinante como en los meses más intensos del fenómeno.
Fuente: Sitio Andino


