Quilmes celebra la argentinidad con una campaña que une generaciones
Una marca que trasciende lo comercial
Hablar de Cerveza Quilmes es hablar de una parte fundamental de la historia cultural argentina. Fundada en 1888 en la ciudad bonaerense que le dio su nombre, la compañía lleva más de 135 años construyendo un vínculo emocional con millones de argentinos. Durante ese tiempo, pasó de ser una simple fábrica de cerveza a convertirse en un verdadero símbolo nacional, presente en la mesa de familias, en bares, en canchas y en celebraciones populares.
En este recorrido, Quilmes se consolidó como una de esas marcas que trascienden lo comercial: no solo vende un producto, sino que refleja una identidad colectiva, representando costumbres, valores y formas de vivir la vida que son reconocidas como auténticamente argentinas.
Vea también: Salario de los cajeros en Argentina de supermercados Coto y Carrefour en octubre 2025
Hoy, ese espíritu se refuerza con una nueva campaña que busca responder a una pregunta clave: ¿por qué Quilmes merece seguir siendo “la cerveza argentina”?
La nueva campaña: embajadores que representan al país
La campaña, desarrollada por la agencia La América, apela directamente a la argentinidad, un concepto complejo pero poderoso, que condensa pasiones, tradiciones y un fuerte sentido de pertenencia. Para transmitir este mensaje, Quilmes eligió a referentes de diferentes ámbitos que, más allá de sus logros individuales, comparten algo en común: encarnar el orgullo de ser argentinos.
Los protagonistas son figuras que trascienden generaciones y públicos:
Ángel Di María, uno de los futbolistas más queridos por la hinchada, campeón del mundo y referente de esfuerzo y compromiso.
Soledad Pastorutti, conocida como La Sole, quien desde la música popular representa la fuerza de las raíces, la familia y las tradiciones.
Franco Colapinto, joven piloto de automovilismo que se proyecta internacionalmente y abre camino en un deporte que gana cada vez más fanáticos en Argentina.
Esta elección no es casual. Cada uno de ellos conecta con un universo simbólico distinto: el fútbol, la música y la Fórmula 1, todos escenarios donde Quilmes ha tenido presencia constante. Así, la marca refuerza su papel de compañera en los momentos que unen a los argentinos, desde un recital hasta una final del mundo.
Quilmes y el poder de lo simbólico
Desde sus orígenes, Quilmes entendió que la cerveza podía convertirse en algo más que una bebida refrescante. Supo insertarse en el imaginario nacional, utilizando símbolos y prácticas que forman parte de la vida cotidiana: el asado, el truco, el mate y, por supuesto, el fútbol.
En palabras de Guido “Chapa” Lofiego, Director de marca Quilmes:
“Quilmes es tan argentina como lo es el mate, el truco o el asado con amigos. Nuestra lata es una representación de los colores de nuestra bandera. Hoy, la cerveza Quilmes es mucho más que una bebida; es un símbolo de la emoción y la pasión que nos caracteriza a los argentinos”.
Esa declaración sintetiza la estrategia de la marca: posicionarse como un elemento cultural y no solo como un producto de consumo masivo. Al hacerlo, logra diferenciarse de sus competidores y asegurar un lugar privilegiado en la mente de los consumidores.
Marketing emocional y pertenencia
El lanzamiento de esta nueva campaña es un ejemplo de marketing emocional, una tendencia que busca conectar con las audiencias desde los sentimientos y no únicamente desde las características del producto.
Quilmes entiende que, para muchos argentinos, la elección de una cerveza no es solo una cuestión de sabor o precio: es también una elección cargada de identidad y pertenencia. Por eso, en lugar de resaltar atributos técnicos (como ingredientes o procesos de elaboración), la marca apuesta por resaltar aquello que la hace distinta: su profunda relación con el país y sus costumbres.
El resultado es un mensaje que combina nostalgia, orgullo y cercanía, tres elementos fundamentales para generar fidelidad en un mercado donde las opciones son numerosas y variadas.
Continuidad en el tiempo: de Gardel a Colapinto
La campaña actual no es un hecho aislado. Quilmes ha construido a lo largo de los años un relato coherente basado en la argentinidad. Desde homenajes a figuras históricas como Carlos Gardel o José de San Martín, hasta campañas ligadas a las selecciones de fútbol, la marca supo mantenerse siempre vinculada a los íconos nacionales.
Hoy, la presencia de Franco Colapinto como embajador demuestra que Quilmes no solo se aferra al pasado, sino que también busca proyectarse hacia el futuro, acompañando a las nuevas generaciones y mostrando que la argentinidad no es estática: evoluciona y se renueva constantemente.
En un mercado globalizado donde muchas cervezas internacionales llegan al país, Quilmes se posiciona con un diferencial claro: su identidad argentina. Esta estrategia no solo fortalece el vínculo emocional con los consumidores locales, sino que también le otorga un valor adicional frente a marcas extranjeras que no pueden apelar con la misma legitimidad a símbolos nacionales.
Al reivindicar lo argentino, Quilmes se asegura un espacio en el que pocas competidoras pueden entrar: el de la autenticidad cultural. Esto no significa que ignore la competencia, sino que encuentra en la argentinidad un recurso de comunicación que refuerza su liderazgo.
Otro aspecto clave de la campaña es la manera en que Quilmes se presenta como una compañera en todos los momentos compartidos:
Los domingos de Fórmula 1.
Las tardes de asado con amigos.
Los partidos de fútbol que paralizan al país.
Las reuniones familiares o las celebraciones espontáneas.
La narrativa busca transmitir que, cualquiera sea la ocasión, Quilmes está presente como una pieza natural del encuentro. Este mensaje refuerza la percepción de cercanía y cotidianidad, al mismo tiempo que mantiene vigente la relación de la marca con la cultura del compartir.
Si bien la estrategia de Quilmes es sólida, no está exenta de desafíos. La fuerte asociación con lo nacional puede ser una ventaja, pero también puede volverse un límite si no se combina con innovación. En un mercado donde los consumidores buscan cada vez más variedad, propuestas premium y opciones artesanales, Quilmes debe equilibrar su identidad tradicional con la capacidad de adaptarse a nuevas tendencias.
Por otra parte, la apuesta por la argentinidad debe evitar caer en el cliché. El desafío es mantener fresco el relato sin repetir fórmulas, y lograr que la emoción siga siendo genuina. La inclusión de embajadores jóvenes como Colapinto muestra que la marca está atenta a este punto, buscando renovarse sin perder coherencia.
Vea también: Argentina amplía su zona franca en misiones para competir con Brasil
La nueva campaña de Quilmes confirma que la marca no solo es una de las cervezas más consumidas del país, sino también un ícono cultural que simboliza lo que significa ser argentino. A través de la elección de embajadores de distintas generaciones y ámbitos, refuerza su mensaje de cercanía, orgullo y pertenencia.
Más allá de la publicidad, lo que propone Quilmes es una narrativa en la que la cerveza se convierte en un puente entre el pasado y el futuro, entre la tradición y la innovación, entre los ídolos históricos y las nuevas promesas.
Quilmes sigue demostrando que su verdadero valor no está solo en su sabor, sino en su capacidad de representar una identidad compartida: la argentinidad que une y emociona.


