Las ventas siguen en caída y el consumo argentino enfrenta su peor momento
La evolución del consumo masivo en Argentina volvió a mostrar señales de desaceleración durante septiembre, un mes que consolidó una tendencia que se arrastra desde hace tiempo. Supermercados, centros comerciales y autoservicios mayoristas registraron descensos en sus ventas, tanto en la comparación anual como —en varios casos— en relación con agosto, lo que confirma que la recuperación del gasto de los hogares continúa lejos de materializarse. Aunque algunos indicadores aislados muestran variaciones positivas cuando se analiza el acumulado del año, el desempeño mensual sigue siendo frágil y desigual.
El comportamiento del consumo se ha convertido en un termómetro clave de la situación económica del país. Mientras los precios continúan su trayectoria ascendente y los ingresos reales se ven presionados, los hogares argentinos moderan cada vez más sus decisiones de compra, priorizando productos esenciales y adoptando estrategias financieras que les permitan atravesar un contexto incierto. Dentro de este escenario, los datos revelan dinámicas particulares en cada canal comercial, aunque todos coinciden en un mismo punto: la demanda sigue debilitada.
Supermercados: leves retrocesos y cambios en los hábitos de compra
Durante septiembre, las ventas en supermercados mostraron un descenso del 0,8% interanual, acompañado de una caída del 0,2% respecto de agosto. Estos movimientos, aunque moderados, marcan un quiebre respecto de los meses anteriores y demuestran que el consumidor argentino aún no encuentra margen para ampliar su nivel de gasto. Sin embargo, si se evalúa el acumulado desde enero, los supermercados alcanzan un crecimiento del 2,7% frente al mismo período del año anterior, un avance explicado principalmente por compras puntuales asociadas a promociones y por una mayor presencia de artículos de menor valor unitario.
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El monto total registrado a precios corrientes superó los $1,9 billones, cifra que representa un incremento del 23,8% respecto de septiembre del año pasado. A pesar de este aumento nominal, la inflación erosiona gran parte del crecimiento, lo que refleja que la expansión en valores monetarios no necesariamente se traduce en mayor cantidad de productos vendidos.
El ticket promedio llegó a $30.099, con una suba del 31,2% interanual. Este dato ilustra un comportamiento habitual en tiempos de inflación: los consumidores compran menos ítems, pero gastan más en cada visita debido al encarecimiento generalizado de los precios.
En cuanto a los rubros que más crecieron en valores corrientes, se destacan:
Indumentaria, calzado y textiles para el hogar (+53,4%)
Carnes (+45,2%)
Alimentos preparados y rotisería (+35,2%)
Otros productos (+34,8%)
Los aumentos en bienes no alimentarios, como textiles para el hogar o indumentaria, evidencian un reacomodamiento de precios que fue especialmente pronunciado en estos segmentos.
Un aspecto relevante del comportamiento de compra tiene que ver con los medios de pago utilizados. Las tarjetas de crédito concentraron el 44,1% de las operaciones, reflejando la creciente necesidad de financiar consumos básicos ante la pérdida de poder adquisitivo. Las tarjetas de débito representaron el 26,4%, mientras que el uso de efectivo quedó en tercer lugar con 16,2%. El resto correspondió a billeteras digitales y otros métodos, con un 13,3%. La preferencia por el crédito muestra que los hogares intentan mantener cierto ritmo de abastecimiento, aunque recurren cada vez más a cuotas o diferimientos para lograrlo.
Shoppings: retroceso en un sector que depende del gasto discrecional
La actividad en los centros comerciales también reflejó el deterioro del consumo. En septiembre, las ventas a precios constantes mostraron un descenso del 3,4% interanual, un resultado que golpea particularmente a un sector históricamente asociado al consumo recreativo y no esencial. La cifra total a precios constantes rondó los $5.770 millones, mientras que a precios corrientes alcanzó casi $487.000 millones, lo que representa un crecimiento nominal del 18,9% respecto del mismo mes de 2024.
El impacto de la situación económica se siente con mayor intensidad en esta categoría debido a que los shoppings dependen en gran medida de la afluencia de público dispuesto a realizar compras planificadas y gastos vinculados al ocio. Rubros como indumentaria, gastronomía y electrónica suelen ser los más sensibles a los recortes de los consumidores, por lo que no sorprende que la caída sea más marcada que en supermercados.
Entre los sectores con mayor participación en las ventas a precios corrientes se ubicaron:
Indumentaria, calzado y marroquinería (35,3%)
Patio de comidas, alimentos y kioscos (17,8%)
Ropa y accesorios deportivos (13,6%)
Electrónica y electrodomésticos (10,3%)
El predominio de la indumentaria refleja que, pese al contexto, sigue siendo uno de los principales motivos de visita a los centros de compra. No obstante, el efecto real del incremento nominal debe interpretarse con cautela, ya que la inflación impacta de manera desigual según el rubro y región.
Autoservicios mayoristas: el canal más golpeado
El segmento mayorista atraviesa uno de los momentos más complejos del año. En septiembre, las ventas cayeron 13,1% en la comparación anual y registraron una baja del 5,2% respecto de agosto, lo que lo convierte en el canal con mayor deterioro relativo. Además, el acumulado de los primeros nueve meses del año muestra un descenso del 7,4% frente a igual período de 2024.
El valor total a precios corrientes llegó a $287.852 millones, un aumento nominal del 7,9%, muy por debajo de la inflación, lo que confirma que el volumen de compra se achicó de manera significativa. El ticket promedio se ubicó en $36.959, con un incremento del 11,5%, porcentaje también insuficiente para compensar la pérdida de ventas en términos reales.
Entre los rubros que exhibieron los mayores aumentos a precios corrientes se encuentran:
Carnes (+29,9%)
Panadería (+15,6%)
Bebidas (+13,3%)
Almacén (+12,4%)
Este comportamiento revela que los incrementos en bienes esenciales continúan ejercen presión sobre el presupuesto de comercios minoristas y consumidores que acuden al canal mayorista para abastecerse.
Un dato interesante es la distribución de los medios de pago. A diferencia de los supermercados, aquí predominó el uso de otros métodos de pago (32,9%), una categoría que incluye transferencias bancarias, cuentas corrientes y sistemas digitales que utilizan principalmente pequeños comercios. Les siguieron las tarjetas de crédito con el 28,3%, el efectivo con el 22,7%, y por último las tarjetas de débito con el 16,2%. Esto evidencia que muchos compradores —especialmente comerciantes minoristas— dependen de modalidades de pago alternativas para sostener su operatoria cotidiana.
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La caída simultánea en los tres canales de consumo indica que la tendencia negativa no se limita a un segmento específico, sino que atraviesa la estructura comercial en su conjunto. Aunque el país muestra algunos indicadores de estabilidad macroeconómica en ciertas áreas, el poder adquisitivo no logra recomponerse con suficiente velocidad y los hábitos de compra continúan adaptándose a la incertidumbre.
La profundización del uso de tarjetas de crédito en supermercados y, en menor medida, en mayoristas revela que las familias están utilizando estas herramientas como extensión de sus ingresos. En un contexto donde el consumo es clave para dinamizar la actividad económica, este comportamiento tiene un doble efecto: permite sostener un nivel mínimo de demanda, pero al mismo tiempo incrementa el endeudamiento de los hogares.
Los próximos meses serán decisivos para evaluar si esta tendencia se revierte o si las caídas se consolidan en el cierre del año. El desempeño del consumo de fin de año, históricamente más dinámico, también dependerá de factores como los acuerdos salariales, la inflación y la evolución del crédito.
Fuente: Corrientes hoy



