La venta callejera en Buenos Aires registra una nueva caída en septiembre
El comercio ilegal en la Ciudad de Buenos Aires volvió a mostrar una retracción durante septiembre de 2025, marcando una baja del 3,1% respecto al mes anterior. En total, se detectaron 155 puestos de venta callejera en las zonas relevadas de la capital argentina. Aunque la actividad informal sigue presente, el descenso interanual del 87,1% frente a septiembre de 2024 refleja una tendencia sostenida hacia la reducción de esta modalidad de comercialización, resultado de controles más estrictos, operativos policiales y cambios en los hábitos de consumo.
UN MERCADO INFORMAL EN REPLIEGUE
La venta callejera ha sido durante años un componente visible del paisaje urbano porteño. Sin embargo, las cifras recientes evidencian una disminución notoria en comparación con los registros del año pasado. La reducción del 87,1% interanual no solo muestra el impacto de las políticas de control, sino también de las transformaciones estructurales del comercio minorista, marcadas por la digitalización y el avance del comercio electrónico.
De los 155 puestos ilegales detectados, la mayoría se concentró en diez cuadras específicas, que representaron el 83,1% del total. Esto sugiere que la venta informal no desapareció, sino que se replegó hacia focos más localizados y resistentes, especialmente en avenidas históricamente afectadas.
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La densidad promedio fue de 3,3 puestos por cuadra, cifra que, aunque moderada, continúa reflejando la persistencia de un fenómeno difícil de erradicar completamente en zonas con alta circulación de peatones.
AVENIDA AVELLANEDA Y CALLE PERÚ: LOS PRINCIPALES FOCO DE CONFLICTO
El mapa de la venta ilegal muestra que Avenida Avellaneda sigue siendo uno de los puntos más conflictivos de la ciudad. Esta arteria concentró tres de las diez cuadras más afectadas, con una participación del 25,9% del total de puestos detectados en calles y avenidas.
La calle Perú al 0, en el Microcentro, fue la más castigada, con 18 puestos identificados, seguida por Avellaneda al 2900, con 9 puestos. La concentración de estos puntos evidencia la existencia de circuitos organizados de venta, donde la informalidad se sostiene gracias a la alta densidad comercial y a la circulación constante de compradores.
A pesar de los controles municipales y los operativos de fiscalización, estas zonas siguen siendo un desafío para las autoridades porteñas, ya que la venta ambulante se adapta rápidamente, desplazándose o cambiando de modalidad para evadir la fiscalización.
LOS RUBROS DOMINANTES: ALIMENTOS Y VESTIMENTA
En términos de categorías, el rubro de Alimentos y Bebidas fue el más comercializado, representando el 61,6% del total. Este predominio responde a factores estructurales: el bajo costo de entrada para los vendedores, la alta demanda de productos básicos y la dificultad para controlar su comercialización informal.
El segundo rubro más presente fue Indumentaria y Calzado, con el 20,1%, un segmento históricamente asociado al comercio ilegal en zonas como Once y Flores. Ambos rubros no solo concentran la mayor parte de la actividad, sino que también evidencian los riesgos sanitarios, laborales y fiscales que acompañan a la informalidad.
La Avenida Corrientes se consolidó como uno de los principales centros de comercialización ilegal de estos productos, especialmente en las inmediaciones de la estación Once de Septiembre, un punto neurálgico del transporte urbano y del comercio informal.
AUMENTO DE LA PIRATERÍA: UNA CARA PERSISTENTE DEL PROBLEMA
Aunque el número total de puestos se redujo, los casos de piratería aumentaron un 15% respecto a agosto de 2025, alcanzando 46 casos detectados. Este crecimiento revela una tendencia preocupante: la disminución de la venta ambulante no necesariamente implica una reducción del comercio ilegal en general, sino una reconfiguración de las modalidades de falsificación y distribución.
Las falsificaciones se concentraron principalmente en el rubro Indumentaria y Calzado, con la Avenida Avellaneda como epicentro, mientras que en el segmento de Óptica, fotografía, relojería y joyería, la Estación Constitución encabezó los casos de venta de productos apócrifos.
La piratería afecta directamente a la industria formal, no solo por la pérdida de ingresos fiscales y de empleo registrado, sino también por la erosión de la confianza del consumidor y el daño a la reputación de las marcas.
ZONAS RELEVADAS Y METODOLOGÍA
El relevamiento incluyó un extenso recorrido por las principales arterias y puntos de afluencia comercial de la Ciudad de Buenos Aires: Avenidas Avellaneda, Rivadavia, Pueyrredón, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Cabildo, Juramento, Callao, de Mayo y 9 de Julio, además de las zonas de Once, Liniers, Microcentro y Lavalle.
También se observaron áreas con fuerte presencia de tránsito peatonal, como las estaciones de Once, Retiro, Constitución, Lacroze y Belgrano C, así como Plaza de Mayo y Parque Rivadavia.
El trabajo de campo se realizó entre el 1° y el 30 de septiembre de 2025, mediante un relevamiento sistemático que contempló ambas aceras de calles, avenidas y estaciones. Este monitoreo constante permite identificar las dinámicas de desplazamiento de los vendedores y los nuevos focos de instalación, información clave para orientar las políticas públicas.
LAS CONSECUENCIAS DE LOS OPERATIVOS DE 2024
El fuerte descenso interanual de la cantidad de puestos callejeros está vinculado, en gran medida, con los 200 allanamientos realizados en octubre de 2024 en la zona de Once, una de las más afectadas históricamente por el comercio ilegal. Aquellos operativos desarticularon redes de venta informal que abastecían a vendedores callejeros, reduciendo drásticamente su capacidad de reposición de mercancía.
La continuidad de los controles y la vigilancia en puntos estratégicos ha mantenido la tendencia descendente, aunque la informalidad tiende a reemerger en forma intermitente. Este fenómeno demuestra que las acciones policiales deben complementarse con estrategias de inclusión laboral, programas de formalización y capacitación comercial, especialmente para los trabajadores que dependen de la venta callejera como principal fuente de ingreso.
ENTRE LA FORMALIZACIÓN Y LA NECESIDAD ECONÓMICA
La venta ambulante en Buenos Aires refleja una tensión social persistente: por un lado, la necesidad de ordenar el espacio público y proteger el comercio formal; por otro, la realidad económica de miles de personas que encuentran en la venta informal su única alternativa de sustento.
En un contexto de inflación elevada y bajo poder adquisitivo, muchos ciudadanos optan por la venta callejera como medio de subsistencia, lo que plantea el desafío de implementar políticas de reconversión que combinen control estatal con oportunidades de inserción laboral.
En este sentido, las organizaciones del sector privado y las autoridades locales coinciden en que la solución al comercio ilegal no puede limitarse a los operativos, sino que requiere estrategias integrales que aborden las causas estructurales de la informalidad.
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Los datos de septiembre confirman que la venta callejera continúa en descenso, pero el fenómeno está lejos de desaparecer. La reducción del 3,1% mensual y del 87,1% anual es un avance significativo, aunque las autoridades reconocen que la recuperación del orden comercial debe sostenerse con medidas permanentes.
La capital argentina avanza hacia una mayor formalización del espacio público, pero enfrenta el desafío de mantener ese equilibrio sin agravar las tensiones sociales ni fomentar la precariedad laboral.
La venta ilegal, aunque en declive, sigue siendo un termómetro de la economía informal urbana. Su evolución en los próximos meses dependerá de la capacidad del Estado y del sector privado para coordinar esfuerzos que combinen control, inclusión y desarrollo económico sostenible.

