En el contexto de una economía en crisis y una inflación creciente, la clase media argentina se ha visto obligada a modificar drásticamente sus hábitos de consumo, renunciando a pequeños placeres que antes formaban parte de su vida cotidiana. Según un reciente estudio realizado por Moiguer Consultora de Estrategia, el 80% de los argentinos de clase media ha tenido que reducir o eliminar gastos considerados «gustitos», como los asados con amigos, salir a tomar un café, usar el auto, o comprar ropa, entre otros.
El estudio, realizado en varias provincias de Argentina como Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Salta, se centró en la franja de ingresos denominada clase media, que según la consultora corresponde a los niveles socioeconómicos C2 y C3, con ingresos mensuales de entre $881.748 y $1.760.092. Esta clase, que representa el 39% de la pirámide socioeconómica, es la que ha sentido con más fuerza los efectos del deterioro económico, viéndose obligada a recortar gastos de manera significativa.
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Los datos son reveladores: el 80% de los encuestados reconoció haber reducido o dejado de hacer asados con amigos y familiares, una tradición profundamente arraigada en la cultura argentina. De ese 80%, el 43% afirmó que redujo la frecuencia de estos encuentros, mientras que el 37% directamente decidió no realizarlos más para ahorrar. Esta tendencia no solo refleja la situación económica, sino también un cambio en la dinámica social.
Reducción en el uso del auto y otros «gustitos»
Otro dato preocupante del estudio es el 66% de las personas que afirmaron haber dejado de utilizar su auto o moto, una decisión motivada por el alto costo del combustible y el mantenimiento del vehículo. Además, el 91% dijo que dejó de usar taxis o aplicaciones de transporte, optando por medios de transporte más económicos o caminatas.
El impacto de esta crisis también ha llegado a otros aspectos de la vida cotidiana. Un 75% de los encuestados indicó que ya no participa en actividades deportivas debido a los altos costos de inscripción, y el 68% dejó de pagar por servicios de streaming, como una medida para ajustar sus presupuestos. Incluso el servicio de telefonía celular fue recortado por el 59% de la clase media, una señal clara de los profundos ajustes que se están haciendo en los hogares argentinos.
Uno de los puntos más destacados del informe es la percepción de que muchos argentinos que se consideraban de clase media ahora se ven a sí mismos más cerca de la pobreza. Según Martín Eandi, director del área de investigación de Moiguer Consultora, «muchos hogares no pueden cubrir todos sus gastos, y aunque culturalmente la clase media se define por su nivel de educación y empleo, la realidad económica está erosionando esa identidad».
Las cifras son contundentes: el 45% de los encuestados afirmó que ya no puede mantener los gastos asociados a un auto, mientras que el 70% aseguró que no puede permitirse la compra de electrodomésticos como un lavarropas. Además, el 55% dijo que ya no puede pedir comida a domicilio ni una vez por semana, y el 36% no puede afrontar un gasto imprevisto de $30.000.
Este fenómeno también se refleja en las decisiones más dramáticas que algunos hogares han tomado con respecto a la educación de sus hijos. El 41% de los encuestados afirmó haber reducido o eliminado los gastos relacionados con la educación privada, ya sea cambiando a sus hijos a instituciones más económicas o directamente optando por la educación pública.
El estudio también exploró los cambios en los hábitos de compra de los argentinos para hacer rendir su presupuesto. El 48% de los encuestados reconoció haber reducido o dejado de comprar carne, un alimento fundamental en la dieta argentina, mientras que otros productos como snacks, helados, yogures y aceite de oliva también han sido eliminados o restringidos por una gran parte de la población.
De forma paralela, la crisis ha llevado a muchos argentinos a adoptar productos más económicos o directamente a modificar sus hábitos de consumo. Por ejemplo, el 37% de los encuestados dijo que ahora compra productos de limpieza a granel para ahorrar, mientras que el 28% ha optado por dejar de comprar agua mineral y beber agua de la canilla para reducir gastos.
Reinventando el consumo
El panorama que se desprende de este estudio es el de una clase media que ha tenido que adaptarse a una nueva realidad económica, ajustando su estilo de vida de manera significativa. «Hace dos años que monitoreamos estos cambios y hemos visto cómo el modelo político y económico ha golpeado fuertemente a la economía doméstica», afirmó Eandi. Según el estudio, el 52% de los hogares argentinos asegura que su capacidad de consumo es peor o mucho peor que el año anterior, y más de la mitad de los encuestados ha tenido que recurrir a sus ahorros para cubrir los gastos del día a día.
El 74% de los hogares ha admitido que ha tenido que restringir algún «gustito» para poder ajustar su presupuesto, siendo los asados, la compra de ropa y las salidas a comer afuera los principales sacrificios.
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La clase media argentina se encuentra en una encrucijada, obligada a hacer sacrificios considerables para sobrevivir en un entorno económico cada vez más hostil. La renuncia a pequeños placeres como los asados con amigos, el uso del auto o la compra de ropa es solo una muestra del profundo impacto que la crisis está teniendo en los hogares. Este ajuste forzado no solo afecta al bolsillo, sino que también está cambiando la forma en que los argentinos interactúan socialmente y consumen.
