La cámara argentina asume rol clave en lucha regional contra comercio ilícito
En un escenario regional marcado por desafíos compartidos en materia de comercio formal e ilegal, una de las entidades empresariales argentinas más antiguas y representativas asumió recientemente la presidencia de un consejo que agrupa asociaciones empresariales sudamericanas con el objetivo de enfrentar el comercio ilícito de manera coordinada. Este hecho no solo tiene impacto simbólico, sino que también refleja un enfoque pragmático para abordar fenómenos complejos como el contrabando, la venta irregular de productos y la competencia desleal que afectan a diversas economías de Sudamérica.
Un liderazgo estratégico para una problemática regional
Durante un encuentro que reunió representantes de distintas cámaras empresariales de la región en Chile, la organización argentina fue elegida para liderar el Consejo de Asociaciones Empresariales Sudamericanas por el Comercio Lícito, un espacio que busca fortalecer la colaboración entre países para combatir el comercio ilegal y las redes delictivas transnacionales. La decisión de confiar la presidencia a esta cámara responde a su experiencia acumulada en la lucha contra la informalidad y el comercio no regulado dentro de su propio país, especialmente en zonas urbanas donde la venta no autorizada de bienes es un desafío persistente.
Este fenómeno —que excede las fronteras de cualquier país— incluye prácticas como contrabando, falsificación y operaciones comerciales que no cumplen con las normativas fiscales, laborales o sanitarias. Estas prácticas no solo generan pérdidas de recaudación para los estados, sino que también perjudican a las empresas que operan dentro de la legalidad, distorsionan los mercados y pueden poner en riesgo la seguridad de consumidores y trabajadores.
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En Sudamérica, la libre circulación de bienes, personas y servicios ha permitido que los mercados se integren progresivamente, pero también ha facilitado que prácticas ilícitas se adapten y trasciendan fronteras con mayor facilidad. Por ello, los líderes empresariales consideran que ningún país puede enfrentar este desafío de forma aislada: la cooperación entre instituciones privadas y públicas, y entre países vecinos, es fundamental para diseñar estrategias eficaces.
La presidencia de este consejo incluye prioridades como el intercambio de información entre los distintos países, la construcción de diagnósticos compartidos y la implementación de acciones concretas y medibles para contrarrestar el comercio ilegal. Este tipo de colaboración busca, por ejemplo, detectar tendencias en el comercio electrónico informal, fortalecer los controles aduaneros de forma coordinada y diseñar políticas que protejan a las empresas locales sin imponer barreras innecesarias a quienes cumplen con la ley.
La presencia de comercio ilícito tiene efectos muy concretos en las economías formales de la región. Además de erosionar la recaudación fiscal —lo que limita la capacidad de los estados para invertir en servicios públicos—, genera competencia desleal que puede llevar al cierre de negocios legítimos y a la pérdida de empleos registrados. En economías donde el sector comercial y de servicios representa una proporción significativa del producto interno bruto y del empleo total, estos efectos pueden ser especialmente sensibles.
Al impulsar un liderazgo regional, la entidad argentina busca que se implemente una visión integral que no solo priorice la represión de actividades ilegales, sino que también fomente prácticas comerciales formales y competitivas. Esto implica apoyar la modernización de los marcos regulatorios, la digitalización de los procesos comerciales y mecanismos de transparencia que dificulten la proliferación de circuitos ilegales.
Uno de los puntos enfatizados por los representantes empresariales en la reciente reunión fue la rapidez con la que los esquemas de comercio ilícito se adaptan a los cambios tecnológicos y a las nuevas formas de distribución, como las plataformas digitales y el comercio electrónico no regulado. Esto obliga a repensar la forma tradicional de combatir estas prácticas, combinando herramientas tecnológicas con estrategias de cooperación transnacional y vigilancia compartida.
Además, la globalización del comercio implica que prácticas desleales en un país pueden tener efectos en cascada en otros. Por ejemplo, productos ingresados de manera ilegal en un mercado pueden luego circular hacia mercados vecinos, dificultando la labor de las empresas que operan dentro de la formalidad. Por ello, fortalecer los mecanismos de intercambio de información y las buenas prácticas entre cámaras empresariales y gobiernos es visto como un paso clave para mitigar estos riesgos.
La importancia del diálogo entre sector público y privado
Los representantes empresariales subrayaron que la lucha contra el comercio ilegal no puede depender únicamente de acciones gubernamentales aisladas. En este sentido, la articulación entre el sector privado y las autoridades públicas, incluyendo organismos de aduana y agencias de seguridad, se vuelve indispensable para construir respuestas más eficaces. La cooperación público-privada puede facilitar, por ejemplo, la creación de observatorios conjuntos que analicen tendencias delictivas, alertas tempranas de circuitos de contrabando o el diseño de campañas de concienciación orientadas a consumidores y comerciantes.
Este enfoque colaborativo también puede contribuir a promover la formalidad en el mercado laboral y a proteger a los trabajadores que podrían verse afectados por prácticas ilegales, como trabajo no registrado, condiciones laborales precarias o explotación en cadenas productivas no reguladas.
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La presidencia de este espacio por parte de la cámara argentina representa una oportunidad para consolidar un plan de acción regional que tenga continuidad más allá de la temporalidad de los cargos. La intención es que las estrategias desarrolladas no solo sean reactivas, sino que prevengan, detecten y mitiguen el comercio ilícito de manera sostenible.
Un objetivo clave es fortalecer las capacidades institucionales de los países sudamericanos para responder a prácticas comerciales ilegales con mayor eficacia, desde la modernización de sistemas aduaneros hasta la incorporación de análisis de datos para monitorear cadenas comerciales más amplias. En última instancia, la meta es construir un entorno donde la competencia leal sea una regla clara y donde las empresas formales puedan operar sin ser desplazadas por actividades que dañan la economía formal y ponen en riesgo la confianza de los consumidores.
Fuente: Fashion Network


