La inflación mayorista cerró 2025 en baja frente al IPC, aunque mostró una aceleración en diciembre
La evolución de los precios mayoristas volvió a ocupar un lugar central en el análisis económico argentino tras conocerse los datos correspondientes a diciembre de 2025. El último mes del año dejó una aceleración mensual del índice, pero no logró revertir una tendencia que, en términos anuales, mostró una inflación mayorista sensiblemente menor a la registrada a nivel minorista. El resultado fue interpretado por el Gobierno como una señal de consolidación del proceso de desaceleración inflacionaria, aunque los números de cierre también abren interrogantes sobre la dinámica de precios hacia adelante.
Durante diciembre, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró un incremento mensual del 2,4%, lo que implicó una suba de casi un punto porcentual respecto del dato de noviembre. Aun así, el indicador se mantuvo por debajo de la inflación minorista del mes, que fue cercana al 3%, y permitió que el acumulado anual de los precios mayoristas finalizara en torno al 26%, aproximadamente cinco puntos menos que el aumento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) a lo largo de 2025.
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El comportamiento del IPIM en diciembre dejó una lectura ambivalente. Por un lado, confirmó que la inflación mayorista logró desacelerarse de manera significativa respecto de años previos, especialmente si se la compara con los registros extraordinariamente elevados observados en 2023. Por otro, evidenció una aceleración en el tramo final del año, lo que sugiere que las presiones sobre los costos no desaparecieron por completo.
El repunte mensual estuvo impulsado principalmente por los productos de origen nacional, que mostraron una suba del 2,4%, mientras que los bienes importados registraron un aumento más moderado, cercano al 1,7%. Esta diferencia refleja tanto la dinámica interna de costos como el impacto de las políticas cambiarias y comerciales sobre los precios de los bienes provenientes del exterior.
Dentro del componente nacional, los productos primarios jugaron un rol clave en la aceleración. Luego de haber mostrado una variación negativa en noviembre, pasaron a registrar aumentos en diciembre, con especial incidencia del sector energético. El petróleo, en particular, mostró un avance superior al promedio general, lo que terminó traccionando a otros segmentos vinculados a la industria y el transporte.
Manufacturas, energía y alimentos entre los principales impulsores
Los productos manufacturados de origen nacional también contribuyeron al alza del índice mayorista. En diciembre, este grupo mostró un incremento superior al observado el mes previo, reflejando ajustes en rubros clave de la estructura productiva. Entre los aumentos más destacados se encontraron los derivados del petróleo, que registraron subas significativamente por encima del promedio, seguidos por alimentos y bebidas, y por el complejo automotor.
El encarecimiento de los productos refinados del petróleo tuvo un impacto transversal, dado su peso en la cadena de costos de múltiples sectores. A su vez, el aumento en alimentos y bebidas volvió a encender señales de alerta, ya que este tipo de incrementos suele tener una mayor probabilidad de trasladarse a los precios minoristas, afectando directamente al consumo.
Otros rubros, como tabaco, maquinaria y aparatos eléctricos, se movieron en línea con el promedio general, mientras que algunos sectores mostraron ajustes más moderados. Este comportamiento heterogéneo refleja que la desaceleración inflacionaria no fue uniforme y que persisten tensiones en determinados segmentos de la economía.
Importados: subas contenidas pese al contexto cambiario
Uno de los datos que más llamó la atención del cierre de 2025 fue la evolución de los precios de los productos importados. El aumento mensual del 1,7% resultó relativamente bajo en comparación con la variación del tipo de cambio oficial acumulada en el mismo período. Esta brecha sugiere que parte del ajuste cambiario no se trasladó plenamente a los precios mayoristas, ya sea por estrategias comerciales, márgenes de rentabilidad comprimidos o políticas de facilitación del comercio.
Este comportamiento contribuyó a moderar el índice general y fue interpretado como una señal de menor presión externa sobre los precios internos. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de esta dinámica en el mediano plazo, especialmente si se produjeran nuevos movimientos en el frente cambiario.
Un año con inflación mayorista por debajo de la minorista
Más allá del repunte de diciembre, el balance anual dejó un dato relevante: la inflación mayorista terminó 2025 por debajo de la inflación minorista. Esta diferencia no es menor y suele ser analizada como un indicio de menor presión de costos sobre los precios finales, al menos en términos agregados.
La brecha entre ambos indicadores se explica, en parte, por la composición de las canastas que mide cada índice. Mientras el IPIM se concentra exclusivamente en bienes y refleja los precios a los que productores e importadores venden en el mercado interno, el IPC incorpora tanto bienes como servicios y mide el impacto directo sobre el consumidor final. En un contexto donde los servicios ajustaron con mayor intensidad, el IPC tendió a mostrar registros más elevados.
Además, el índice mayorista incluye impuestos indirectos relevantes, lo que lo convierte en una herramienta útil para anticipar posibles movimientos futuros en los precios al consumidor, aunque el traslado no siempre es inmediato ni lineal.
Lectura oficial y desafíos hacia adelante
Desde el Gobierno, el cierre del año fue presentado como una confirmación del rumbo económico adoptado. La reducción significativa de la inflación mayorista respecto de años anteriores fue atribuida al ordenamiento fiscal, la disciplina monetaria y a una serie de medidas orientadas a reducir costos para el sector privado. En ese marco, el dato fue celebrado como una señal de normalización de la economía.
No obstante, la aceleración observada en los últimos meses del año introduce un matiz de cautela. Si bien el nivel de inflación es considerablemente más bajo que en el pasado reciente, la dinámica mensual sugiere que el proceso de desinflación aún enfrenta desafíos y que la estabilidad no está completamente garantizada.
De cara a 2026, la evolución de los precios mayoristas será una variable clave para anticipar el comportamiento del IPC. Un IPIM contenido podría ayudar a consolidar la desaceleración inflacionaria, mientras que nuevas presiones en costos, energía o tipo de cambio podrían reactivar tensiones sobre los precios al consumidor.
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El desempeño de la inflación mayorista en 2025 dejó en claro que el escenario es más estable que en años previos, pero todavía frágil. El hecho de haber cerrado el año por debajo de la inflación minorista es una señal positiva, aunque la aceleración de diciembre recuerda que los equilibrios alcanzados requieren consistencia y continuidad en las políticas económicas.
El IPIM volvió a confirmarse como un indicador central para entender la dinámica de precios en Argentina. Su evolución no solo permite evaluar la efectividad de las políticas macroeconómicas, sino también anticipar los desafíos que enfrenta el proceso de recuperación del poder adquisitivo y de normalización de la economía.
Fuente: El Litoral


