El turismo chileno hacia Argentina se retrae tras años de fuerte impulso cambiario
Durante la última década, los flujos turísticos entre Chile y Argentina han mostrado una marcada sensibilidad a los vaivenes económicos de ambos países. Si bien los argentinos cruzaron masivamente la cordillera hacia Chile en los últimos años, atraídos por precios competitivos en productos tecnológicos, deportivos y de consumo, el movimiento inverso perdió fuerza de manera sostenida. Hoy, viajar desde Chile hacia Argentina ya no resulta tan atractivo como en el pasado reciente, y las cifras confirman un cambio de tendencia.
Los datos oficiales muestran que Chile continúa siendo uno de los principales mercados emisores de turistas hacia Argentina, ubicándose detrás de Brasil y Uruguay. Sin embargo, la cantidad de visitantes chilenos cayó de forma significativa en el último año. En 2025, el ingreso de residentes de Chile se redujo cerca de un 26% en comparación con 2024, consolidando así dos años consecutivos de retroceso en el flujo turístico.
Un cambio de ciclo tras el auge excepcional
La caída observada en 2024 y 2025 no puede analizarse de manera aislada. El año 2023 marcó un punto máximo histórico para el turismo chileno hacia Argentina, con más de 1,3 millones de viajes registrados, incluso superando los niveles previos a la pandemia. Este comportamiento respondió a una combinación excepcional de factores económicos y sociales que difícilmente se repitan en el corto plazo.
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La fuerte depreciación del peso argentino generó una ventaja cambiaria sin precedentes para los viajeros chilenos, que encontraron precios altamente competitivos en alojamiento, gastronomía, transporte y consumo general. A esto se sumó el fin de las restricciones sanitarias y la liberación de una demanda contenida durante casi dos años, lo que impulsó escapadas masivas hacia destinos cercanos y bien conectados.
Además, la disponibilidad extraordinaria de recursos en los hogares chilenos, producto de retiros previsionales, amplificó la capacidad de gasto en viajes. El resultado fue un boom turístico que benefició especialmente a ciudades como Buenos Aires, Mendoza, Bariloche y otros polos urbanos y gastronómicos del país vecino.
Inflación y pérdida de atractivo relativo
El escenario comenzó a cambiar a partir de 2024. Aunque el tipo de cambio seguía siendo relativamente favorable para los chilenos, la inflación acumulada en Argentina empezó a erosionar la percepción de destino económico. La volatilidad de precios, la actualización frecuente de tarifas y el encarecimiento de servicios turísticos redujeron el diferencial que había impulsado los viajes en años anteriores.
En paralelo, el consumidor chileno adoptó una postura más cautelosa frente a su propio contexto económico, priorizando el control del gasto y evaluando con mayor detenimiento la relación precio-calidad de cada destino. En ese marco, Argentina dejó de ser vista como una opción claramente conveniente desde el punto de vista financiero.
El turismo emisivo es particularmente sensible al tipo de cambio. Cuando existe una brecha amplia y favorable, el incentivo a viajar crece de manera casi inmediata. En cambio, cuando esa diferencia se reduce, el viaje se encarece, afectando no solo la decisión de cruzar la frontera, sino también la duración de la estadía y el nivel de gasto en destino. En el caso argentino, donde una parte importante de la demanda chilena se vincula a escapadas cortas y viajes de consumo, este efecto se vuelve aún más evidente.
Dos años de caída y un ajuste a niveles más sostenibles
La disminución del flujo turístico en 2025 consolida una tendencia que ya se había iniciado en 2024, cuando el número de visitantes chilenos también se redujo en torno al 26%. Este ajuste, más que una señal de crisis estructural, es interpretado por los actores del sector como un proceso de normalización tras un pico excepcional.
Antes de la pandemia, los viajes desde Chile hacia Argentina se ubicaban en torno a los 1,1 millones anuales. El salto observado en 2023 respondió a condiciones extraordinarias que inflaron las cifras de manera temporal. La corrección posterior refleja un retorno a niveles más consistentes con el contexto macroeconómico regional.
El rol del transporte y las escapadas cortas
Un aspecto clave del turismo chileno hacia Argentina ha sido históricamente el predominio del transporte terrestre. La cercanía geográfica y la buena conectividad vial favorecen los viajes en automóvil o en bus, especialmente desde la zona central de Chile hacia el oeste argentino.
Tras la pandemia, esta modalidad se recuperó con mayor rapidez que el transporte aéreo. En 2022, ambos medios mostraron cifras relativamente cercanas, pero en 2023 el flujo terrestre se disparó, creciendo más de un 200%, mientras que el aéreo se duplicó. Esta evolución refleja una preferencia por escapadas rápidas, de corta duración y menor planificación.
En 2025, el transporte terrestre continuó representando cerca de dos tercios del total de viajes, aunque todas las modalidades registraron caídas interanuales. El transporte aéreo también se contrajo, afectado por precios más altos y una menor percepción de ventaja económica, mientras que el segmento marítimo mantuvo una participación marginal.
De cara a 2026, el sector turístico proyecta un escenario de mayor estabilidad, sin los extremos observados en los últimos años. No se espera una repetición de los niveles récord de 2023, pero sí un flujo más equilibrado y predecible, impulsado por viajes planificados y motivaciones menos ligadas exclusivamente al precio.
Si la economía argentina logra consolidar un proceso de estabilización macroeconómica, podría producirse una recuperación moderada del turismo chileno frente a los niveles de 2025. Sin embargo, esta mejora dependerá de múltiples variables, entre ellas la evolución del tipo de cambio, la inflación, la conectividad aérea y terrestre, y el contexto económico regional.
Más allá del turismo de compras, surgen oportunidades en segmentos específicos que mantienen atractivo para el viajero chileno. El turismo enológico, especialmente en Mendoza, los viajes culturales y gastronómicos en Buenos Aires, el turismo deportivo y las escapadas familiares continúan siendo propuestas valoradas.
Estos segmentos suelen mostrar una menor sensibilidad a las fluctuaciones cambiarias extremas y responden más a la calidad de la experiencia que al ahorro inmediato. En ese sentido, Argentina seguirá siendo un destino relevante para el mercado chileno, aunque con una demanda más racional, selectiva y menos dependiente de shocks coyunturales.
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El retroceso del turismo chileno hacia Argentina no implica una ruptura del vínculo, sino una adaptación a un nuevo escenario económico. Tras años de fuerte impulso cambiario y consumo intensivo, el flujo se reconfigura hacia niveles más sostenibles, donde la experiencia, la cercanía y la diversidad de la oferta pesan tanto como el precio.
La evolución de este intercambio seguirá siendo un termómetro sensible de las condiciones macroeconómicas de ambos países, confirmando que, en el Cono Sur, el turismo no solo responde a paisajes y cultura, sino también a la economía cotidiana de los viajeros.
Fuente: MSN


