El FMI prevé baja inflación en Argentina y crecimiento económico
La última actualización del informe de Perspectivas de la Economía Mundial (World Economic Outlook, WEO) del Fondo Monetario Internacional (FMI), presentada desde Washington, trae buenas noticias para Argentina. Según el organismo multilateral, la inflación anual en el país sudamericano se ubicaría entre el 18% y el 23% para fines de 2025. Este dato fue revelado por Pierre-Olivier Gourinchas, economista jefe del FMI, quien destacó además la recuperación económica que atraviesa Argentina tras un difícil 2024.
Una mejora en la estabilidad macroeconómica
Durante su conferencia de prensa, Gourinchas celebró el avance del programa de estabilización económica que el gobierno argentino lleva adelante. Aseguró que el país está “experimentando una fuerte recuperación” y calificó este desempeño como “una evolución muy positiva”. Según el funcionario, los factores que impulsan esta mejora incluyen un aumento de la confianza en los mercados, el repunte del crédito, la recuperación de los salarios reales y una marcada desaceleración del ritmo inflacionario.
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El proceso de desinflación, de hecho, es uno de los aspectos más destacados por el FMI. Si bien el país venía de un 2024 con elevados niveles de inflación, el informe señala que las políticas implementadas han sido efectivas para contener el alza de precios, lo que permite proyectar cifras mucho más estables para este año.
Proyecciones oficiales y privadas: ¿alineación o divergencia?
El optimismo del FMI respecto a la inflación coincide parcialmente con las proyecciones del Gobierno argentino. En el borrador del Presupuesto presentado a comienzos de año, el Ejecutivo anticipó una inflación del 18,3% para el cierre del 2025, junto con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 5%. Estas previsiones están en línea con el margen estimado por el Fondo, lo que sugiere una sintonía en cuanto al diagnóstico macroeconómico.
Sin embargo, algunos analistas del sector privado mantienen una visión más cautelosa. De acuerdo con el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), elaborado por el Banco Central de la República Argentina, el consenso entre los economistas es que la inflación anual rondará el 27%. Para los próximos 12 meses, el REM anticipa una desaceleración a un ritmo de 20,8% anual, lo que, aunque más optimista que las cifras actuales, aún se ubica por encima del rango más bajo proyectado por el FMI.
Esta diferencia entre las proyecciones oficiales y privadas refleja las incertidumbres que persisten en el panorama económico argentino. Factores como la volatilidad del tipo de cambio, la situación fiscal, la política monetaria y las restricciones externas podrían incidir en el cumplimiento de los objetivos.
Más allá de las cifras, el FMI destaca que la recuperación argentina no es meramente coyuntural, sino que se asienta sobre fundamentos sólidos. Gourinchas enfatizó que el país atraviesa un “contexto muy sólido” y que la mejora económica responde a transformaciones estructurales y a la aplicación de políticas coherentes.
Este punto es relevante, ya que sugiere que el crecimiento actual no es producto exclusivo de un rebote tras una fuerte caída, sino que está acompañado de señales de sostenibilidad a mediano plazo. En efecto, el Fondo estima que el crecimiento del PIB para 2025 será del 5,5%, una cifra superior al promedio proyectado para América Latina, que se ubica en 2,2%.
De cara a 2026, no obstante, se espera una moderación del crecimiento argentino, con una expansión del 4,5%, según el mismo informe del FMI. Aun así, estos números se mantienen por encima del promedio regional previsto para ese año, que será de 2,4%.
La mejora en el panorama argentino se produce en un contexto global de crecimiento moderado. La actualización del WEO anticipa una expansión de la economía mundial del 3% para 2025 y del 3,1% en 2026. A nivel regional, América Latina continúa enfrentando desafíos estructurales, como baja inversión, informalidad laboral y presión fiscal, lo que explica sus tasas de crecimiento más modestas en comparación con Asia o economías desarrolladas.
En este escenario, la performance argentina adquiere especial relevancia. El país logra posicionarse como una excepción dentro del promedio regional, en parte gracias a un proceso de reformas que, si bien no ha estado exento de tensiones sociales y políticas, ha comenzado a mostrar resultados concretos.
Pese a las señales alentadoras, el camino hacia la estabilidad definitiva no está libre de obstáculos. La economía argentina sigue expuesta a numerosos riesgos, tanto internos como externos. Entre ellos, destacan:
La necesidad de consolidación fiscal: aunque el déficit primario se ha reducido, todavía existen dudas sobre la sostenibilidad del ajuste fiscal en el mediano plazo.
El control de la emisión monetaria: clave para consolidar la baja de la inflación y evitar presiones sobre el tipo de cambio.
El endeudamiento externo: si bien las relaciones con organismos multilaterales como el FMI han mejorado, persisten vencimientos significativos que deberán ser gestionados.
La recomposición del poder adquisitivo: aún resta ver si el repunte de los salarios reales se sostiene en el tiempo.
A todo esto se suma el factor político. Con elecciones previstas para 2025, las decisiones de política económica podrían estar influenciadas por consideraciones electorales, lo que añade un grado de incertidumbre al rumbo de mediano plazo.
Confianza del FMI y expectativas de futuro
Lo cierto es que, por primera vez en años, el FMI muestra una visión claramente optimista sobre el futuro inmediato de Argentina. El respaldo del organismo puede tener implicancias positivas tanto en el plano financiero como en el político, ayudando a atraer inversiones y consolidar el apoyo de otros organismos multilaterales.
Además, el buen desempeño argentino podría servir de ejemplo para otros países de la región que enfrentan desafíos similares. La experiencia reciente demuestra que, con voluntad política, reformas coherentes y apoyo internacional, es posible revertir un escenario macroeconómico adverso.
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La estimación de una inflación anual entre el 18% y el 23% para 2025 marca un punto de inflexión para la economía argentina, que durante años ha estado sumida en una espiral inflacionaria. Las proyecciones del FMI, si bien deben ser interpretadas con cautela, constituyen una señal de confianza en las políticas implementadas y en el rumbo actual.
El reto, ahora, será sostener los avances logrados y evitar retrocesos. La inflación contenida y el crecimiento por encima del promedio regional son indicadores prometedores, pero el país aún necesita consolidar su estabilidad fiscal, fomentar la inversión y mantener el rumbo de las reformas estructurales para lograr una recuperación duradera.

