El consumo se desploma en Argentina tras el ajuste económico de Milei
La Universidad de Buenos Aires (UBA) dio a conocer recientemente un análisis que expone con crudeza las consecuencias sociales y económicas del plan de ajuste implementado por el gobierno de Javier Milei. En sus primeros meses al frente del Ejecutivo, las políticas adoptadas han tenido un fuerte impacto en el poder adquisitivo de la población y en el comportamiento del consumo, con caídas marcadas tanto en el comercio minorista como en el mayorista. El escenario general es de retracción, deterioro salarial y perspectivas poco alentadoras para el corto plazo.
Un consumo en picada: los supermercados reflejan la crisis
De acuerdo al informe publicado por el Centro de Análisis de Mercado (RA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, las ventas en supermercados retrocedieron un 8% interanual, mientras que el comercio mayorista cayó aún más, con una merma del 22%. Esta brusca contracción se produce en un contexto marcado por una fuerte aceleración inflacionaria, la eliminación de subsidios y el aumento de tarifas, elementos centrales del programa de shock propuesto por el Ejecutivo.
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Hasta noviembre de 2023, los datos mostraban una leve mejora en las ventas minoristas y mayoristas, con subas acumuladas del 3% y 4,6%, respectivamente. Sin embargo, esta tendencia positiva fue abruptamente interrumpida tras la asunción de Milei, evidenciando el impacto de las primeras medidas de su gestión.
Inflación, tarifas y caída salarial: los motores del retroceso
La UBA identifica como principales responsables de este retroceso al alza sostenida de precios y la pérdida real del salario, fenómeno que forzó a muchas familias a priorizar el gasto en servicios esenciales —como electricidad, gas, transporte y educación—, reduciendo drásticamente la adquisición de bienes de consumo habitual. El estudio advierte que esta reasignación del gasto ha sido particularmente evidente en los estratos medios y bajos, donde el margen de maniobra presupuestario es mucho más limitado.
En paralelo, el aumento del umbral de pobreza también es motivo de preocupación. Según datos oficiales del INDEC, una familia tipo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires necesitó en marzo de 2025 alrededor de AR$ 1.150.000 (aproximadamente USD 1.000 al tipo de cambio oficial) para no ser considerada pobre, lo que evidencia el grado de presión inflacionaria que afecta a los hogares.
El consumo masivo sigue cayendo pese a algunos brotes productivos
Uno de los aspectos más destacados del informe es que, a pesar de que ciertos indicadores macroeconómicos comenzaron a mostrar signos de estabilización en el primer trimestre de 2025, el consumo masivo no logra recuperarse. De hecho, el análisis señala una baja interanual del 5,4% en marzo y un derrumbe del 8,6% en el acumulado del primer trimestre.
Los rubros más golpeados fueron las bebidas alcohólicas y los productos de higiene personal, considerados no esenciales. En contraste, algunos bienes duraderos, como electrodomésticos y automóviles, experimentaron una leve recuperación debido a la expansión del crédito en segmentos puntuales de la población.
El informe de la UBA también aborda el desempeño industrial, que tuvo una caída estimada del 5% en lo que va de 2024. Los sectores más perjudicados fueron el textil y el de metales básicos, dos ramas especialmente sensibles a los costos internos y la dinámica del mercado externo.
Aun así, hubo excepciones: la producción de alimentos y bebidas mostró un leve crecimiento del 6,9% acumulado, al igual que la refinación de petróleo, que mejoró un 5%. Estas mejoras están vinculadas más a la capacidad exportadora de estas industrias que al mercado interno, lo que refuerza la idea de que el consumo doméstico continúa debilitado.
Pese a algunos datos que podrían interpretarse como un inicio de estabilización productiva, la percepción de los empresarios industriales es de extrema cautela. El estudio subraya que los niveles de inversión continúan bajos y que muchos industriales prevén una utilización reducida de su capacidad instalada, lo cual impacta negativamente en la generación de empleo y en la recuperación del poder adquisitivo.
Asimismo, no se observan aún señales claras de una recuperación sostenida en la demanda interna. El atraso cambiario y el deterioro del salario real son dos factores que, según los analistas, seguirán condicionando la actividad durante los próximos meses.
Desequilibrio entre oferta y demanda
Otro dato relevante del análisis de la UBA es la disociación creciente entre los sectores que muestran una recuperación por el lado de la oferta (producción, exportaciones y comercio) y los que dependen de la demanda interna. Esta brecha indica que, aunque algunas ramas económicas logren crecer marginalmente, el grueso de la economía seguirá resentido mientras no haya una recomposición del ingreso de los hogares.
Este desequilibrio es particularmente visible en sectores como el público y el de las pensiones, donde los ingresos se han licuado frente a la inflación, acentuando la desigualdad y debilitando el mercado de consumo.
Hacia un segundo trimestre con desafíos
El informe concluye señalando que, de no revertirse estas tendencias, la caída tanto en el comercio minorista como mayorista podría profundizarse en los meses siguientes. La recuperación que parecía insinuarse a fines de 2023 ha sido completamente desdibujada por el impacto del plan de ajuste, y los expertos consideran que, sin medidas de contención social y una estrategia para recomponer salarios, será difícil reactivar el consumo y evitar una recesión prolongada.
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Mientras tanto, el gobierno sostiene que los sacrificios actuales son necesarios para encauzar la economía, prometiendo beneficios a mediano y largo plazo. Sin embargo, el malestar social y la desconfianza de los sectores productivos parecen ir en aumento, lo que podría complicar la viabilidad del modelo impulsado desde Casa Rosada.


